El Comercio
Ángela Moncada Pazos posa junto a la Radcliffe Camera en Oxford.
Ángela Moncada Pazos posa junto a la Radcliffe Camera en Oxford.

«Aquí a nadie le va bien por trabajar 15 horas al día»

  • Bióloga gijonesa, investiga un gen que podría tener relación con el cáncer y la obesidad y ha sido elegida 'junior fellow' del Lincoln College

  • Asturianos en la diáspora Ángela Moncada, investigadora en la Universidad de Oxford

Ángela Moncada (Gijón, 1983) tiene un currículo que apabulla. Puede que fuera una charlatana en clase, pero eso no le impidió ser una estudiante brillante, en el colegio Cabrales primero, el instituto Jovellanos después y en la Universidad de Oviedo a continuación. Resumiendo muchísimo: mejor nota de selectividad de Asturias, premio fin de carrera de Oviedo y segundo nacional, eso sin obviar la olimpiada química internacional que con 18 añitos la llevó a la India. Se matriculó en Biología. Salvo un año que se desplazó a Salamanca, el grueso de la carrera lo hizo en Oviedo. Y aquí también, tras un verano en Madrid con una beca en el CSIC, decidió hacer su tesis doctoral con el equipo de Carlos López-Otín. Fue sin demasiado ánimo a una reunión con el célebre bioquímico convencida de que ese no era su destino, pero la tortilla se dio la vuelta de forma milagrosa: «Salí teniendo más ganas de hacer investigación de las que había tenido nunca, me transmitió entrega», rememora.

A finales de 2011 leyó su tesis y decidió hacer el postdoc que la llevó a Gran Bretaña, primero a Cambridge y luego a Oxford, donde trabaja en la actualidad junto a Matthew Freeman, al que siguió en ambas universidades. Su destino actual está en Sir William Dunn School of Pathology. «Trabajo intentando averiguar qué hace un gen del que no se sabía nada. Es un gen importante que podría tener repercusión en enfermedades como la obesidad o el cáncer. Intento averiguar cómo», detalla. Su día a día sucede rodeada de un equipo de nueve personas llegadas de China, Alemania, Mauricio, India, Inglaterra, Japón y Rumanía. O sea, una experiencia fantástica para esta joven investigadora que en octubre fue escogida como 'junior fellow' del Lincoln College. «Colaboro sirviendo de ayuda a estudiantes de tesis aquí en el departamento y el curso que viene empezaré a dar alguna clase, seguramente», relata. Es un mundo complejo marcado por la tradición el que habita en Oxford.

Las diferencias con España son grandes en muchos aspectos. La valoración profesional es otra en Gran Bretaña. «Aquí no les va bien porque trabajen 15 horas al día: entran a su hora, cumplen con su trabajo, salen a su hora y se les trata bien. El trabajo y la relación empleador-empleado está mejor dimensionada y es más sensata», subraya.

Más le duele la situación de la ciencia en España. Ella es uno de esos cerebros fugados: «Se invierten muchos recursos y mucho tiempo en nosotros y, de repente, ya no tenemos hueco en el mercado laboral. Me da mucha pena, algo de rabia, pero sobre todo pena». Y aún dice más: «La investigación requiere de inversiones grandes y el beneficio es a largo plazo, por eso hace falta continuidad, de lo contrario es una inversión estéril».

Ella ha salido fuera de España porque allí están las oportunidades, pero su objetivo a medio o largo plazo es regresar. «La investigación es un campo muy duro. Esta es una etapa para saber si puedo llegar a la siguiente, la de dirigir mi propio equipo», avanza. No tiene miedo a la respuesta a ese interrogante. Si es que no, buscará alternativas. De momento, disfruta del momento. Porque no se siente extranjera en un lugar tan internacional como Oxford, porque Daniel, su pareja, se ha mudado hace poco allí, y porque «estar fuera te hace ser más tolerante, entender mejor, tener ganas de conocer, romper barreras culturales y, también, apreciar más lo que tienes en tu casa».

En esas anda, con el Facebook, el Whatsapp y el Skype como aliados antinostalgias y tratando de acostumbrase a que no le sirvan pincho con las cañas: «Eso lo llevo fatal», confiesa. El pescado y el marisco, las comidas en casa de la abuela, el vermú de mediodía... Eso le falta a Oxford, esa es la España distante que se añora. Hay otra que duele: «Da mucha pena la situación de España en general», resume. «Es descorazonador» no solo porque personas con dos carreras y dos máster no encuentren empleo o se les ofrezca una beca de prácticas por 600 euros al mes, sino porque se ha perdido la esperanza: «La gente ya ni cree ser capaz de cambiarlo y se conforma».