El Comercio

«Las empresas hacen turnos para que los trabajadores vean el fútbol»

Lucas y Ana, vestidos con sus colores y con su 'Naranjito' tras ellos.
Lucas y Ana, vestidos con sus colores y con su 'Naranjito' tras ellos.
  • Asturianos en la diáspora

  • «Cuando juega la selección, el país se paraliza», cuenta este ingeniero técnico de Minas que echa de menos ver crecer a sus sobrinos

  • Lucas Suárez Carriedo vive en Brasil junto a su pareja hace un año

Lucas Suárez Carriedo cumple todos los requisitos para ser considerado un brasileño de pro, pero la realidad es que nació en «Soto Rei», concejo de Ribera de Arriba, hace 34 años. Y todavía más de pura cepa después de que él y su pareja se hayan comprado un 'fusca', un viejo 'escarabajo' de 1975 que ellos han bautizado como 'Naranjito'. Un automóvil casi mítico que los trae y los lleva «a todas partes. Aunque a su ritmo, claro», se ríe.

Ya se lo dice siempre su chica, Ana, que tiene la doble nacionalidad brasileña y estadounidense: «Ya eres más brasileño que los brasileños. Bebes cachaça a pelo, tomas café puro sin azúcar y tienes un 'fusca'. ¿A qué esperan para darte el visado?».

La pregunta de Ana responde a que, tras conocerla en España, enamorarse y decidir emigrar al país del fútbol en mayo de 2013 -los dos empujados por la crisis-, aún no le han concedido el dichoso papel, ese visado de permanencia que obtendrá por ser pareja de hecho de una brasileña y «sin el que no se puede trabajar legalmente» allí. Porque otra de las características de Brasil es que «es un país donde la burocracia es muy amplia y muy lenta».

Así que ahí va el primer consejo de Lucas a quienes se lo estén pensando: «Tener este punto muy en cuenta». Y el segundo: «Antes de salir de España rumbo a cualquier país, informaos bien de todo lo que necesitáis en cuanto a documentación, porque la legalización de los papeles tarda un tiempo».

Pero, mientras el papel llega y no llega, ellos se han asentado, felices, en Cachoeira Paulista, una pequeña ciudad a mitad de camino entre São Paulo y Rio de Janeiro, donde su chica, formada en Ciencias Políticas y pedagogía de idiomas, ha conseguido trabajo en una multinacional.

Él, de momento, ha hecho una investigación de lo que puede encontrarse en el mercado laboral con su formación como ingeniero técnico de Minas en la Escuela Politécnica de Mieres, la adaptación al Grado en Ingeniería de los Recursos Mineros y Energéticos («Bolonia, a ver qué inventan después») y, para rematar, un máster. Y lo que ha descubierto le gusta: «Las posibilidades de trabajo son reales. Después de mover un poco mi currículum, varias empresas se pusieron en contacto conmigo interesadas, así que la esperanza no se pierde. Trabajo hay y las condiciones que ofrecen son buenas».

Eso sí, que nadie se engañe, advierte: «Brasil no es un país fácil y no es lo mismo venir aquí contratado desde España o con una empresa española que venir aquí con tu pareja y querer establecerte partiendo de cero», como en su caso, por lo que agradece especialmente el apoyo de sus dos familias: la de allí y la de aquí.

Mientras llega esa oportunidad, Lucas está ocupado estudiando inglés («es una suerte tener a la profesora gratis en casa») y perfeccionando su portugués, además de intentando convalidar su título universitario («tercer aviso a navegantes que quieran probar suerte fuera de España: nunca está de más mirar si puedes revalidar tu diploma en el país de destino») y disfrutando todo lo que el país le ofrece en pleno Mundial.

«Brasil se paraliza cuando juega su selección. Las empresas incluso hacen turnos especiales para que el trabajador pueda ver el partido y, cuando salta al campo la 'canarinha', aquello es una fiesta», cuenta este asturiano que, «con España fuera» del campeonato, se ha unido a la verdiamarilla. «No me queda otra. Si no, la jefa me hace dormir en el sofá», bromea.

«Tengo la oportunidad de vivir en un país lleno de posibilidades, con Mundial y Olimpiadas incluidas, con una naturaleza que disfrutamos mucho, porque vivimos a cuarenta minutos del parque nacional de Itatiaia, playas, montañas, una gastronomía estupenda, lugares donde no hay 'guiris' y con una gente que me ha acogido con los brazos abiertos, pero estar aquí también tiene su lado negativo». Y esta es la última revelación de Lucas Suárez Carriedo a potenciales emigrantes.

«Si bien me fui de España con la tranquilidad de haber dejado a mi padre (Manuel Benigno) jubilado, mi madre (Claudina) es ama de casa y, con tres nietos, no sabe lo que es ni un descanso, ni vacaciones, ni jubilación. Y luego están mis hermanos (Miguel y Ángel) y mis cuñadas (Maritza y Mayte), trabajando y todos con salud, pero una de las cosas que me estoy perdiendo es ver crecer a mis sobrinos (Yago, Abel y Hugo). Gracias a las nuevas tecnologías, resulta fácil tener contacto, pero no es lo mismo».