El Comercio
Noelia Linares Fernández, en Nueva York.
Noelia Linares Fernández, en Nueva York. / E. C.

«Procuro no caer en el pesimismo»

  • «Cada cierto tiempo, siento la necesidad irremediable de volver», confiesa esta gijonesa que cree que «la crisis es sinónimo de ingenio»

  • Asturianos en la diáspora Noelia Linares vive en Nueva York volcada en la Arquitectura

Noelia Linares (gijonesa del 82) no quiere «caer en el tópico», pero en Estados Unidos ha encontrado «el país de las oportunidades», el lugar en el que quiere crecer como profesional por más que la nostalgia de Asturias se apodere de ella de cuando en cuando: «Cada cierto tiempo, siento la necesidad irremediable de volver. Sobre todo, hecho de menos a mi gente. Y lo que siento con la comida ya es resignación».

Lo tenía claro desde que, con 18 años recién cumplidos, decidió estudiar Arquitectura y se fue a Barcelona. Y, de ahí, un año a Lisboa. Y luego, entre Barcelona y Pamplona. Hasta ahora, cuando por fin ha saltado el charco y ha recalado en Nueva York, donde lleva un año y medio. Fue después de asistir a una conferencia de Arquitectura en la Universidad de Columbia en la que un profesor se interesó por su trayectoria internacional. «No dudé en aprovechar la oportunidad de quedarme a vivir en la ciudad», recuerda tras comprobar que «los jóvenes profesionales españoles están muy bien considerados en EE UU»: «Nuestra formación técnica se valora mucho, lo que me hace sentirme orgullosa».

«Siempre me ha llamado mucho la atención conocer otros ligares y culturas y, desde el principio de mis años de universidad, tuve claro que quería estudiar al menos un año en el extranjero, pero la idea me seguía rondando la cabeza cuando terminé la carrera», cuenta hoy desde el estudio en el que trabaja en Dumbo (Brooklyn). Principalmente, en proyectos residenciales y comerciales.

«En estos momentos, llevo a cabo el desarrollo ejecutivo para el proyecto de una vivienda de 700 metros cuadrados en East Marion (Long Island), un lugar espectacular, con una parcela de alrededor de 80.000 metros cuadrados junto al acantilado de una de las playas de la zona», explica una de las jóvenes de la diáspora, para la que «el proyecto es sin duda todo un reto». El de la casa en particular y el de su emigración en general. Y «no sólo por la complejidad de diseño que implica, sino también por la minuciosa definición de los detalles constructivos».

El desafío es enorme. Casi tanto como la Gran Manzana y como sus ganas. «Nueva York es una ciudad muy dinámica y muy exigente. Supongo que, por el simple hecho de ofrecerte tanto, reclama el mismo esfuerzo y la misma atención por parte de la gente que la disfrutamos y la compartimos. O te mueves a su ritmo o te quedas atrás. Pero ese es precisamente su atractivo. Es una ciudad fascinante, en continuo cambio y progreso. Y, sin duda, como arquitecto, es un lujo poder trabajar en una ciudad donde arte y Arquitectura viajan de la mano».

Aunque, en el camino, admite haber tenido ayuda. Fundamental. Mejor en equipo. «Desde el principio, tuve la gran suerte de conocer a gente fantástica y me han acompañado durante toda esta experiencia. Tanto, que ahora forman parte de mi 'familia neoyorquina', que resultó fundamental para que las dificultades de alguien que se marcha a una ciudad nueva resultaran un poco menos duras».

Y luego está la propia ciudad, «acostumbrada a acoger a personas que llegan de fuera, ya sean desde otras ciudades de EE UU o extranjeros. Porque ese dinamismo y ese continuo cambio se ve reflejado también en sus gentes. Puede que sea una ciudad de paso, como dicen por aquí, pero eso también la enriquece culturalmente y propicia que sea más fácil adaptarse porque todo el mundo es de otro lugar».

Así que ahí está ella, «procurando no caer en el pesimismo aunque a veces sea difícil cuando miras a España desde la distancia»: «Sin duda, hemos atravesado una etapa de recesión muy difícil, pero me gusta pensar en la gente que ha sabido darle una vuelta de tuerca más y ha conseguido salir adelante. No sé si crisis es sinónimo de oportunidad pero, sin duda, lo es de ingenio». Y, como ya tiene parte del alma neoyorkina, igual que hacen en EE UU, confía en los más jóvenes: «Quizás sea un tópico, pero no hay recompensa sin esfuerzo y, si tienes valentía, puedes llegar lejos».