El Comercio

Carlos Osoro saluda a los fieles.
Carlos Osoro saluda a los fieles. / E. C.

«Me preocupan los jóvenes que tienen que dejar su tierra»

  • El que fuera prelado de la Diócesis de de Oviedo se convertirá hoy en cardenal

  • Carlos Osoro Arzobispo de Madrid

Carlos Osoro (Castañeda, Cantabria, 16 de mayo de 1945) recibe hoy la birreta de color púrpura en una ceremonia solemne a las once de la mañana en la Basílica de San Pedro de manos del Papa Francisco, quien ha nombrado trece nuevos electores al colegio cardenalicio, así como otros tres cardenales mayores de 80 años, a título honorario. Apenas unas horas antes, Osoro nos atiende para esta entrevista. No se le ve nervioso. El arzobispo de Madrid y quien fuera prelado de la Diócesis de Oviedo recibe y despide con un abrazo y no duda en quitarse importancia. «No soy ninguna persona especial ni tengo unas cualidades particulares», dice, mostrando una gran sintonía con Francisco en su forma de concebir la Iglesia: «No hay que descartar a nadie ni tener una mirada crítica, sino de acogida y afecto».

Pregunta obligada, quizás con respuesta previsible, pero ¿esperaba usted esta noticia desde Roma?

Sinceramente, no. De verdad que jamás he esperado grandes nombramientos en mi vida. Lo único que he querido siempre es ser sacerdote, desde joven. El Señor me dio todos los medios necesarios para descubrir que su llamada era cierta para entregarme a los demás.

¿A dónde volará su pensamiento cuando el Papa le imponga la birreta y el anillo?

Mi cabeza volará directamente a Dios nuestro Señor para darle gracias, de verdad y de corazón. Él me ha dado mucho, pero con el encargo de que yo reparta también mucho, que no lo guarde para mí mismo, que haga partición con los demás.

¿Y habrá otro hueco en ese pensamiento?

¡Claro! Volveré a los orígenes de mi vida cristiana, allá, en mi tierra. A mis padres, que fueron mis primeros catequistas. Me enseñaron a hacer la señal de la Cruz, las primeras oraciones. Tendré en mi cabeza a toda la gente con la que he vivido y con la que he fraguado mi existencia.

¿Dónde sitúa los primeros y mejores momentos?

En los primeros años de mi vida tuve experiencias muy bonitas que me han marcado, especialmente en mi familia, en la que siempre me he sentido muy querido. Hemos estado siempre muy unidos, con mis padres y mis hermanos, en un hogar donde nos enseñaron a querernos. Recuerdo que mucha gente se admiraba de cómo vivíamos, de cómo era nuestra relación. No es algo que relato para quedar bien, sino que tengo como aval el testimonio de tanta gente que percibió ese amor fraterno.

Cuando en un camino que desde fuera parece casi de rosas aparecen espinas, ¿cómo las afronta?

Subo con mi mente a las montañas, desde donde ves todo con mejor perspectiva.

¿Qué le preocupa a Carlos Osoro?

Me preocupan las personas que no logran salir del paro, que viven en la inseguridad, que no llegan a tener lo necesario, lo mínimo para una vida digna. Me encuentro ahora en Madrid con muchos jóvenes que llegan a buscar trabajo, que han tenido que abandonar a los suyos para encontrar una forma de vida. Incluso aquí, en Roma, me encuentro a jóvenes de nuestra tierra luchando para salir adelante, y me duele.

Usted siempre con la palabra 'jóvenes' por delante.

No crea. También me preocupan mucho las personas mayores. Mire, la sabiduría nos la dan nuestros mayores, pero la fuerza la tienen los jóvenes y todos debemos esforzarnos más allá del límite para darles esas posibilidades a las que tienen derecho. Que seamos capaces de darles esos medios que nos les obliguen a abandonar su vida en su tierra, y que si salen, que sea porque quieren buscar otros horizontes, no porque les expulsamos de alguna manera.

¿Qué ha visto el Papa en usted?

No lo sé, pero siento un agradecimiento especial a Dios en primer lugar, porque se vale del Papa para mostrarme ese cariño con esta elección que es importante para servir a la Iglesia y ayudarlo. Yo no soy ninguna persona especial, no tengo unas cualidades particulares. Sí es verdad que siempre he sentido un amor inmenso a la Iglesia, que nos pide permanentemente que volvamos la mirada hacia el Señor: es la única forma de atravesar todas las situaciones, también las tempestades, si es que surgen. Pero siempre haciendo la travesía sin descartar ni eliminar a nadie. Debemos adoptar la manera del Señor de mirar a los hombres. Una mirada no crítica, sino de acogida y afecto.

A diferencia del Consistorio anterior, en este no habrá un encuentro previo con el Papa para que los cardenales muestren sus inquietudes. ¿Lo echa en falta?

No echo en falta nada. Lo más precioso es encontrarnos junto al Señor en el Año de la Misericordia. Tenemos además muchos momentos para poder hablar. Con el Papa se puede hablar libremente siempre.

Esta semana ha salido a la luz una carta de cuatro cardenales en la que manifiestan a Francisco sus dudas ante la readmisión a los sacramentos en algunos casos para los divorciados que se han vuelto a casar. ¿Se aplica sin problemas en España 'Amoris Laetitia', el texto que introduce este cambio?

Se está aplicando por todos de manera parecida. No tengo noticias de ningún tipo. Por otra parte, creo que al Papa hay que decirle las cosas en su momento a nivel personal y no hacen falta cartas. Él nos escucha a todos.

Pero esos cardenales dicen que el Pontífice no les respondió.

Yo creo que siempre responde. No puede haber mayor respuesta que 'Amoris Laetitia', donde nos alienta a salir al camino real en el que están viviendo nuestras familias. No al que nosotros quisiéramos, sino al real.