La guardiana de las Ubiñas: «Echo de menos hablar en la montaña»

Tania Plaza, responsable del refugio del Meicín, es la única mujer en España que gestiona un refugio de montaña

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Tania Plaza, frente al refugio del Meicín. :: Eugenia García

Mil litros de gasoil, dieciséis bombonas de butano, cinco mil cervezas, dos mil Coca-Colas, tres mil Aquarius…En verano, Tania Plaza (Langreo, 1984) aprovisiona el refugio del Meicín para el invierno, cuando las nevadas y temporales dificultan el porteo. Se enamoró de las Ubiñas cuando a los 25 años pasó veinte meses en una cabaña sin luz ni agua, experimentando la forma de vida de los pastores de antaño. En el año 2013 consiguió la cesión del refugio del Meicín y se convirtió, acompañada por sus fieles perros Ur, Dante, Nieve y Hera, en la primera mujer titular de un refugio de montaña.

¿Qué sintió durante los meses que pasó viviendo en una cabaña?

Te das cuenta de que con eso vives de sobra, no necesitas más. Trabajé mucho, eso sí, porque hay que hacerlo para preparar el invierno.

Poco a poco se fue abriendo paso a Las Ubiñas…

Sí, y la gente del pueblo me empezó a conocer. Decían que estaba loca viniendo a vivir a una cabaña, que no iba a aguantar el invierno. Y aguanté: estuve veinte meses.

¿Le fue difícil dejar atrás ciertas comodidades?

No tenía cobertura y para mi fue perfecto. Podía caminar todos los días, que es lo que me gusta. Cada día subía un pico, lo rodeaba, lo que fuera. Eso era disfrutar de la montaña realmente.

Y en el 2013 este refugio, cuya cesión tenía la Federación durante cincuenta años, volvió a ser del concejo de Lena.

Buscaban quien pudiera hacerse cargo de él así que presenté un proyecto. Además tuve la suerte de que la gente de Tuiza, que ya me conocía, dijo que si no lo llevaba yo, aquí no aguantaba nadie.

¿Qué requisitos debe cumplir un guarda de refugio?

Conocer bien la montaña, pero también saber de hostelería porque no dejas de estar trabajando en eso aunque sea en otro entorno. Yo llevaba haciéndolo desde los 19 años…y al final sirvió para algo.

¿Cómo es el día a día en el refugio del Meicín?

De mayo a octubre estamos aquí continuamente, así que lo que haces en verano es preparar el invierno. En verano bajamos todas las mañanas a portear cuando no da mucho el sol, vamos con el burro y algunos mulos que nos dejan los vaqueros de aquí. Bajamos, cargamos las mochilas -los perros también tienen sus alforjas, en las que cargan un tercio de su peso- y subimos. En invierno subo los viernes y traigo desde Tuiza todos los productos frescos: verduras, carne…

¿Qué tipo de gente pasa por aquí?

La temporada alta es el invierno. Vienen muchos gallegos, portugueses…y cursos de la Federación. Este año fue muy malo, pero ahora en verano toca llenar el refugio.

Tania, rodeada de sus perros Ur, Dante, Nieve y Hera. :: Eugenia García

¿Cuál es su zona favorita?

Para mi lo más guapo son los Puertos de Gueria. Eso es un jardín precioso, todo bosques de acebo, con el ‘riachuelín’ por el medio, cabañinas…Es muy idílico. La zona de los Fontanes, más alpina, también es diferente. Lo bueno de las Ubiñas es que puedes complicarte lo que quieras: tienes zonas de escalada pero también para pasear viendo restos de la guerra, y es que hay muchísimas casamatas, bastantes balas y el verano pasado encontramos una bomba ya explotada. Ubiña un día era republicano y al otro franquista.

¿Echa de menos algo de su vida anterior?

Cuando estás aquí con ventisca y no tienes a nadie a veces se hace un poco pesado. Ir con los amigos a tomar una sidra, a un concierto un sábado…Algo tan normal es excepcional para mí.

¿Cómo le gustaría que se comportasen los clientes del refugio?

Hay varias cosas que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, aquí no llega el camión, así que la basura hay que bajarla en la mochila. Parece que la gente se va concienciando en este sentido. También hay que tener en cuenta que esto no es un hotel: doy todas las facilidades que puedo, pero todo es más complicado. Hay algunos que utilizan el baño y no dan ni los buenos días, cuando en una cafetería en Oviedo ni se les ocurriría entrar al servicio sin pedir un café.

¿Falta educación en el monte?

Echo de menos hablar en la montaña. De toda la vida, en el monte cuando te cruzas con la gente saludas, pero ahora hay veces que das los buenos días y se te quedan mirando. Cruzando cuatro palabras con alguien ya sabes si esa gente es de montaña o no.

Ur saluda a su dueña, Tania Plaza. :: Eugenia García

¿Valoran que esté ahí arriba?

Algunos no. No se dan cuenta de que si pasa algo soy yo el primer rescate que tienen, el primer contacto para los servicios de emergencia. Cada vez que hay un rescate por Ubiña el 112 contacta conmigo. Si es aquí cerca a lo mejor tenemos que acercarnos, llevar una manta térmica…A veces pasan dos o tres horas hasta que el helicóptero puede llegar.

¿Atienden muchos rescates?

Ubiña es una zona muy accesible y con bastantes rescates, como estás a una hora del coche hay gente que viene en verano y sube sin mochila, sin agua, sin abrigo…sin ser consciente de que si te tuerces un tobillo allí arriba y se hace de noche puede ser peligroso. Siempre tenemos que atender alguna hipotermia. Y por desgracia, en esta zona se mata bastante gente, a veces por tonterías. Hace falta ser prudente, tener la cabeza sobre los hombros y ver las condiciones en que está una zona antes de aventurarse.

Tiene la concesión hasta el año 2023…¿Cree que después seguirá siendo la guardiana de las Ubiñas?

Si me dejan y el cuerpo, pero sobre todo la cabeza, me aguantan, sí. Lo peor de aquí es la cabeza, sobre todo cuando no tienes gente.

¿Y lo mejor?

La montaña, su esencia. El silencio, cuando vas sola a caminar tienes que tener mucho más sentido, mucho más cuidado con todo. Aunque sea a dar un paseo siempre hay que llevar una mochila con algo de abrigo, comida y agua. La gente que sube hasta aquí siempre es gente a la que le gusta la naturaleza, que tiene aventuras. Es un trabajo muy guapo.

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