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RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

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OPINIÓN EDITORIAL

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La ministra de Empleo, Fátima Báñez, se reunirá esta mañana con los líderes de CC OO, Ignacio Fernández Toxo, y de UGT, Cándido Méndez, y con los presidentes de las patronales CEOE, Juan Rosell, y Cepyme, Jesús Terciado. Por la tarde, la ministra recibirá a los autónomos. Estos encuentros no son solo informativos porque el Gobierno, acertadamente, ha anunciado que tramitará el decreto-ley de reforma laboral como proyecto de ley. En otras palabras, el Ejecutivo no considera cerrada la reforma y se abre a la negociación, tanto con las fuerzas parlamentarias en pos del mayor consenso político posible, cuanto con las organizaciones sociales. Esta reforma laboral es muy dura, máxime cuando una lectura detenida del texto ha permitido conocer que, además de introducir gran flexibilidad en lo referente a los despidos, abre la puerta a una rebaja salarial masiva. Y para mitigar la previsible conflictividad que podría generar este conjunto de medidas, sería muy positivo que se ampliara el ámbito del acuerdo social. Los sindicatos, para no abdicar de su función esencial, necesitan sentirse mínimamente útiles y arañar límites razonables a una reforma que no por rígida será más eficaz.

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