El Comercio

«Un año de trabajo en China equivale a tres en España»

José Antonio Martínez Montoto, en los exteriores de la oficina donde trabaja.
José Antonio Martínez Montoto, en los exteriores de la oficina donde trabaja.
  • Asturianos en la diáspora

  • José Antonio Martínez Montoto, ovetense de 27 años, viajó con una beca del Idepa y ahora trabaja para una empresa tecnológica en el Silicon Valley asiático

De puerta a puerta, 30 horas, en el mejor de los casos. Ese el tiempo que le lleva a José Antonio Martínez Montoto (Oviedo, 1987) trasladarse de la casa de Shenzhen que comparte con un americano, un sueco de ascendencia iraní y un australiano a su domicilio en Oviedo. Estudió en el colegio Auseva, se formó en la Universidad de Oviedo en administración de empresas, hizo prácticas en Edp Energía y un buen día decidió que había que hacer el petate. Optó a una de las becas del Idepa de comercio exterior y en 2012 se fue a Hangzhou, una ciudad en la provincia china de Zhejiang, en cuya universidad estudió un año.

No fue fácil el reto de aprender mandarín, pero dos años después tiene ya el nivel cuatro del HSK -algo así como un Cambridge de chino cuyo máximo nivel es seis- y un trabajo en el Silicon Valley del gigante asiático. Puede que Shenzhen no suene así a bote pronto, pero de allí llega buena parte de la tecnología punta fabricada en China que se vende en todo el planeta. Trabaja precisamente para una empresa del ramo en una ciudad que hace treinta años apenas era un pequeño pueblo de pescadores y ahora suma unos diez millones de habitantes. Está muy cerca de Hong Kong (si no hubiera que pasar el control de pasaportes serían exactamente cuarenta minutos de viaje) y los niveles de contaminación no son tan altos como en otras poblaciones chinas. «Esa fue una de las razones que me convenció para venir aquí, la polución es un problema muy grave en China».

El caso es que en ese Silicon Valley se mueve a diario, se pega con los proveedores y aprende a negociar con los locales, lo que no siempre es fácil. «En el mundo de los negocios son muy duros». Pecan de desconfiados y no les gusta salirse de la cuadrícula. Cuesta trabajar con ellos en ocasiones, pero eso no implica que la experiencia no esté siendo positiva en grado máximo. En el plano personal y en el profesional: «Un año de trabajo aquí equivale a tres en tu país».

Pero es que además de conocer de cerca otra cultura ha aprendido también para mirar con distancia el lugar de origen: «En España no sabemos valorarnos», asegura,y alude después a que desde el exterior, pese a crisis que nos azota, siempre ha advertido en otros una imagen positiva. El español, además, es un idioma en alza en China, un destino con futuro para quienes buscan emigrar, sobre todo en el caso de los arquitectos, pero en absoluto fácil. Hay que currárselo.

Hay más razones para estar satisfecho, como el sinfín de posibilidades de viaje que abre el gigante asiático. Desde allí José Antonio puede explorar otros muchos territorios. La distancia al Sudeste asiático y a otros muchos países se acorta. Claro que en el lado opuesto está la distancia física y emocional con Oviedo, que se palia en parte gracias al skype en particular y la tecnología en general. No le falta contacto con los suyos pese los 10.000 kilómetros que le separan. Más complicado es vencer distancias gastronómicas. La comida china está muy bien, pero en los viajes a España vuela siempre ligerito de equipaje. Y a la vuelta: chorizo, jamón, queso, fabes, moscovitas... Hasta les ha cocinado una buena fabada al sueco, el estadounidense y el australiano. Quedaron encantados.