El Comercio

Cholo Juvacho, en la cafetería Aromas de Gijón. A la derecha, una foto antigua.
Cholo Juvacho, en la cafetería Aromas de Gijón. A la derecha, una foto antigua. / PALOMA UCHA / E. C.

«He triunfado totalmente»

  • Cholo Juvacho, cantante y humorista

  • «Nunca me vi como un hombre que pudiera vivir de la música», asegura el cantante para contextualizar su andadura artística

Los médicos le han obligado a bajarse unos meses de los escenarios, pero Cholo Juvacho (La Felguera, 1938) ya está listo para volver. Cuando pensó en jubilarse, sus fans no le dejaron, así que ya no se lo plantea. En Gijón tiene muchos amigos, algunos de la farándula y otros de su pasado como futbolista y contable. Lo que guarda son historias para llenar más de un libro.

¿Cómo está?

Muy bien, aunque recién operado de un tres por uno. Me salió una hernia de hiato que me estaba destrozando la voz, el esfuerzo por cantar me provocó una hernia inguinal y tenía piedras en la vesícula. Mi médico me encomendó a un amigo suyo cirujano que me quitaba las tres cosas a la vez, y así lo hizo en julio.

Cuando hoy le preguntan a qué se dedica, ¿qué dice? Porque es exfutbolista y exadministrativo, cantante y humorista.

Digo que tengo dos vidas, una artística, de noche; y luego, lo que he llamado toda la vida el trabajo serio. Trajiné muchos años en Duro Felguera, hasta estuve un tiempo en sus oficinas de Madrid, pero quise volver a Asturias y me fui a Uninsa.

La primera vez que fue a Madrid fue con Los Archiduques.

Era 1965, ya trabajaba en Duro Felguera y cogí una excedencia para ir a tocar. Entonces ya estaba casado, tenía una hija muy pequeña y un puesto fijo e interesante... Y me di cuenta de que la vida artística no era para mí.

Le sucedió Tino Casal.

Eso es. Le conocía de la Cuenca y lo recomendé. Ensayamos juntos hasta que estuvo preparado y me fui.

¿Piensa que él podría haber sido usted?

No, qué va. Nunca.

Aún así, siguió cantando.

Cuando dejé Los Archiduques actué por mi cuenta por Asturias, pero marché a Madrid a trabajar en las oficinas de Duro Felguera y ya vi que no tenía los mimbres adecuados, así que lo dejé de verdad en 1973. En el 82 hubo un 'boom' musical tremendo en Asturias y yo tenía a mis cuatro hijos en edad escolar. Vi que con mi sueldo no podría hacer frente a todo lo que se me avecinaba, pues los cuatro eran buenos estudiantes, y decidí volverme a meter en el ajo. Fue cuando estaba un italiano por Asturias, Dino Salerno, actuando en 'playback', algo que yo no había visto en la vida.

¿Cómo se concilia trabajar de día y actuar de noche?

Eso fue la caraba. Hoy pienso cómo pude aguantarlo. Cuando volví a cantar tenía 44 años y hacerlo en 'playback' era muy complicado porque era algo totalmente nuevo y complejo. En 1982 pasó algo curioso porque, como siempre se me dio muy bien hacer humor, un día ensayando pensé en intercalar chistes entre canción y canción. Así me convertí en humorista.

¿Cómo ha cambiado el mundo de la noche en Gijón?

Ahora es una pena... Ya no se puede beber como antes porque la copa te cuesta 1.000 pesetas y, si te coge la Policía con un poco de alcohol de más, te manda a la cárcel. Pensaba que en Asturias no iba a haber quién nos cambiara el tipo de vida y mira.

La noche tiene muchas tentaciones...

Tremendo... Yo fumaba y bebía, pero no era como ahora. Eso sí, nunca fumé un porro.

¿Era muy competitiva la farándula asturiana de aquella época?

No, no, siempre hubo piquilla, como pasa en el fútbol, pero no mal rollo.

Como exfutbolista y sportinguista de pro, ¿qué opina de lo de Marcelino?

De cualquier cosa se hace una montaña. Todos sabemos que tenemos nuestro equipo porque el fútbol es sentimiento. Marcelino jugó en el Sporting, empezó entrenando en Gijón y es lo lógico. El problema que tuvo es que dijo lo que pensaba. Los equipos que se vieron afectados por el resultado piensan que bajaron por lo que pasó esa jornada, cuando no es así.

La política es el gran debate de la temporada.

Todos pensábamos que este cuatripartito nos iba a dar algo y solo sirvió para enfollonar. Soy partidario de que haya dos partidos; me gusta el modelo inglés. Ahí hay dos partidos y otro intermedio que es el que inclina la balanza hacia uno u otro.

¿Sus candidatos serían PP-PSOE?

Sí, claro. Derecha e izquierda.

¿Le gusta el humor político?

Nunca, solo me inventé un chiste de política, que primero usé para Zapatero y luego para Rajoy, pues resulta que ambos intentaron ser presidentes también de los portugueses... Porque gobiernan para los españoles ilusos.

¿Es fácil mantener el buen humor?

El humor es una cosa extraordinaria y cada vez se afianza más. Reírse da años de vida.

Con lo bien que conoce La Felguera, ¿cómo la ve de cambiada sin ese auge que vino acompañado de la minería?

Es muy triste... Cuando voy a las cuencas se me cae el alma al suelo porque hay un halo de tristeza... una desesperanza... Eso es lo peor que puede tener el ser humano.

¿Tiene solución?

Buff, si no se hizo en su momento... Se sabía que el carbón era una cosa extinguible, el secreto estaba en trasformarlo en otra cosa para que la gente pudiera vivir. La solución, en cambio, fue jubilar a los trabajadores y que ahora sean ellos los que tengan que mantener a su familia. Es un problema achacable a la administración.

¿Cambiaría o pondría algo que no ha conseguido en su trayectoria?

Me dicen que es una pena que no haya triunfado en este mundillo y les respondo que he triunfado totalmente, al nivel que me produje. Nunca me vi como un hombre que pudiera vivir de la música, tal vez porque llegué tarde a tener un buen nivel. Nunca sabes por donde vas a tirar, el mundo te lleva hacia derroteros que crees que son los mejores...

La vida es lo que uno se propone.

Evidentemente. Para la música hay que tener una gran afición y condiciones de estrella, que mucha gente cree que tiene. La cuestión no es valer, que también, sino aprovechar las oportunidades que se te presentan.

Ni hablamos de dejar los escenarios, ¿no?

¡No me dejan jubilarme! Me piden que vaya a cantar y voy, aunque ya no son actuaciones de noche (Ríe).