El Comercio

Trucos para repeler al agresor

Participantes en el curso de defensa personal realizan un ejercicio ante la mirada del instructor, Constantino Muñiz.
Participantes en el curso de defensa personal realizan un ejercicio ante la mirada del instructor, Constantino Muñiz. / PABLO LORENZANA
  • «Viene bien para hacer ejercicio y saber cómo actuar en ciertas circunstancias», recomienda un participante del taller

  • La Asociación de Reservistas da un curso de defensa personal en La Tenderina

Es muy probable que en algún momento de su vida alguien lo intente agarrar o pegar. Para neutralizar al agresor, hay que saber. Si no, vale más no hacerse el héroe. Eso es lo que enseña la Asociación ARES de Reservistas Españoles en un taller de defensa personal que se imparte de forma mensual en el Palacio de los Deportes.

«Aprendemos cómo salirse de agarres, esquivar si te cogen, salidas de suelo, algunos golpes... Lo típico para salir de atracos y para protegerse uno», resume Ramón Vega, uno de los habituales de un cursillo que «tampoco es para boinas verdes», bromea sobre la dificultad.

Durante unas tres horas y sobre un tatami, los asistentes, que ayer eran más de una docena, fueron practicando por parejas movimientos con los que repeler a potenciales atacantes. Eso sí, primero se impuso un buen calentamiento de todas las partes del cuerpo, con una carrera en círculo incluida.

Durante la sesión un hombre hizo de agresor voluntario. El monitor le pidió que lo agarrara y luego le explicó cómo defenderse: cruzando los brazos, bajándolos de sopetón y atrayendo al atacante hacia uno mismo, para luego poder golpearlo. En otro ejercicio, simulaban un agarre de muñeca. Para repelerlo, hay varias opciones: coger el otro brazo, girarlo y dar una patada, o dar un pisotón para distraer y luego empujarlo o voltear a los lados.

Quien imparte el taller es Constantino Muñiz, profesor de Educación Física y teniente reservista voluntario desde 2005: «Llevamos ya dos años. Nació para dar nociones de defensa personal al cuerpo de reservista. Luego vimos que era sencillo, eficiente y aplicable a todo el mundo, por ejemplo a las chicas, para la violencia de género».

En el taller, Muñiz enseña una mezcla de distintas artes marciales, en las que busca tanto que sean útiles como fáciles de ejecutar. Gracias a ello es posible, afirma, oponerse a cualquier tipo de agresión: «Intento de estrangulación, sustracción en un cajero o agresión sexual». Unas veces acuden más, otras menos, pero siempre hay gente de todo tipo, «desde jubilados hasta chicas de once años». Y responden bien: «Como las técnicas son muy sencillas, enseguida se quedan con la copla».

Algunos eran ya veteranos, como Enrique Álvarez, que contaba que «ya había hecho kárate, esto viene bien para hacer ejercicio y saber cómo actuar en ciertas circunstancias». Otros venían por primera vez, como Raquel García, que se trajo con ella a una compañera de trabajo, a su hija y a dos niñas más.

«Lo primero es la prevención, una actitud vigilante», indica Muñiz cuando le piden un consejo. Si falla y no sabemos cómo defendernos, «no merece la pena, dé el dinero».