El Comercio

EL NOMBRAMIENTO

En los carteles han puesto un nombre que no podemos ni ver. No se trata de Francisco Alegre y olé, sino de José Manuel Soria y vamos allá. Más que una lección es una chulería. Destacados dirigentes -si es que entre los dirigentes hay alguien que destaque- intentan desmarcarse de la decisión, que siempre es más fácil que desmarcarse de la corrupción. Acierta plenamente Pedro Sánchez, también llamado 'Míster No', para reafirmarse ante sus críticos en el rechazo a Rajoy con esta pregunta: «¿Ves cómo no tiene remedio?». El problema es coordinar las llamadas «fuerzas del cambio». Cuando pasan lista o no contesta nadie o no se oye a los que responden. ¿Hay tan poca gente de fiar en el partido que ganó las últimas elecciones para tener que recurrir a alguien del que no se fía nadie? Desde que su nombre apareció en los 'papeles de Panamá', como administrador de dos empresas: una de las Bahamas y otra en Londres, al exministro no le quedó otro remedio que dimitir, del mismo modo que ahora no le ha quedado otra que aceptar su nuevo cargo en el Banco Mundial. No se puede rectificar un error con otro de mayor calibre, porque el tiempo corre con igual velocidad para los dos. Aunque el reloj de Rajoy está parado, el círculo sigue girando. Parodiando la copla andaluza, que disculpaba algunos despistes, podemos decir que don Mariano tiene un reloj de pulsera al que le fallan los minuteros.

Habría que confiar en las «fuerzas del cambio», pero primero hay que reunirlas, a ver lo que quieren cambiar y sobre todo pasar lista y comprobar cuál es su número. Mi dilecto amigo Arcadi Espada, de imprescindible lectura, cree que la apestosa corrupción es un problema menor comparado con la rebelión del gobierno catalán. Como siempre que pasa por Málaga viene piadosamente a verme, confío en que me explique algunas cosas que sigo sin entender, aunque las comprenda. Nunca he sabido quiénes son los míos porque no tengo claro quiénes son los nuestros.