El Comercio

Los distanciadores, la defensa de los ciclistas

Rafael Melgar, con una bici con distanciador.
Rafael Melgar, con una bici con distanciador.
  • Varias empresas comercializan este dispositivo, que permite mantener a los coches a distancia y que figura en el Reglamento de Circulación desde el 2014

En las carreteras, el eslabón más débil son los ciclistas. En el 2015, fallecieron 42 en accidentes de tráfico, según los datos de la DGT, y la cifra asciende a 303 en el último lustro. En conjunto, en este periodo, se produjeron 25.000 siniestros en los que se vieron involucrados estos vehículos de dos ruedas. Las distracciones de los conductores, el consumo de alcohol o drogas, las imprudencias de los ciclistas (que también las hay) y, en general, la falta de conciencia de que la bicicleta es un vehículo más en la vía, con sus derechos y sus obligaciones, son algunas de las causas de esta sangría, que sobre todo ocurre los fines de semana, cuando más ciclistas salen a la carretera y cuando más conductores no circulan en las debidas condiciones.

La DGT intenta reducir la siniestralidad con campañas de concienciación, pero las empresas privadas también están desarrollando herramientas para ayudar a los conductores. En los últimos años, el instrumento que más éxito está cosechando entre los aficionados es el distanciador de seguridad para bicicletas y su uso ha quedado regulado por el Reglamento de Circulación de 2014, como queda detallado en su artículo 179, punto 5, que reza textualmente: "Para indicar su posición a los vehículos que se aproximan a ellos por detrás, en vía interurbanas, los ciclistas podrán hacer uso de dispositivos de señalización que indiquen la separación lateral de 1,5 metros que todo conductor de vehículo debe respetar al adelantarles. Estos dispositivos: a) Serán de material flexible y podrán incluir elementos reflectantes. b) Podrán sobresalir lateralmente un máximo de 1 metro desde el eje longitudinal de la bicicleta. c) No podrán comprometer la estabilidad del vehículo".

Público objetivo

La legalización del distanciador lo ha hecho ha acercado al gran público. Su público objetivo son los mayores de 30 años, padres de familia, gente que sale sola y dentro de un grupo, el que va en último lugar. En España, la patente de este instrumento la tiene el ingeniero canario Diego Benítez, un aficionado a la bicicleta que, cansado de llevarse sustos, desarrolló y comenzó a probar esta varilla, fabricada en fibra de vidrio, en 2002. Gracias a ella, ha conseguido varios premios y su modelo ha sido exportado a países Europa, Estados Unidos y Japón, entre otros países.

En la pasada feria Unbike de Madrid un expositor presentaba otro distanciador. Su nombre es Distanbike y saldrá a la venta en diciembre. Rafael Melgar, el CEO de la empresa que lo saca al mercado, llamada igual que el dispositivo, Distanbike, explica que la principal función de la herramienta es “que los conductores vean al ciclista”.

La barra, extensible hasta 1,5 metros, como marca la ley, y con una luz led en su extremo, permite ampliar el espacio de seguridad del ciclista y sirve como alerta al conductor. En el campo de la seguridad, Melgar compara el distanciador con el casco. "Al principio, los ciclistas lo veían como algo incómodo. Ahora lo llevan todos". Esta empresa pondrá el dispositivo a la venta por un precio de entre 35 y 50 euros.