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Evaristo Villaverde posa en su taxi / Ángela S. Cifuentes

En la piel de los taxistas asturianos

  • ELCOMERCIO.es toma asiento en este transporte público para descubrir el trabajo de los taxistas

Como cada día desde hace 21 años, Evaristo Villaverde se sube a su taxi. Allí se pasa largas horas en busca de una buena jornada. A las siete de la mañana ya está circulando y hay días que a las cinco de la tarde aún realiza algún servicio. Por lo que un taxista debe reunir altas dosis de paciencia y psicología. «El cliente si te responde sí o no, es que no quiere hablar. Oye, que está en su derecho. Es tan fácil como callarse. Pero si el cliente te sigue la conversación, le das palique...Eso es lo que me gusta. Hablar con ellos y que me cuenten lo que quieran», confiesa Villaverde. Sus vivencias dentro del taxi son innumerables, aunque afortunadamente nunca se ha llevado ningún susto. Al preguntarle por el episodio ocurrido el pasado domingo en Oviedo, cuando un taxista fue secuestrado a punta de pistola, a Evaristo se le cambia la cara.« El suceso ha conmocionado al sector. Es un riesgo que corremos todos. Yo gracias a Dios nunca he tenido un incidente similar», confesó el taxista gijonés.

Del call center al punto de encuentro

A 37 kilómetros de Gijón, en Mieres, se encuentra uno de los controles de taxi que existen en el Principado. Manuel Fernández es el encargado de Integra Taxi, una empresa madrileña que hace tres años llegó a la región. «Dentro de Gijón somos los taxis amarillos. Es así como nos conoce todo el mundo», bromea Fernández. Aunque ahora están instalados en Mieres, el call center comenzó en Oviedo. «Tuvimos que adaptarnos a nuestras necesidades y al personal con el que contábamos, por eso decidimos ir a un local más pequeño». La empresa trabaja para diferentes servidores. Dentro de Asturias llevan varias localidades. Cuentan con una flota de 450 taxis y más de la mitad son de fuera de la región. «Llevamos unos 190 taxis asturianos, el resto son de Cáceres, Ciudad Real, Burgos, Alcalá de Henares...», apunta Manuel. La tecnología ha cambiado mucho y no es raro recibir en el call center de Mieres llamadas de Móstoles o de Cáceres, a lo largo del día.

La jornada de trabajo en el call center dura 24 horas, divididas en tres turnos de trabajo, de ocho horas. En Mieres, por el día hay tres personas que reciben las llamadas y por la noche, uno o dos trabajadores. «Adecuamos el número de operadores, al número de llamadas. En total, tenemos catorce empleados». Uno de los turnos que registra un mayor volumen de trabajo es el de la mañana. «Es cuando más llamadas se sacan. Las personas salen de sus casas para coger un taxi y saben perfectamente donde están. En otro horario, en cambio, están perdidos y quien recibe la llamada, tarda más en ubicar a la persona», explica Manuel Fernández. Al día reciben unas 2.500 llamadas. Aunque depende mucho de la jornada. «En Nochevieja se llegan fácilmente a las 6.000, pero es una noche especial». Otro de los factores que influye a la hora de coger un taxi es la meteorología. «Notamos mucho, por ejemplo, cuando llueve en Cáceres».

La tecnología dentro del taxi también ha sufrido una gran revolución a largo de los años. Tras más de dos décadas de servicio. Evaristo ha visto de todo. «Yo me acuerdo que cuando empecé era todo por emisora. Y ahora con un botón lo tienes todo por escrito. No hay ni un ruido», bromea mientras que inicia un servicio. Es un sistema muy moderno que le facilita muchos datos al conductor. Incluso cuando llegas a una parada te dice la posición en la que estás y cuantos tienes delante», comenta Villaverde. Este taxista llegó al gremio de casualidad. «Por aquel entonces, estaba en paro y me encontré con un señor que se jubilaba. Comenzamos a hablar... Y así fue como obtuve la licencia. La verdad que, aunque la crisis nos ha afectado mucho, estoy encantado». Al preguntarle por la ubicación de las calles y si en alguna ocasión duda a la hora de dejar algún servicio. «Estos aparatos modernos te lo dicen todo. No fallan, aunque bueno más o menos después de tantos años delante del volante uno ya se sabe casi todos los recorridos».

La manera de trabajar entre el taxi y el call center es muy automática. El taxista tiene que estar pendiente de la recepción de un aviso de servicio bien por un PDA o por un teléfono. «Antes el cliente escuchaba todo el rato a los recepcionistas. Eso ha cambiado», explica Fernández, desde el local que Inter Taxi tiene en Mieres. En el mensaje el taxista recibe toda la información necesaria para realizar la carrera. «Mandamos la dirección donde tiene que recoger al cliente y si tiene alguna instrucción y también el nombre de la persona que tiene que recoger», hace hincapié el responsable de la empresa, en Mieres. El call center también cuenta con un callejero donde se ve la situación de cada taxi. El sistema manda de forma automática el aviso al taxi que está más cerca del servicio que hay que realizar. «Es tan rápido que en ocasiones llegamos antes nosotros que el cliente a la calle», apunta Evaristo, mientras recibe una mensaje en su PDA. «Nuestra misión es encontrar dentro del callejero el taxi más cercano», comenta una de las recepcionistas.

El tiempo medio de gestionar una llamada son ocho segundos y si la persona no sabe donde se encuentra podemos llegar hasta los treinta segundos. «Cuando nos llaman necesitamos que nos faciliten una dirección real. No vale decirnos estoy donde la tienda tal o la playa no se que», apunta Manuel. El taxi tardaría en llegar a la calle especificada no más de cinco minutos, sino hay ningún contratiempo.

El perfil del cliente puede ser muy variado. El taxi abarcaría todos los sectores. «Nosotros nos movemos por todo un municipio, por tanto pasamos por muchos barrios y calles diferentes. Solemos ponernos en las paradas más cercanas a donde dejamos un servicio, para intentar conducir los menos kilómetros posibles en vacío».

A la hora de preguntar por la presencia de mujeres en el gremio, Manuel nos explica que ha aumentado en un 20%. «A pesar de que ha crecido, se ven muy pocas. En el fondo es una profesión de mucho riesgo. Nunca sabes a quien llevas en el asiento de atrás».

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