El Comercio

Convalecer

Los diversos partidos están de acuerdo en una sola cosa: abstenerse. Esa cautelosa actitud no les impide elaborar promesas y más promesas, ya que prometer es barato. El Gobierno en funciones no ignora que lo que mejor funciona es la esperanza, aunque mienta más que consuele, y ha ofrecido crear nada menos que 400.000 empleos el año que viene. De momento, ha enviado a Bruselas, que es nuestra capital económica, unos Presupuestos con nuevos ajustes. Con la enfermedad ha sido larga y los médicos de cabecera están ausentes o discutiendo entre ellos los remedios más eficaces, el enfermo no acaba de ponerse bueno, aunque otras veces haya estado peor. La convalecencia se aproxima mucho al estado ideal: las personas que nos rodean, que parece que nos querían algo, en la medida de sus posibilidades amatorias, ahora nos quieren mucho y nos rodean de diminutivos: hay que tomar un caldito, hay que dar un paseíto y hay que abstenerse un poquito. Eso es lo que nos conviene a todos los que tememos por la salud del Estado y por la nuestra, que es la que más nos importa.

Nuestra salud mercurial, si creemos en las encuestas, es bastante caprichosa. El PP, a pesar de sus confirmados desastres económicos, ha subido cinco puntos con respecto a las elecciones de junio. También ha aumentado el respaldo al comedido Javier Fernández por su labor al frente de la gestora, mientras Pablo Iglesias tiene menos vehementes partidarios y Podemos no sabe si va a poder. ¡Quien fuera el dueño de la varita mágica que prevé el futuro! No suele hacerlo hasta que se convierte en pasado y entonces es tarea de historiadores que lo saben todo, menos el modo en que otros van a escribir la historia. Nadie quiere unas terceras elecciones, aunque todos hacen lo posible porque lleguen. A los convalecientes nos conviene el reposo y tomar una cucharadita de abstención cada dos horas hasta que Rajoy salga investido por un sólo voto o por más, que eso nunca se sabe.