«Las Fuerzas Aéreas me han acogido como a la esposa de cualquier oficial»

Julius y Raúl, durante las pruebas del banquete de boda. / MANUEL CERNUDA
  • Azafato de vuelo, vive 15 días al mes en Londres y otros 15 en Texas, donde está destinado su futuro marido, al que conoció en el aeropuerto de Heathrow

  • Raúl Premió se casa en Oviedo con un sargento de Estados Unidos

Esta es la historia de «un flechazo» que Cupido lanzó hace dos años a conciencia y que culminará próximamente con una boda por todo lo alto en el Ayuntamiento de Oviedo, ciudad en la que nació hace 34 años Raúl Premió Pérez, azafato de vuelo emigrado a Londres «con el inglés del instituto» coincidiendo con el cambio de milenio. El novio, sin querer desvelar del todo el secreto que debe rodear al traje que lucirá esa tarde tan especial, revela para EL COMERCIO que el color elegido es el gris.

Pero es que la indumentaria de su futuro marido, Julius Levy, sargento de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, nacido en Hawai, será «una pasada, como sacada de una película», porque irá vestido con el traje de gala de la 'United States Air Force'.

La versión asturiana de 'Oficial y caballero' empezó también un 28 de junio -Día del Orgullo Gay y aniversario de Raúl y Julius- de hace dos años en el aeropuerto de Heathrow, donde los dos tenían que coger un vuelo rumbo a España. Concretamente, en la puerta de embarque. «Me dije: '¡Qué chico más guapo!'. Empezamos a mirarnos y a sonreírnos y, cuando subimos al avión, nos había tocado sentarnos juntos», recuerda.

El amor hizo el resto. «A los tres días, estábamos cogidos de la mano, paseando por Madrid. Y eso que no soy muy romántico», se ríe hoy con ganas Raúl, que, desde entonces, vive 15 días al mes en Londres -«que está lleno de Asturianos»-, donde tiene base la principal compañía aérea británica, para la que trabaja y otros 15 en San Antonio (Texas), la séptima ciudad más grande de Estados Unidos, donde Julius está destinado en una base militar.

«La gente me dice que estoy loco por cruzar el Atlántico cada quince días, pero pienso que, si de verdad quieres algo, haces cualquier cosa», cuenta este ovetense que ya lo demostró cuando cambió Oviedo por Londres, al que ya empiezan a olvidársele algunas palabras en español y que no le tiene miedo a apostarlo todo por su pareja. «Y, de hecho, ya me he mudado varias veces por amor», bromea.

Raúl está exultante mientras ultima los últimos detalles del enlace, que oficiará el concejal Feliz Fernández, y la vida en pareja en San Antonio ayuda: «Yo aluciné, porque es una ciudad donde la gente es muy parecida a como podemos ser los españoles, donde las personas se saludan por la calle y hay familias paseando en todas partes».

Ni rastro de homofobia tampoco en las Fuerzas Aéreas: «El Ejército de Estados Unidos me ha acogido como a la esposa de un cualquier oficial. De hecho, allí tienen grupos para las mujeres de los militares. Y, cuando llegué yo, el llamado 'grupo de esposas' pasó a llamarse 'grupo de parejas sentimentales', en el que soy el único chico».

Así que, entre sus planes inmediatos, sólo está la boda, «con cóctel y cena posterior» en un conocido hotel ovetense, junto a la familia de Julius, además de sus padres y sus cuatro hermanos (tres chicos y una chica), tíos, primos, abuelos, amigos... a los que sólo ve «tres o cuatro veces al año», pero «no hay problema, porque hoy en día, con el WhatsApp y el Facebook», están permanentemente conectados.

«Enamorado de Asturias»

«Incluso mi madre, que a veces no sabe si estoy en Londres, en Texas o volando hacia Oriente Medio, se ha convertido en toda una experta». Y, por su puesto, hay luna de miel, en la que aprovecharán para disfrutar de Asturias, de la que «Julius está enamorado»: «Le encanta todo, le encanta la sidra, le encanta el cachopo. Siempre me está diciendo que le prepare uno, pero la verdad es que no son mi especialidad». E incluye planes como bajar el Sella con un grupo de amigos invitados al enlace.

Lo de tener hijos lo dejan para dentro de un tiempo, aunque Raúl reconoce que les gustaría ser padres. «Pero poco a poco», vuelve a reírse.

De momento, lo que tocan son dos años más entre Londres y la base de San Antonio. Y, después, «rezar para que a Julius le toque un destino europeo, aunque también podría ser Hawai o Japón».

Lo tiene muy claro: «Lo mío es un trabajo, pero lo suyo es una carrera y le ha costado mucho llegar hasta donde está. Cuando nos conocimos, estaba destinado en Corea, así que yo pedí reducción de jornada y estoy deseando volver a estudiar y meterme aún más en el club de esposas».