El Comercio

María José González es madre SOS en Tenerife.
María José González es madre SOS en Tenerife. / E. C.

«Tengo una familia enorme»

  • Estará en el escenario del Campoamor para recoger de manos del Rey el Premio Princesa de Asturias de la Concordia

  • La luanquina María José González lleva 17 años trabajando con Aldeas Infantiles

Lo confiesa: está nerviosísima. Y todavía no ha eligido modelo que ponerse. Pero por encima de todo está feliz. El día en que a María José González (Luanco, 1970) empezaron a llegarle mensajes anunciando que Aldeas Infantiles SOS era Premio Princesa de Asturias de la Concordia se le subieron a la cabeza la ilusión, la alegría y el orgullo. Y el día que le comunicaron que estaría junto a Siddhartha Kaul, presidente mundial de la ONG; Pedro Puig, presidente de la organización en España, y Raquel López, beneficiaria, en el escenario del Campoamor, directamente no se lo podía creer. «¿Es una broma?», preguntó ella, que lleva 17 años tomándose muy en serio un trabajo que es mucho más que eso. «Esto es una forma de vida».

No le falta razón. Al fin y al cabo su trabajo consiste en ser madre, en crear un hogar para los niños que por diferentes circunstancias no lo tienen. Formada en Relaciones Laborales en Oviedo, un buen día se fue a pasar una vacaciones a Tenerife, leyó un anuncio en el periódico reclamando madres SOS, envió el currículo, asistió a una charla y hasta hoy. Primero ejerció como educadora y desde hace once años tiene su propio hogar, por el que hasta la fecha han pasado trece niños, siete de los cuales ya se han independizado.

«Nuestra filosofía es que se cree una familia, que los niños tengan una persona que les dé estabilidad y seguridad, que sepan que estás ahí, que les vas a apoyar», explica María José González. Pese a que las circunstancias pueden hacer que los chicos tengan que abandonar el hogar para regresar con sus familias, el contacto nunca se pierde. «Todavía este fin de semana estuvimos celebrando un cumpleaños, porque independientemente de que vuelvan con su familia, cuantos más apoyos tengan, muchísimo mejor», subraya.

Las relaciones se mantienen en el tiempo y se trasladan a su otro ámbito familiar. Porque María José se ha traído a Asturias a sus niños en un par de ocasiones para disfrutar con ellos de las vacaciones. Los menores que cuida son lo más importante y no siente que haya renunciado a su propia vida por atenderlos. «Uno elige, me siento muy bien con lo que hago y no siento que haya renunciado a nada, tengo una familia enorme».

Esa familia crece cada día que pasa. Ahora comparten hogar con ella en el Tablero, en Santa Cruz de Tenerife, seis menores. Esa es la cifra tope para las casas de acogida de Aldeas Infantiles, aunque se pueden dar situaciones excepcionales, como un caso en el que al tratarse de ocho hermanos todos conviven en el mismo lugar. Pero lo habitual es que sean un máximo de seis y niños de entre diez y 18 años, que en muchas ocasiones lo han pasado mal. «Cuando yo empecé hace 17 años, llegó un grupo de hermanos y lo que más me sorprendió fue su ilusión por tener una casa y que unas personas se quisieran hacer cargo de ellos».

Aquella ilusión de ellos se convirtió en la suya propia, en ganas de trabajar para no fallarles, para que se sintieran felices y queridos, para que confiaran. Desde ese momento se embarcó en una aventura que le ha propiciado un sinfín de momentos irrepetibles. Y los que están por venir. Incluidos los de la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. «Yo soy muy tímida, pero cuando me llamó el director para proponérmelo, ni me lo pensé, y eso es que es una enorme responsabilidad ir representado a una ONG como Aldeas».