El Comercio

Arriba, el 'hasta luego' de Frank Sinatra: «Lo mejor está por venir».
Arriba, el 'hasta luego' de Frank Sinatra: «Lo mejor está por venir». / Diagram Lajard

«Eso es todo, amigos» y otros epitafios para morirse

  • No son pocas las celebridades que decidieron pasar a mejor vida bajo una lápida cantosa

«Perdonen que no me levante». Es el famoso epitafio que, supuestamente, Groucho Marx luce en su tumba. Supuestamente, porque en la realidad el nicho del actor del puro y el bigote solo se ilustra con una estrella de David. La frase sí es obra suya, lanzada durante una entrevista en la que también proponía que le enterrasen justo encima de Marilyn Monroe. La familia desoyó sus deseos y hoy sus cenizas descansan en algún punto desconocido del Eden Memorial Park, en California.

Cuatro siglos antes, Molière también se aventuró a redactar sus palabras para la posteridad. Dramaturgo y actor hasta el final de sus días -murió sobre el escenario-, se llevó la profesión de las venas a la tumba. O al menos, eso aseguraba en su propuesta de epitafio: «Aquí yace Moliere, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto, y de verdad, qué bien lo hace».

Aunque lo de Groucho y Molière fueron ideas, otros famosos y artistas sí que se fueron al otro lado con un toque de gracia. Cómo no, Billy Wilder, que yace precisamente bajo la losa de una de sus obras más célebres: «Soy escritor, nadie es perfecto», se despide el director de cine citando la escena final 'Con faldas y a lo loco' (1959), coprotagonizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon. Este último fue amigo y el actor favorito del propio Wilder -murieron, además, con apenas un año de diferencia-. Y atendiendo a su epitafio puede entenderse el por qué de la sintonía. El actor descansa bajo los créditos de inicio de su película póstuma, la de la muerte. Su lápida, un bloque de granito negro que, como la apertura de un filme, anuncia a su actor principal: «Jack Lemmon en...».

«No contestaré después del mensaje»

Quien se mantuvo en el papel hasta el final de sus días y (en el) más allá, fue Mel Blanc, «el hombre de las 1000 voces y amado esposo y padre» que, aunque puede que su nombre no le suene de nada, sí lo hará su cacareado epitafio: «Esto es todo, amigos», repite en la piedra el primer doblador de Bugs Bunny. Con el mismo cachondeo Merv Griffin, magnate británico del entretenimiento y creador de concursos como 'La Ruleta de la Fortuna' o 'Jeopardy!', puso punto y final: «No contestaré después del mensaje».

Para Frank Sinatra, en cambio, la muerte no significaba el final, ni mucho menos. «Lo mejor está aún por venir», dice su lápida, recitando uno de los versos que en vida entonó 'La Voz' con 'The Best is Yet to Come'. Puede que para prepararse para lo que se venía, fuese, según las malas lenguas, enterrado con un paquete de cigarrillos y una botella de Jack Daniels.

A macarra, sin embargo, no hay quien gane a Dee Dee Ramone, ni siquiera después de muerto. El cofundador y bajista de la mítica banda de punk The Ramones murió de forma repentina en 2002, víctima de una sobredosis de heroína. Y así, como haciendo mutis por el foro, se despide desde Hollywood Forever Cemetery: «Ok... Ahora tengo que irme».

«Ya os lo dije»

De la misma forma que Groucho, con John Wayne tampoco cumplieron con su deseo postmortem. El eterno vaquero solo quería una sentencia en castellano: «Feo, fuerte y formal». Sí, es el estribillo del mayor hit de Loquillo, escrita precisamente en honor al 'Duque'. La frase no solo no llegó a tallarse en su tumba, sino que el famoso 'cowboy' estuvo 20 años sin una placa que le identificase como aquella estrella de Hollywood que protagonizó más de 175 películas.

Otros, como H.G. Wells, se quedaron sin lápida al ser incinerados. Y eso que el autor de 'La Guerra de los Mundos' (llevada a la radio por Orson Wells en 1938 y al cine por Steven Spielberg en 2005) ya tenía pensadas sus últimas palabras un lustro antes de morir. Las dejó por escrito en 1941, en el epílogo de 'La guerra en el aire', una de tantas novelas de ciencia ficción por las que, como Julio Verne, el escritor fue considerado un visionario. Visionario, sí, y hasta en su tumba, con sentido del humor: «Ya os lo dije, malditos locos».