El Comercio

«La voluntad de Podemos de hacerse con el PSOE es trotskista»

Gustavo Bueno Sánchez, durante la ponencia.
Gustavo Bueno Sánchez, durante la ponencia. / PABLO LORENZANA
  • Gustavo Bueno Sánchez ofreció la ponencia 'Cien años de Trotski en España' en la Escuela de Filosofía de Oviedo

«El trotskismo sigue vivo». Esa fue una de las afirmaciones que defendió ayer Gustavo Bueno Sánchez durante una ponencia que ofreció en la Escuela de Filosofía de Oviedo, titulada 'Cien años de Trotski en España', «una cifra redonda» y, además, exacta, ya que, como explicó, «hace cien años Trotski estaba físicamente en España, donde permaneció un par de meses».

«Le habían echado de Francia y estuvo primero en Madrid y luego en Cádiz, un viaje a raíz del que escribió un libro, que se tituló 'Mis peripecias en España' y que aquí se publicó en el año 29», explicó el director de la Fundación Gustavo Bueno.

Así que, con ese periplo como punto de partida, Bueno Sánchez ofreció un repaso a la historia del trotskismo en España, una doctrina que, según sostuvo, sigue muy presente en algunas de las actuales formaciones políticas.

Por ejemplo, defendió, «una parte de Podemos es heredera directa» de la tendencia desarrollada por León Trotski, que, en términos generales, representa una contraposición a la visión que aplicó Stalin del marxismo-leninismo. Y la prueba más palmaria, añadió, «son movimientos como Izquierda Revolucionaria». Corrientes, en suma, que «reivindican a Trotski como anticomunista y antitotalitario desde un izquierdismo controlable». «De hecho, el entrismo, la voluntad de Podemos de hacerse con el PSOE, o la absorción de IU son muy cercanas al trotskismo», aseguró Bueno Sánchez, quien aseguró, asimismo, que la figura del revolucionario que postuló el entrismo en las organizaciones de masas de orientación socialdemócrata «hubiera quedado más o menos olvidada si no hubiera sido por la Guerra Fría».

Fue entonces cuando uno de los organizadores clave de la Revolución de Octubre, que permitió a los bolcheviques tomar el poder en 1917 en Rusia, posteriormente asesinado por Ramón Mercader, fue rehabilitado por Estados Unidos, que, «con el objetivo de hacer campaña contra Stalin, recordó que pocos años antes había mandado matar a Troski, algo que se había mantenido más o menos olvidado».

Una estrategia de ataque narrada por Julián Gorkin en el que «se le empieza a presentar como una víctima y a promocionarle entre elementos de la izquierda para hacer daño al comunismo».