El Comercio
Nuria Alonso, en la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada.
Nuria Alonso, en la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada.

«Es una tragedia que nuestros políticos no valoren el talento»

  • «Soy un alma viajera y espero seguir descubriendo nuevos horizontes»

Necesitaríamos esta página entera solo para dar cuenta del currículum de Nuria Alonso García, pero, a modo de resumen, diremos que es profesora de Lingüística Aplicada y estudios globales en Providence College, una universidad de Nueva Inglaterra (EE UU), y que, el pasado verano, ante la perspectiva de que le concediesen un año sabático, decidió solicitar una beca Fulbright. Y así fue como empezó una aventura que acaba de llevar a esta mierense de 43 años a San Petersburgo de la mano del programa que acaba de ser reconocido por los Premios Príncipe tras un proceso que no fue precisamente sencillo.

El primer paso fue que el comité científico Fulbright de Estados Unidos llevase a cabo una selección previa y recomendase su candidatura al comité Fulbright del país seleccionado. En su caso, Rusia, cuyas autoridades la eligieron en una segunda etapa teniendo en cuenta tanto las necesidades del país como su perfil docente e investigador, y el resultado final es que acaba de desembarcar en «una ciudad joven, con una energía magnífica», en la que «la vida fluye con una cadencia delicada, sin aglomeraciones ni estrés aparente».

Las impresiones iniciales no pueden ser mejores: «Además de que es una auténtica joya arquitectónica, la herencia histórica, la gloria de los zares, un romanticismo profundo, son palpables en los rincones de sus plazas, en la ribera del Neva, en el adoquinado decadente de sus canales». Así que está decidida a «conocer la ciudad a fondo, lo evidente y lo sutil», y a «llegar a entender la idiosincrasia de su sociedad, conectar con la gente. Por eso estoy deseosa de ampliar mi conocimiento de la lengua rusa: para poder asomarme a su cultura y establecer lazos a nivel personal», cuenta.

En su trabajo, lo que se ha encontrado es que «la motivación de los estudiantes universitarios rusos es admirable». «Su nivel de competencia lingüística en inglés es sofisticado, se muestran dispuestos a examinar una variedad de perspectivas y demuestran una avidez sincera por aprender. No me cabe duda que mi experiencia académica aquí será increíblemente enriquecedora». Y tampoco tiene dudas en lo personal: «Soy un alma viajera y espero poder seguir descubriendo nuevos horizontes».

Y, en el camino, no siente que haya renunciado a nada -«porque he seguido el cauce de mis sueños»-, pero sí que ha sacrificado estar cerca de su familia. «No obstante, siento que tengo muchos hogares. Soy de la opinión que los hogares los hace la gente y espero hacerme uno en San Petersburgo con las relaciones que vaya forjando».

A sus padres, les debe, dice, casi todo lo que es: «No sería quien soy hoy sin su apoyo y su confianza. A ellos les debo la facultad de creer que no hay imposibles, que los obstáculos se superan con dedicación y los triunfos se celebran con humildad. Sé que están orgullosos. Sigo siendo la misma nena suya de siempre, curiosa e inquieta».

Sabe que en su casa de Mieres, hay alguien que, de verdad, valora lo que hace, al igual que, en términos generales, «al intelectual e investigador español se le respeta y reconoce en todo el mundo». «La tragedia es que nuestras estructuras socioeconómicas y políticas no valoren el talento». Y, con todo y con eso, Nuria Alonso García quiere que se escriba sobre el optimismo: «Confío en que las mentes y los corazones jóvenes no se den por vencidos y sigan aspirando a lo más alto».