«Aquí aún saben defender sus derechos»

Jorge García con Morgane Blot, compañera de español en Francia.
Jorge García con Morgane Blot, compañera de español en Francia. / E. C.
  • Se sacó una oposición y ahora da clases a niños que dicen que «América fue descubierta por los vikingos o que en España se come jabón ibérico»

  • Asturianos en la diáspora El historiador gijonés Jorge García enseña español en Francia

El gijonés Jorge García García, de la cosecha del 90, es uno de tantos cerebros fugados -en su caso a Francia- para encontrar fuera lo que aquí no pudo. Estudió en el colegio Evaristo Valle, luego en el instituto Rosario de Acuña y su relación con Asturias terminó cuando, en 2013, nutrió la última orla de la licenciatura de Historia de la Universidad de Oviedo. «Cuando me planteé el futuro quise hacer un máster en Ciencias de la Antigüedad porque es muy difícil dedicarse a la Historia sin algo más que la carrera. Era muy caro pese a ser público, y en Madrid, no me lo podía permitir», dice. Optó por hacer las maletas e ir a Rennes, en Francia, donde había estado de Erasmus un año antes y «tenía la oportunidad de tener un trabajo para toda la vida conforme a los estudios superiores que había hecho», cuenta.

Ahí sigue dos años después. Con un máster de especialización en enseñanza, educación y formación, una oposición de profesor de español y comenzado su segundo curso escolar. No ha sido fácil. «El máster solo costaba 400 euros, que pagué con el dinero ahorrado de la beca española de la universidad. No era suficiente así que por las noches trabajé haciendo inventarios para Carrefour, Leclerc y dando clases particulares de español en un centro cultural», enumera. Porque en Francia, el sistema de oposiciones es diferente. «Primero hay un examen escrito y, si apruebas, pasas al oral de junio. Hay una prueba de lingüística y traducción en francés y español, una composición basada en el análisis de varios documentos y un programa que aprenderse; y en la segunda parte, hay que saber sobre cine, teatro y todos los programas oficiales de educación. Te pueden preguntar sobre cualquier tema de cultura hispano-americana», explica. El volumen anual de aprobados es de un 15%. El curso pasado, el de su segundo año de máster, fue el de toma de contacto porque tocaban las prácticas. Trabajaba 9 horas a la semana, remuneradas eso sí, y recibía clase en la universidad y en la escuela de formación del profesorado.

Jorge García no se ha ido lejos, pero sí lo suficiente para notar las diferencias con España. «En este país hay un 10% de paro pero no es tan difícil encontrar trabajo. En Francia hay muchas ayudas porque se pagan más impuestos, sobre todo las clases medias, que revierten en la sociedad, no como en España... Hay una ayuda que te paga una parte del alquiler del piso, complementos salariales...», enumera, y ya cree saber cuál es el mayor contraste entre su país de origen y el de acogida: «Los franceses aún saben defender sus derechos laborales». Eso sí, cruzar los Pirineos tampoco le ha puesto un velo delante con el que verlo todo de color de rosa y por eso no duda en señalar la burocracia como una especie de epidemia francesa.

Hace unos días este historiador comenzó a dar clase a niños de 12 a 14 años en el colegio Paul Machy, en Dunkerque -a un paso de Flandes, en el Norte-, una ciudad «parecida a Gijón por su pasado industrial, aunque más fea». Ahí, el español es un segunda lengua opcional, como aquí el propio francés o el alemán. Los chicos le llaman 'monsieur' en las aulas y, a la vista de las correcciones, los niños franceses tampoco están libres de cometer 'gambazos'. «En este lado de la barrera, he leído jabón ibérico, la Mancha de Castilla y que América fue descubierta por los vikingos, entre otras muchas», recuerda con humor.

Vale, Jorge García tuvo que dejar la historia «mi pasión» por la enseñanza pero ve el lado positivo: «Soy 'profe' y la cultura que se transmite a los alumnos no deja de ser una especie de clase de Historia. No puedo más que dar las gracias a mis padres y abuelos por la educación que me dieron».