El Comercio

«Hong Kong es un no parar»

Carlos Bermejo, en Hong Kong, donde vive desde enero de 2016.
Carlos Bermejo, en Hong Kong, donde vive desde enero de 2016.
  • Formado en la Politécnica de Gijón, trabajó en Berlín durante tres años en Deutsche Telekom antes de iniciar la aventura asiática

En pocas palabras: «Hong Kong es un no parar». La certera definición la firma Carlos Bermejo Fernández (La Felguera, 1986), un ingeniero de telecomunicaciones por la Universidad de Oviedo que después de tres años trabajando en Berlín para la Deutsche Telekom afrontó la aventura de hacer la maleta rumbo a Asia. Desde enero realiza el doctorado en la Hong Kong University of Science and Technology (HKUST). Un investigador que supervisó en Berlín su proyecto fin de carrera tuvo la culpa. Se fue allí de profesor y le convenció para seguir sus pasos. «Comencé mi doctorado en Informatica en enero y, según mis cuentas, y viendo la media del departamento, dan en echar de cuatro a cinco años en Hong Kong, así que cuento con poder conocer y disfrutar mucho tiempo de esta apasionante experiencia».

Es apasionante en los ámbitos académico y personal. Por un lado, «la oportunidad que ofrece esta universidad en cuanto a conocimientos es fascinante», y por otro, la posibilidad de vivir durante un tiempo en Asia «no la pude dejar pasar». Su día a día lo vive en el campus, donde tiene su apartamento, donde hace deporte, donde comparte tiempo con otros estudiantes europeos -aunque no abundan- y donde pasa las horas entre clases, lectura y laboratorio.

La excolonia británica merece mucho la pena. Aunque tiene sus contras. Es un lugar extremadamente húmedo, por lo que en el que verano es muy duro y el aire acondicionado, demoledor. «Entrar a cualquier sitio aquí es como meterte en la nevera, lo que conlleva que las primeras semanas te acabes poniendo malo a cuenta de los cambios extremos de temperatura».

El choque cultural es grande. Empezando por el idioma. «En Alemania ya fue un reto aprender alemán y antes de siquiera solicitar la beca para realizar el doctorado en Hong Hong ya había comenzado a estudiar chino mandarín, pero la dificultad del idioma es grande», apunta. Además, los comportamientos sociales son otros y no siempre es fácil hacer amigos. Y luego está la comida, también diferente, pero con la que disfruta descubriendo nuevos sabores, aunque eso no significa que añore los asturianos.

La ciudad es intensa y abierta y por lo tanto aporta a quien la habita grandes aprendizajes. «Estoy conociendo mucha gente de Asia, muchas formas de pensar en temas sociales, políticos y también personales; abriendo la mente a otras formas de actuar que uno no está acostumbrado».

Dice que sus nuevos vecinos son muy trabajadores y tienen un gran respeto a la familia. Les falta un punto de creatividad y un mayor relax en el trato social. «En la universidad son muy buenos en los exámenes, memorizando, sin embargo les falta muchas veces entender el razonamiento, preguntar el porqué», apunta Carlos.

Añora la familia, los amigos, la naturaleza, un vermú y una buena fabada, pero de momento no tiene previsto volver a Asturias. «Sigo disfrutando conociendo mundo, otras lenguas y otras gentes y a pesar de echar de menos la tierrina quiero seguir viajando, viviendo».