Reyes a la carrera

Ramalho y Merchán realizan el porteo en La Boticaria mientras Bouzán y Fiuza palean en el río. / EFE / DAMIÁN ARIENZA

Bouzán y Fiuza logran su octava victoria consecutiva en el Sella tras romper la igualdad en el porteo de la isla de La Boticaria

VÍCTOR M. ROBLEDO

Atrescientos metros del puente de Ribadesella, abarrotado desde dos horas antes de la llegada de los palistas, la isla de La Boticaria centraba todas las apuestas entre el público. Los palistas no fueron los únicos que acogieron con dudas la decisión adoptada el pasado jueves por el Comité de Competición del Descenso Internacional del Sella de permitir el porteo en esa zona ante la escasez de agua. Muchos aficionados se preguntaban si utilizarían ese recurso todos los favoritos a la victoria y, sobre todo, qué estrategia seguirían al llegar al islote. Poco después de la una de la tarde, tras algo más de una hora dando paladas por el río, asomaron a lo lejos las cuatro parejas que se disputaron la victoria: Julio Martínez y Julián Becerro, Walter Bouzán y Álvaro Fernández Fiuza, Leonel Ramalho y Emilio Merchán y los primos Emilio y Milín Llamedo. Sería su pericia en tierra firme y no sobre el agua la que decidiría en poco más de treinta segundos el título.

Walter Bouzán y Álvaro Fernández Fiuza, en lo más alto del podio, flanqueados por Ramalhoy y Merchán, a la izquierda, y Julio Martínez y Becerro, a la derecha. / NEL ACEBAL

La 81 edición del Descenso Internacional del Sella había transcurrido hasta entonces con una emoción ya olvidada, tras varios años de dominio absoluto de Bouzán y Fiuza. Desde el mismo instante en que las más de ochocientas embarcaciones tomaron la salida junto al puente de Arriondas dio la sensación de que el riosellano y el pontevedrés tendrían que exprimirse más al límite que nunca para sumar su octavo entorchado consecutivo.

La culpa, en esta ocasión, la tuvo en buena parte otra leyenda del Sella: Julio Martínez. El K2 formado por Julián Becerro y por el cántabro, once veces ganador entre 1998 y 2009, marcó el ritmo de forma inflexible en cabeza de carrera durante más de la mitad de la prueba sin que ninguno de sus acompañantes en el grupo escapado se atreviera a asomarse delante. Tras su estela se situaron Bouzán y Fiuza, que prefirieron mantenerse en un discreto segundo plano, además de las embarcación de Ramalho-Merchán y la de los primos Llamedo. Al paso por el puente de Torañu, la ventaja sobre los perseguidores superaba holgadamente el minuto. Ya no había duda de que los ganadores saldrían de ese grupo.

Quienes vivieron el Descenso del Sella desde el Tren Fluvial presenciaron a partir de la mitad de la prueba un intercambio de golpes entre los favoritos que no tuvo más consecuencia que mantener en todo lo alto la emoción y minar levemente la moral de los rivales. En La Requexada hubo un cambio de líder: Ramalho y Merchán asaltaron la primera posición ante el repentino bajón de Martínez y Becerro, que acusaban por momentos todo el esfuerzo realizado hasta entonces. Luego, en Cuevas, Bouzán y Fiuza se colocaron delante por primera vez en la jornada, con un importante cambio de ritmo. Nada, sin embargo, sirvió para romper la unidad del grupo. La diferencia entre la primera embarcación y la cuarta era de unas décimas de segundo.

La proximidad con la meta hizo después que las cuatro parejas que encabezaban la prueba bajaran su ritmo en previsión de un posible sprint, una situación que permitió que Amado y Llorens se sumaran al grupo desde atrás poco antes de llegar a Fito Norniella. No obstante, cuando parecía que la victoria final era cosa de cinco, un arreón de Julio Martínez y José Julián Becerro sirvió para descartar a los recién llegados. El esfuerzo por dar caza a la cabeza de carrera les pasó facturas antes incluso de que pudieran saborear su remontada.

A esas alturas de la prueba, los palistas ya sentían a lo lejos el aliento del público que aguardaba su llegada en el puente de Ribadesella. Faltaba poco más de un kilómetro la meta, pero todo estaba aún en el aire. El porteo en la isla de La Boticaria resultaría tan decisivo como los favoritos presagiaban en la víspera.

La isla decide el ganador

La Boticaria es un islote situado a trescientos metros del puente de Ribadesella. Cuando la marea está baja y el río desciende con poca agua, como en estos días pasados, el islote asoma y dificulta el paleo a los piragüistas. En la memoria de los amantes de la prueba reina del piragüismo sigue viva la imagen del porteo que realizaron en esa zona en 2004 Julio Martínez y Emilio Marchán para batir a Manolo Busto y a Oier Aizpurúa.

Ayer, mientras las cuatro embarcaciones de cabeza enfilaban los últimos metros previos al islote, el puente entró en ebullición al comprobar la estrategia que tomaba cada una de ellas. Los Llamedo fueron los primeros en echar pie a tierra. Lo hicieron para entrar lo antes posible en el cauce derecho del río, con más agua. Poco después se bajaron de sus piraguas las parejas Ramalho-Merchán y Martínez-Becerro para seguir el mismo camino. Bouzán y Fiuza apuraron remando hasta el límite por el cauce izquierdo. Cuando por fin se bajaron estuvieron a punto de cruzarse en tierra con Ramalho y Merchán, pero un inoportuno resbalón del portugués permitió al asturiano y al gallego regresar al río con una ligerísima ventaja sobre sus rivales. Esas décimas de segundo resultaron suficientes para que Bouzán y Fuiza subieran a la piragua antes que nadie, aceleraran en los trescientos metros finales y se impusieran en la meta a Leonel Ramalho y Emilio Merchán, que terminaron segundos, y a Julio Martínez y Julián Becerro, finalmente terceros. Tras quince kilómetros paleando sobre el agua, fueron unos pocos metros de tierra los que decidieron la octava victoria consecutiva de los actuales reyes del Sella.

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