El Comercio

Zombies nucleares a la carrera

  • Corredores vestidos de muertos vivientes recorrieron Miranda de Ebro, L'Ametlla de Mar, Gárgoles de Abajo, Valencia y Trujillo

La energía nuclear está muerta, pero ellos no lo saben». Greenpeace parafrasea al niño de 'El sexto sentido' para vaticinar que a esta fuente de energía ya no le queda vida. Y para hacer visible el fallecimiento, la entidad ecologista organizó ayer cinco carreras en sendas provincias que aún cuentan con centrales nucleares. Carreras en las que, aprovechando las vísperas de Halloween, los corredores iban disfrazados de... zombies.

El 'Nuclear Running Dead' reunió a centenares de ecologistas en Miranda de Ebro (Burgos), L'Ametlla de Mar (Tarragona), Gárgoles de Abajo (Guadalajara), Trujillo (Cáceres) y Valencia. Su objetivo: reclamar al Gobierno el cierre inmediato de las centrales. «Es una energía tecnológicamente del pasado y está acabada, y solo se mantiene viva a base de mentiras y medias verdades», asegura la portavoz de Greenpeace para temas nucleares, Raquel Montón.

La organización preparó, en torno a cada una de las centrales, dos recorridos, uno de cuatro kilómetros y otro de diez. «Muchas personas han aprovechado simplemente para acercarse al lugar y pasear o para sumarse a la crítica contra las centrales nucleares», destacó Montón, que recordó que la jornada tenía también una finalidad solidaria. De los cinco euros de la inscripción, uno iba destinado a la asocación Chernobil Elkartea, una entidad del País Vasco que atiende a los niños afectados por el desastre nuclear de Chernobil (en la actual Ucrania) en 1986.

En opinión de Greenpeace, el disfraz de muerto viviente venía al pelo para un acto como el de ayer. La ropa hecha jirones, el maquillaje de heridas y las caras pálidas llenas de cicatrices y sangre representan el futuro bajo tierra que le espera a este tipo de energía. Pero el Gobierno, encargado de renovar la vida de las centrales nucleares que aún permanecen abiertas, no tiene tan claro que sea así, y no se ha pronunciado sobre su mantenimiento, aunque tendrá que hacerlo, en todos los casos, en el periodo comprendido entre 2020 y 2024.

En las últimas semanas, Greenpeace está incidiendo en argumentar que el cierre de las centrales nucleares no tiene que ser un lastre para la economía, como señalan los pronucleares, sino que, al contrario, puede abrir importantes oportunidades.

Así, según sus cálculos, el impacto económico ligado al cierre de las centrales nucleares españolas supondría la creación neta de unos 300.000 empleos, de los que 100.000 corresponden al desmantelamiento de los centros y 200.000 empleos a la instalación de nueva potencia renovable. Además, implicaría un aumento del PIB de unos 20.000 millones de euros. Todos estos datos están recogidos en el informe 'El inevitable cierre de las centrales nucleares españolas: una oportunidad económica y social', que presentaron el pasado miércoles en Madrid.