La capital iraquí y la provincia de Diyala han sido el escenario de numerosos ataques de mediana potencia, en los que al menos 38 personas han muerto y otras 80 han resultado heridas
Los iraquíes han desafiado las amenazas terroristas y han concurrido a las urnas para elegir un nuevo Parlamento
Se trata de las segundas votaciones en el país asiático tras la caída del régimen de Sadam Husein
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Dos iraquíes muestran sus dedos llenos de tinta tras acudir a las urnas. /Ap
El ex primer ministro iraquí Ibrahim Al-gaafari introduce su voto en la urna durante la jornada de elecciones parlamentarias. /Efe
Un iraquí introduce su voto en la urna durante la jornada de elecciones parlamentarias. /Efe
Iraquíes comprueban los daños provocados por una explosión, en Bagdad (Irak), en una jornada electoral marcada por la violencia. /Efe
Encuestas poco fiables
Las elecciones se celebran después que las instituciones políticas iraquíes consiguieran superar, a medio camino entre la voluntad y el compromiso, dos gravísimos escollos que en cualquier otro contexto hubieran supuesto una parálisis política total: la anulación inicial de más de 500 candidaturas suníes de asociados al partido Baaz del fallecido ex dictador iraquí y la costosa reforma de ley electoral para la Gobernación de Kirkuk.
Nadie desea que se repita la situación de 2005, cuando las fuerzas políticas suníes se cerraron en banda y organizaron un boicot que arrastró al país al borde de la guerra civil. Cinco años después, los suníes no sólo han mostrado su voluntad de participar, sino que han organizado tímidas campañas para llamar al voto ciudadano. Su objetivo es despejar cualquier duda sobre el regreso a un enfrentamiento sectario, pero el repunte de la violencia en febrero -352 muertos- y el aumento del índice de abstención (se espera un 64% de participación, frente al 80% de 2005) podrían hacer peligrar su meta.
Las siempre poco fiables encuestas en Irak conceden ventaja a la coalición Estado de Derecho del primer ministro Nuri al Maliki, que ostenta una ventaja de unos ocho puntos respecto de su principal rival, la alianza secular Al Iraquiya del ex primer ministro Iyad Allawi. En tercer lugar se encuentra la Alianza Nacional Iraquí, que aglutina a los principales partidos chiíes del país: entre ellos el Consejo Islámico Supremo y el bloque parlamentario del clérigo Muqtada al Sadr, una de las figuras más influyentes del país árabe.
En paralelo a las elecciones, también se celebrará el domingo un referéndum sobre el Acuerdo para el Estatus de las Fuerzas, el texto que regula la retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak que se espera concluya a finales de 2011. Es un referéndum concebido para "corregir o reformar" el acuerdo, según indicó el actual vicepresidente segundo de Irak, Tariq Al Hashimi.
En una jornada que ha comenzado con numerosas
explosiones que han dejado al menos 38 muertos, los iraquíes han desafiado las amenazas terroristas y han concurrido a las urnas para elegir un nuevo Parlamento. Para esta elección, clave para la consolidación democrática del país, estaban convocados a las urnas 18,9 millones de votantes. Del Parlamento elegido saldrá la próxima coalición gobernante, y los diputados se encargarán también de designar al nuevo presidente, con menores funciones ejecutivas que el primer ministro.
Desde primera hora de la mañana, en las calles de Bagdad la imagen más frecuente ha sido la de electores dirigiéndose a pie a los centros de votación, ya que durante la mañana ha regido la prohibición al tráfico de vehículos que se ha mantenido hasta el mediodía.
El silencio de la ciudad sólo ha quedado roto por las explosiones que se oían por distintos puntos de la ciudad, en la mayoría de las ocasiones por granadas lanzadas por desconocidos. Según fuentes policiales, las explosiones han dejado 38 muertos y unos ochenta heridos, la mayoría en Bagdad, una cifra de víctimas relativamente baja comparada con la que se ha vivido en otras fechas con menos importancia política que la de hoy.
"Yo he votado y no me importan las explosiones", ha declarado el funcionario público Abu Ali, de 32 años, en un colegio electoral del área de Bagdad próxima al aeropuerto. "Estamos acostumbrados a estas bombas y creo que algunos de estos grupos están apoyados por el gobierno para atemorizar a los suníes", ha afirmado su parte el también funcionario Abu Sayad, de 40 años.
Ola de ataques
Una coalición terrorista con estrechos lazos con Al Qaeda había advertido que impediría esta votación, y su amenaza se ha cumplido prácticamente después de que comenzaran las elecciones, a las 07.00, hora local (04.00 GMT).
El más sangriento de los ataques ha tenido lugar en el distrito de Ur, en el este de la capital, donde dos granadas de mortero que cayeron sobre dos edificios han matado a 25 personas y causado 19 heridos, según fuentes del Ministerio del Interior.
Las otras víctimas se han registrado en otros puntos de la capital, también por granadas de mortero, artefactos explosivos medianos o cohetes "katiusha" lanzados por desconocidos, aunque también ha habido ataques en las provincias de Diyala, Nínive y Anbar. Las granadas han caído incluso en la fortificada "zona verde" de la capital, donde se encuentran varios ministerios y embajadas, pero en ese área no hubo víctimas.
Fuertes medidas de seguridad
En un recorrido por varios centros de votación de esta capital hasta el mediodía se ha notado escasa afluencia de votantes, buena organización, ausencia de propaganda y, sobre todo, fuertes medidas de seguridad. Pero la vigilancia ha sido distinta según el tamaño del centro electoral. En el de Diyla wa Qeida, cerca del puente que cruza el Tigris y conecta el centro de Bagdad con el resto de la ciudad, había que pasar tres registros corporales y varios más de identificación.
Los soldados y policías que estaban a la entrada de ese centro de votación han requisado los paquetes de tabaco, que se apilaban a la entrada y luego eran recogidos por los ciudadanos después de emitir su voto. La vigilancia ha sido tan estricta en ese centro que decomisaban hasta los bolígrafos. "Grábalo en la memoria y luego lo escribes al salir", ha declarado uno de los vigilantes. En cambio, en otro colegio electoral del barrio de Karrada, la vigilancia menor, y los policías sólo registraban el cuerpo de los electores en una ocasión.
La ciudad ha comenzado poco a poco a recuperar el ritmo normal a partir del mediodía, cuando las autoridades permitieron la libre circulación de vehículos. Pero al menos en uno de los controles sólo permitían un mínimo de tres pasajeros, aparentemente para evitar el paso de coches-bomba que suelen ir ocupados por una sola persona.
Las autoridades electorales no han precisado cuándo podrán estar listos los resultados finales. En los últimos comicios, los provinciales de enero de 2009, tardaron casi un mes, y se espera que el plazo para esta ocasión sea parecido.