El Comercio

Así avisa el cuerpo de un infarto al corazón

Así avisa el cuerpo de un infarto al corazón
  • Conocer los síntomas y saber cómo actuar puede salvar la vida de la persona que lo sufre

Casi a diario repetimos aquello de “hoy me va a dar un infarto”. El ritmo acelerado de vida lleva a muchas personas a sentir ansiedad y angustia. Es como si les faltase el aire para respirar, pero el berrinche del día por sí solo no suele desencadenarlo. Básicamente, un infarto es la muerte de parte del músculo del corazón y se produce cuando el riego sanguíneo es insuficiente debido a la obstrucción de una arteria coronaria.

Como en otras enfermedades, no hay síntomas que sean absolutamente inequívocos. Es más, no se manifiesta sintomáticamente de la misma forma en todas las personas. “En contra de lo que se piensa, la medicina no es una ciencia exacta, es biológica y, por tanto, probabilística. Raramente llegamos a afirmar nada con una seguridad del cien por cien. Lo que hacemos es afirmar con probabilidades cada vez mayores”, expone Eduardo de Teresa, que es catedrático de Cardiología de la Universidad de Málaga (UMA) y director de la Unidad de Gestión Clínica del Corazón del Hospital Clínico Universitario de Málaga.

Hechas estas salvedades, hay una serie de síntomas que alertan de un posible infarto. Conocerlos y actuar a tiempo, puede salvar una vida:

1- Dolor opresivo

El síntoma capital en un infarto de miocardio es el dolor. Es típico porque se da en la mayoría de las ocasiones, “aunque no siempre que se tenga tiene por qué ser un infarto”, precisa De Teresa. Asegura este doctor que el paciente lo percibe más como una opresión que como un dolor localizado. “No es como si le pegaran una puñalada, sino más bien como sintiese un gran peso en el pecho”, ejemplifica. Esta opresión se localiza típicamente en el centro del tórax, no encima del corazón y en el lado izquierdo como en ocasiones se piensa. “Esto no significa que si aparece en otro lado no pueda ser un infarto”, insiste.

2- Extensión a otras zonas

Es un dolor que se puede extender a otros sitios, lo que se denomina irradiación del dolor, hacia el brazo y/o el hombro izquierdo, aunque a veces también se puede ampliar hacia otras zonas, como el brazo derecho, parte alta del abdomen o el cuello.

3- Localización difusa

Es un dolor difuso, no localizado en un punto concreto del cuerpo. Se define normalmente con la palma de la mano abierta para indicar dónde duele y suele prolongarse en el tiempo. “Hay una forma menor de enfermedad coronaria, que es la angina de pecho que es más leve y aparece en algunas circunstancias, como cuando se hace ejercicio, pero que desaparece cuando esa circunstancia también lo hace”, explica. Ésta suele durar minutos, mientras que un infarto de miocardio dura más tiempo.

4- Sensación de algo serio

En el caso del infarto de miocardio, no suele haber un desencadenante claro, pero suele ir acompañado de la “sensación subjetiva que tiene el paciente de que aquello es algo serio”, describe De Teresa.

5- Otros síntomas

El infarto puede ir acompañado de otros síntomas, como la sensación de náuseas, vómitos, sudoración, angustia, falta de aire para respirar y por lo general es un dolor que no se alivia con ninguna maniobra, ni cambio de postura, ni tosiendo y tampoco suele tener relación con la ingesta de alimentos.

Población

“Si esta sintomatología clásica se da en personas con unos factores de riesgo, lo normal es adscribirla a un problema coronario, de ahí la importancia de saber quién tiene ese perfil de riesgo”, asegura el catedrático de la UMA. Suelen ser personas de edad media avanzada: hombres por encima de los 45 (aunque una mayoría sufre el infarto a más edad, sobre los 60) y mujeres, sobre las que existe el falso mito de que tienen el corazón más protegido, a partir de los 55 y tras tener la menopausia.

Factores de riesgo

Son cuatro: el tabaco, la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto. Cuantos más factores de riesgo sume uno, mayor será la probabilidad de que tenga un problema coronario. “Esto no significa que quien tenga todos los factores de riesgo vaya a sufrir necesariamente un infarto ni quiere decir que quien no los tenga esté completamente protegido y a salvo de sufrirlo”, indica.

La probabilidad de tener estos factores de riesgo está muy ligada a la obesidad, a su vez directamente relacionada con la alimentación y la actividad física. “Hay que comer adecuadamente, mantenerse en una peso adecuado y hacer ejercicio de forma regular (andar, montar en bici, subir las escaleras...). Estar físicamente activo es lo mejor que puede hacer uno para estar bien en el futuro”, declara.

¿Qué hacer cuando hay síntomas de infarto?

Ante la sospecha de un infarto de miocardio, lo que hay que hacer es buscar atención médica cuanto antes, es decir, desplazarse a un entorno donde se pueda tratar la crisis. Los problemas surgen en ese intervalo hasta que se llega al hospital, porque en los primeros momentos de un infarto de miocardio puede haber inestabilidad eléctrica que dé lugar a arritmias graves. “Una arritmia es una alteración en el ritmo del corazón, que ocupa un espectro altísimo. Todos tenemos arritmias, pero en el transcurso de un infarto puede haber arritmias malignas, como la fibrilación ventricular. Si se produce, el corazón se para, aunque es una arritmia fácilmente revertible: si le damos un choque, esa persona que se muere, resucita porque recuperamos el corazón”, describe De Teresa.

Por eso, asegura este especialista, cuando uno tiene sospecha de que se está sufriendo un infarto, tiene que buscar asistencia médica en un sitio donde, si tiene esa complicación, se le pueda dar el choque. “En la práctica a veces es complicado, porque no se sabe bien qué es lo que está ocurriendo o se acude a donde no se tiene que ir o el hospital está muy lejos o el tráfico se lo impide... Cuando esto pasa, lo ideal sería acercar las medidas de recuperación al paciente, de ahí la importancia de colocar desfibriladores en lugares públicos.

Hay otra razón de peso por la que hay que acudir rápidamente al sitio adecuado y es para salvar parte del corazón. Un infarto es la muerte de parte del músculo del corazón. Éste bombea sangre porque es un músculo que se contrae. Cuanto más trabaja, más alimento necesita. Le llega a través de las arterias coronarias, que son las que alimentan el corazón. Por los factores de riesgo esas arterias se van obstruyendo, aunque también pueden hacerlo de repente por un coágulo de sangre que impida el riego sanguíneo.

Si ocurriese esto, que da paso al infarto de miocardio, esa parte del corazón que está regada por esa arteria coronaria obstruida se queda sin alimentación “y le pasa lo mismo que a una persona que no come: al principio se debilita y al final, se muere”, ejemplifica De Teresa. A diferencia del ser humano que puede pasar varios días sin comer, el corazón no aguanta mucho tiempo porque está continuamente trabajando. “Podría estar sin recibir alimento entre media hora y 6 o 12 horas. Pero no se muere todo el corazón al mismo tiempo. La parte sana sigue bombeando sangre, pero la persona nota dolor y después empieza a morir el corazón”.

Si se libera esa arteria antes de que todo el corazón se haya muerto, se salvará una parte y lo que ocurra con esa persona a largo plazo dependerá de cuánto corazón se le haya muerto. Si ha sido una muy importante, el resto no será capaz de hacer todo el trabajo. Si el infarto ha sido muy pequeño, el corazón se quedará prácticamente como al principio.