El Comercio
Mariana Pendás, con el árbol de la Casa Blanca al fondo.
Mariana Pendás, con el árbol de la Casa Blanca al fondo. / E. C.

«El sueño americano es meritocracia»

  • Estudió Derecho en la Universidad de Friburgo y continúo su formación en Brujas, Turín y Nueva York. También trabajó en París y Madrid antes de tomar rumbo a EE UU

  • Mariana Pendás, de Cangas de Onís, trabaja en un bufete en Washington D. C.

Mariana Pendás (Cangas de Onís, 1984) lleva media vida con la maleta a cuestas. Empezó pronto un periplo formativo y laboral que la ha llevado hasta Washington D. C., la capital de Estados Unidos. Pero antes de cruzar el charco, su peripecia se centró en Europa. Poco antes de terminar el bachillerato, su padre se fue a trabajar a la Agregaduría Laboral en Berna, Suiza. Aprovechó la tesitura y solicitó la admisión en la Universidad de Friburgo. Allí hizo la carrera de Derecho. Después, tuvo «un camino movidito». El primer destino, Brujas, donde realizó un máster en Derecho Europeo en el Colegio de Europa; a continuación, Turín, donde llevó a cabo un curso de postgrado, después trabajó en dos bufetes de abogados en París y Madrid y tras tres años en España, de nuevo hizo las maletas. «Decidí hacer otro máster en Estados Unidos y estudié en la Universidad de Nueva York una especialidad de Arbitraje Internacional. Tras el máster surgió un trabajo en un bufete americano en Washington D. C. y a pesar de que solo iba para ocho meses, ya llevo año y medio».

Así fue su antes. Su ahora es otro: «El día a día en Washington es entretenido, aunque se trabaja muchas horas, los horarios son flexibles y te permiten organizarte para realizar otras actividades entre semana», dice. Y eso hace. Porque, subraya, Washington «es un gran destino», porque existe una gran diversidad de profesionales y porque la oferta cultural es extensa. Y para muestra un botón: «Puedes ver desde la Constitución americana hasta el diamante del 'Titanic' en los museos gratuitos del Smithsonian».

Afirma Mariana que la ciudad le sorprendió, que es más fácil de lo que creía la vida en la capital, con un centro relativamente pequeño y manejable. «Merece la pena pasear por los monumentos a cualquier hora. Por más que lo hago me siguen sorprendiendo».

Los entretenimientos abundan, y el trabajo no falta. A ella, de momento, la experiencia americana le ha permitido aprender muchas cosas. La primera: «El sueño americano no es otro que la meritocracia. Todo se puede conseguir con esfuerzo y trabajo y es cierto que trabajan de forma más eficiente», resume. Y aún dice más. «No existen ideas estúpidas y escuchan al becario y al socio director con el mismo interés». Claro que todo sueño tiene también su pequeña pesadilla: «Muchas veces no respetan el descanso y no desconectan nunca del trabajo. No tienen cultura de vacaciones y no comprenden que en Europa tengamos un mes seguido».

Hay diferencias más que evidentes, pero ella está satisfecha de cómo le van las cosas por allí, tanto que de momento no está en sus planes deshacer el camino andado. «Lo veo difícil, quizá a Madrid en el futuro, pero en Asturias de momento no veo muchas opciones laborales. Si las hubiera en un futuro no me lo pensaría».

Pero el hoy está con vistas al Capitolio y la Casa Blanca y las añoranzas, al otro lado del Atlántico. «Se echa mucho de menos el ambiente y el humor de los asturianos», asegura. Porque, subraya, «Estados Unidos es una sociedad demasiado políticamente correcta». Claro que puestos a elegir una nostalgia mayúscula, Mariana lo tiene clarísimo: «Puede que lo que más eche de menos sea un vermú con los amigos y las interminables sobremesas en familia, que no cambiaría por ningún brunch».