El Comercio

Arriba, Carlos Blanco en la actualidad
Arriba, Carlos Blanco en la actualidad / DANIEL MORA

«Yo, con 20 y 30 años, era un cromo»

  • Carlos Blanco, Showman

  • «Las mujeres tiraban de los maridos para ir a verme y me gritaban: 'Quiero un hijo tuyo'»

Como las folclóricas de postín y tronío, Carlos Blanco se quita un año: «Nací en el 49, pero siempre digo que en el 50». Este artista nacido en Sama y afincado en El Llano que vendió cintas «como churros» y que recorrió los escenarios de medio mundo con sus lentejuelas, su 'Me llaman el colorines' y su 'Romance de la Reina Mercedes', sus chistes «picantes», sus joyas de oro de muchos quilates y sus abrigos de visón, no pierde la coquetería ni el arte a pesar de que la salud últimamente no le ha acompañado. Y toca madera, no vaya a ser.

¿Cómo está?

Estoy negro porque cogí una EPOC hace cuatro años a consecuencia de las dos cajetillas diarias de Marlboro que fumaba y de todo el humo que chupé por las noches. Pero cuento volver la próxima primavera porque estoy loco por trabajar. Yo siempre oí a las artistas mayores que lo difícil no es triunfar, sino mantenerse. Y yo llevo más de cincuenta años en la profesión y siguen llamándome. Hay un local de Oviedo cerca de los 'alsas' detrás de mí para contratarme. Porque la suerte que tengo es que arrastro mucha gente.

Empecemos por el principio: se subió a las tablas siendo un guaje.

Sí, con doce años. Luego, trabajé en el Teatro Argentino y en el Chino, que eran portátiles. Y hacía cabarés en salas de fiesta de toda España y de Europa. Fui el que fusionó la copla con lo asturiano.

¿Sus padres entendieron la vocación de aquel niño, el único varón con dos hermanas mayores?

Mi padre ya no vivía. Y mi madre recorrió todo el mundo conmigo. Iba conmigo a todos los sitios.

¿Y no se asustaba Honorina con aquellas cosas tan subidas de tono que usted contaba?

Cuando empecé, sí. Me decía: «Vaya gochu que eres, vaya sinvergüenza». Pero luego, como a la gente le gustaba, ya lo entendió.

Veo que no ha perdido las ganas de presumir.

Soy un poco coqueto. Un poco mucho. Yo, antes de salir de casa, me miro al espejo ochenta veces.

Hábleme de su vestuario artístico, que es casi mítico.

Era muy sibarita y quería poner lo que nadie ponía. Cuando fui al extranjero por primera vez, vi a las figuras, que te sacaban unas camisas con aquellos brillos y aquellas lentejuelas, y le dije a mi madre: «Esto no lo hay por allí». Así que, cada vez que íbamos, cargábamos género para traer. Aquí me hacía todos los trajes a medida una modista y de todos los colores: rojo, plateado, azul... Tenía más de 200 camisas y lo conservo todo guardado en baúles. Menos amarillos, que le tengo alergia al amarillo. Los de calle ni los cuento, porque a mí no me gusta ir dos veces a un sitio con la misma ropa.

Veo que es supersticioso.

Mucho. Y creyente, pero no practicante. Además, tengo manías. A mí no me mandes pasar por debajo de una escalera, que no paso. Y, antes de salir al escenario, siempre con el pie derecho, tengo que santiguarme nueve veces. Se lo escuché un día en un teatro de Barcelona a Raquel Meller, que Dios la tenga en su gloria, y empecé a hacerlo.

¿Le apretó mucho la censura?

Había que llevarles un libro con las letras de las canciones y con fotos del vestuario. De las mujeres también. Porque, en aquella época, no se llevaba el bikini: era bañador. Y en la parte de la ingle tenían que llevar unos flecos para taparse.

Usted ligó lo que quiso y más.

Nunca me drogué, nunca bebí y lo otro, de vez en cuando. Porque está feo que yo lo diga, pero con 20 y 30 años, enseñando la barriguina, era un cromo. Las mujeres tiraban de los maridos para ir a verme. Me lanzaban condones y me gritaban: «Quiero un hijo tuyo». Yo me reía y les decía: «Ya lo probamos luego». Ellos creían que era mariquita y yo dejé la duda en el aire y seguiré dejándola si Dios quiere y me da salud, porque me fue muy bien.

¿Y en el amor triunfó?

No fui muy enamoradizo. Tuve alguna novia, pero no de durar. Porque la gente de esta profesión no paramos en ningún lado. Yo viví para la música. A mí me quitan la música y me lo quitan todo.

¿Ganó mucho dinero?

En el Monte de Piedad me conocen bastante de ir a empeñar las joyas y luego a sacarlas, pero nunca le pedí nada a nadie. Y no hubo artista que trabajara lo que yo trabajé. Estuve veinte años trabajando a diario. Hubo una época que hacía cuatro locales cada noche. Hacía un pase hacia las diez en el Gizé. Luego trabajaba en el Cánovas. Después, a las dos, en Oviedo, en el Scala. Y, a las tres y media, en Avilés.

¿A quién admira?

A mí me gusta la copla, pero también hago moderno. Empecé cantando temas de Raphael: 'Yo soy aquel'. Y, en la copla, la mejor era Marifé. De los de ahora, no me acuerdo de nadie, pero me gustan mucho los concursos como 'La voz'.

Otro de los locales donde trabajó fue El Suizo, en la ovetense plaza de Porlier, donde un cartel anunció su debut durante meses.

Yo estaba trabajando en Madrid y mi madre quería venir a una boda de un primo. Así que le dije al representante: «Arréglame algo por Asturias». Y me contrataron por 700 pesetas al día. Y los diez días fueron 24 meses. Aquellos llenazos... La gente de dinero que iba se asustaba porque sacaba un traje verde, otro rosa, otro blanco... Y el cartel decía: «Hoy, debut de Carlos Blanco». Y así, veinticuatro meses. La dueña me subió cien pesetes.

¿Le ha tratado bien la vida?

Muy bien. No me puedo quejar. Y eso que me criticaron mucho. Cuando saqué todo lo que cantaba en asturiano, algunos 'compañeros' lo criticaron: «Vaya horterada, vaya mierta». Pero mi madre siempre decía: «Lo que hay que preocupase ye cuando no te critiquen porque entós ye que no vales pa nada». Luego, las cantaron ellos también. Pero a mí no me gusta hablar mal de nadie.

¿Cómo ve este país?

Jodido. Estoy de Rajoy hasta los mismísimos. Tenían que mandarlos a tomar por ahí a todos. Dejarlos cuatro años y, si no valen, fuera.

Veo que de derechas no es.

¿Derechas cuál ye? ¿Rajoy? No.

¿Y del PSOE?

Tampoco. Ahora el Pedro Sánchez resultó largartija también.