El Comercio

«Yo me veía bien con hombreras»

«Yo me veía bien con hombreras»
  • Boni Pérez, Letrista de Los Locos, guionista y escritor

  • «Hay quienes tienden a hacer chistes sobre los ochenta y otros a idealizarlos, para mí fueron unos años maravillosos»

Escritor, guionista de cortos y de cómic, profesor de Secundaria y por encima de todo, letrista de Los Locos. Boni Pérez (Gijón, 1962) aún tiene los ochenta muy presentes, pero ni vive en el ayer ni mucho menos entona el cualquier tiempo pasado fue mejor. Mira al frente y clama por que la música en directo se haga el hueco legal que merece. Y sigue escribiendo. Él es un hombre de letras.

¿Qué? ¿En los ochenta llevaba hombreras?

No mucho. Creo que tuve una americana de verano que tenía un poco de hombreras, chispeada en blanco y negro. Me acuerdo que la llevé a Madrid cuando aprobé las oposiciones.

¿Y se arrepiente de aquel look?

No. Tampoco eran gigantestas, eran bastante discretas. Yo me veía bien.

Hay quien dice que los ochenta fueron muy duros.

Sí. Hay gente que tiende a hacer chistes sobre los ochenta y otros a idealizarlos mucho.

¿Y usted?

Para mí fueron maravillosos. Entre los 18 y los 25 años todos creíamos que nos íbamos a comer el mundo. Y yo los viví en esa edad. Si me hubieran tocado los noventa diría otra cosa.

Pero los ochenta molan más...

Para mí sí. Los treinta años no son lo mismo que los veinte te pongas como te pongas.

Es profesor del instituto número 1 de Gijón. ¿Sus alumnos saben algo de aquellos tiempos?

Mis alumnos saben poco del pasado. No sé para qué tienen tanto internet si la mayoría busca chorradas. Todavía hace poco, con un texto del libro de Javier Cercas sobre el 23-F, me sorprendieron porque no sabían nada de la Tejerada. Igual teníamos que dar por encima temas medievales y tratar más asuntos contemporáneos.

Es profe de Literatura, pero y si fuera ministro de Educación...

¡Ay Dios! Llevo 30 años y ya pasé por no sé cuantas leyes que lo único que tienen en común es que riman todas en asonante, oe. Necesitamos un pacto educativo. Hay que poner sentido común en lo que se hace y no contar mentiras. Lo que estamos haciendo es poner dedos en las fugas de agua para que no nos llegue al cuello.

¿Prohibimos el móvil en los institutos?

Soy muy poco partidario de las prohibiciones. Prefiero que el chaval lleve su móvil y sepa cuándo lo puede utilizar y cuándo no procede. Me produce pena ver a los chavales salir de clase con esa desazón por el móvil, pero es el signo de los tiempos.

¿Y sus alumnos saben de su pasado musical?

Alguno, por sus padres. Es difícil. Mis alumnos nacieron en 2000.

¿Cómo llega un tipo de 20 años a meterse a letrista de Los Locos?

Con mucha cara. Me gustaba la música, no sabía tocar nada, tampoco cantaba muy bien y conocí fortuitamente a Carlos Redondo en una academia en la que yo daba clases particulares para sacarme unas pelillas. Me lo presentaron. Yo había visto a Los Locos en la Panerona y me gustaron mucho, tenían esa mezcla explosiva de pop de toda la vida con el ramalazo soul. No tenían letras en castellano y le entré y le dije: «Las hago yo».

Pero alguna habría hecho.

No... Pa cantar yo en la ducha.

¿Y cuál fue la primera?

Pues o 'Estás en New York' o 'Recuerda Marrakech'. Creo que esas son las más antiguas.

¿Cómo lo hacían?

Ellos me daban una maqueta con las canciones cantadas en una especie de inglés de La Camocha y yo hacía las letras. Las escuchaba, las aprendía y estaba todo el día haciéndolas, en la calle, en casa, en el autobús... Escribí todas las letras de Los Locos, cuatro LPs y dos maxis, menos una versión.

Supongo que es de los que piensa que no se les valoró lo suficiente.

Sí, son cosas que pasan. Para mí fue una de las mejores bandas que hubo en España, aunque les faltó dar el salto fuera de Asturias. Pero no hay que rasgarse las vestiduras, lo pasamos muy bien. Siguen pasando los años y la gente me sigue recordando por esto. Hice otras cosas: tengo tres libros publicados, participé en montajes teatrales, hice guiones de cortos, de cómic...

Reivindíquese.

No tengo mucho que reivindicar y no me molesta. Es lo más popular que hice y me llena de orgullo y satisfacción, como a cualquier Borbón.

Luego hizo más letras.

Para Felpeyu para los que más. Y también para Silvia Quesada y para su consorte, Alfredo González.

¿Qué tiene de especial escribir letras?

La colaboración. Me gusta mucho interactuar con la gente, aprender y disfrutar del talento de otros. Es más placentero que el trabajo en solitario.

¿Y si llega Enrique Iglesias y le pide una letra? ¿Qué?

No me veo. Si me ofrece una pasta gansa... Pero lo haría por dinero no por gusto.

¿Hay una letra perfecta?

La perfección no existe. Es la muerte.

¿Qué escucha usted?

De todo. Cosas que escuchaba de chaval y procuro asomarme a lo que se hace ahora. Pero ya dejé de comprar discos porque no vivo en un palacio. Y me gusta mucho disfrutar de la música en directo.

¿La ausencia de Carlos Redondo e Igor Medio todavía duele?

Sí. Pero ahora toca recordarlos con alegría. Lo que queda es celebrar el talento de esas dos personas y aprovechar para reinvidicar la música asturiana y las condiciones lamentables que tienen que soportar los músicos. No sé por qué todavía no tenemos una ley que permita que los grupos puedan tocar en pequeños locales.