El Comercio

El acecho a los excedentes incendia el final de la vendimia en La Rioja con millones de kilos de uva en el suelo

Racimos en un viñedo entre las localidades riojanas de Uruñuela y Cenicero.
Racimos en un viñedo entre las localidades riojanas de Uruñuela y Cenicero. / Sonia Tercero
  • Los viticultores, sorprendidos por una gran cosecha tras las lluvias, tiran las uvas ante el riesgo de sanciones y descalificaciones

El cosechón con que se ha encontrado La Rioja, sobre todo en la subzona Alta -que incluso ha pillado desprevenidos a muchos viticultores que habían descargado sus parcelas antes de vendimia-, está provocando estampas inéditas tras la recogida de las uvas: millones de kilos se amontonan entre los renques y calles ante el riesgo de descalificación para aquellos viticultores que superen el 118% de rendimiento.

La situación es consecuencia del propio pliego de condiciones de La Rioja y de las normas de campaña, que fijaron en un 107% el máximo de uva amparada y en un 118% el límite de producción: hay mucha uva en el campo, con lo que parcelas enteras no han podido llevarse a las bodegas y dejar los racimos colgados podría convertir al viticultor en 'excedentario'. Así, según la normativa, se arriesga a un expediente de descalificación de parcelas e incluso de la producción completa.

¿Por qué se están controlando las producciones excesivas? Las medidas afrontan un problema conocido al final de vendimia: la proliferación de bodegas ajenas a La Rioja que reciben, incluso recogen por encargo, las uvas sobrantes y luego las elaboran como vino de mesa, un 'negocio paralelo' ('negro' incluso) que se ha desarrollado años atrás y que no existiría sin excedentes.

Medidas de control

Las medidas de control son también consecuencia de los cambios organizativos de la Ley de Denominaciones de Origen Suprautonómicas aprobada en junio del 2015. Los Servicios Técnicos ya sólo dependen del Consejo Regulador desde el punto de vista laboral, de forma que los veedores deben dar cuenta directa al Ministerio de las inspecciones y el propio Consejo debe garantizar el cumplimiento del pliego de condiciones ante la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC). Es un proceso que ha venido para quedarse, que incluye las medidas que ya se han puesto en marcha esta vendimia y otras que, de aquí al 2018, deberán garantizar la trazabilidad de que las uvas, es decir, no sólo que proceden de una explotación (viticultor), sino que incluso deberá estar acreditada, también en producción, cada parcela.

A esta vigilancia de explotaciones tras final de vendimia, se suman los controles que, ya antes de la recogida, se pusieron en marcha para exigir descargas de producción y también los precintados de remolques para controlar las pesadas que el Consejo Regulador ha puesto en marcha por primera vez esta campaña.

Sindicatos agrarios

Las medidas han provocado malestar en el campo y por las redes sociales circulan desde 'memes' sobre los precintados, vídeos sobre las descargas de uvas con improperios para sindicatos agrarios y Consejo Regulador e incluso un curioso 'rap' sobre la situación (en 'Radio Infortunio'). Respecto a las inspecciones del Consejo, ARAG-Asaja, aunque entiende las protestas y que es duro tirar uvas al suelo, muestra su apoyo: "Ha sido un año excepcional y, con las lluvias, la cosecha ha aumentado; es decir, el viticultor ha descargado y entiendo el malestar, pero sería peor lo contrario", señala José Antonio Torrecilla, secretario general del sindicato. "Necesitamos equilibrio para garantizar los precios -continúa- y tirar uvas si sobran debe ser una práctica habitual por el bien de todos".

José Luis Pisón, vocal del Consejo Regulador por la UAGR, comparte la visión de Asaja: "Nosotros somos partidarios de los rendimientos incluso del 100%; hay viticultores, también de nuestro sindicato, cabreados y lo entendemos, pero la decisión fue mayoritaria en nuestra comisión del vino y se mantiene". "Estos excesos están siendo inesperados porque se pensaba en una merma por la sequía -agrega-, pero hay que controlar la producción para asegurar los precios, que es lo que de verdad debería preocuparnos".

Quien tiene más dudas es el sindicato UPA. Tomás Latasa, secretario general, afirma que lo sucedido "nunca debió pasar". Latasa recuerda que "UPA siempre ha sido partidaria de que entre en las bodegas toda la uva hasta el límite del pliego [125%], más allá de que se limite la producción amparada". "Creo que lo que está pasando -continúa- debería hacernos reflexionar y, si hace falta modificar las normas, estudiarlo porque no se puede trabajar en el campo con una calculadora como se pretende".