El Comercio

Adiós sin salvas a la cabra de la Legión

    ‘Pepe’, la cabra de la Legión, durante uno de sus últimos desfiles antes de jubilarse.
    ‘Pepe’, la cabra de la Legión, durante uno de sus últimos desfiles antes de jubilarse. / EFE
    • Murió el sábado tras encabezar durante doce años los desfiles del Grupo Logístico

    • Fue incinerada en total soledad en Arcos de la Frontera, sin la bandera de España que decían que la iba a envolver

    ‘Pepe’ nunca conoció el significado de la bandera de España, tampoco distinguía los galones y las estrellas de los mandos del Tercio de la Legión. Sin embargo, esta cabra podía reconocer los toques del cornetín de órdenes, no le asustaban los disparos de las salvas de fusilería y sabía muy bien lo que era marchar a paso legionario, junto a la escuadra de gastadores que habitualmente abre las paradas militares en las que toma parte este cuerpo. La última mascota de la Legión murió el sábado en el Santuario Refugio La Pepa, en Arcos de la Frontera (Cádiz), donde vivía plácidamente retirada de la vida castrense desde el pasado verano.

    Su ascenso comenzó en noviembre de 2005: el Grupo Logístico de la Legión necesitaba una cabra para los actos oficiales. Los que en otros tiempos fueron animales que acompañaban a las unidades militares para su avituallamiento pasaron a ser adoptados como mascotas. La Legión española ha tenido muchas y variadas, dependiendo del lugar donde estaba desplegada. Tras su fundación en 1920 por el entonces teniente coronel José Millán Astray, las primeras mascotas fueron monos ceutíes, pero también hubo gacelas del Sáhara, loros e, incluso, un oso.

    Sin embargo, los carneros y las cabras fueron las mascotas más habituales en este cuerpo expedicionario. Lo que empezó como algo casi lúdico se ha convertido con los años en un símbolo. De hecho, la cabra o el carnero ataviado con un manto que lleva los emblemas de la unidad e, incluso, con el chapiri –la gorrilla legionaria– encasquetado entre los cuernos es lo más esperado en cualquier parada militar en la que desfila alguna unidad del Tercio.

    ‘Pepe’ fue reclutado por la Legión durante unas maniobras en Huesca.Desde allí fue trasladado hasta el Grupo Logístico, en la base de Almería. Fueron doce años de servicio. Primero adiestrándolo a marchar junto a los gastadores, para aguantar la cadencia de 160 pasos por minuto a los que desfilan. Una velocidad que obliga a que la Legión lleve su propia música.También tuvo que acostumbrarse a la rutina castrense, dianas, fajinas, retretas y silencio. A los redobles de los tambores y al paso ensordecedor de los vehículos blindados de cadenas y de ruedas.

    Pocos chivos pueden haber llevado una vida tan plácida. Con la comida asegurada a cambio de un poco de obediencia y con el cariño de los soldados. Llegada la hora de la jubilación, el mismísimo teniente coronel jefe de su unidad tuvo que autorizar su traslado definitivo hasta el santuario de animales de Cádiz. Fue la primera cabra que se jubilaba de manera oficial.

    Sin embargo, y pese a lo que inicialmente estaba previsto, ‘Pepe’ no murió acompañado de miembros de su antigua unidad.Y tampoco pudo ser despedido, como en un principio se especuló, envuelto en la bandera de España. Solo dos representantes del refugio de animales de Arcos de la Frontera, donde murió, le acompañaron hasta la puerta del crematorio.