El Comercio

El biobanco que nutre la investigación científica en Asturias

El biobanco que  nutre la investigación científica en Asturias
  • La entidad, cuya financiación pende de un hilo, entregó 1.500 tejidos a los investigadores solo el pasado año

  • 800 asturianos donaron muestras de tumores en 2016 al organismo impulsado por Otín

Año 2000. El bioquímico Carlos López-Otín se pone en contacto con Aurora Astudillo para comunicarle la necesidad de crear un Banco de Tumores en el Hospital Central de Asturias. Un germen que ahora, 17 años más tarde, se ha convertido en un biobanco que custodia y cede los tejidos que nutren buena parte de la investigación en el Principado gracias a «la gran generosidad de los asturianos», cuenta Astudillo, su directora científica y jefa de Sección de Anatomía Patológica del HUCA. Los biobancos son esenciales para la investigación, ya que custodian las muestras cedidas por los pacientes para ser usadas, siempre bajo el más riguroso control científico y ético, en proyectos de investigación. Proyectos como el que acaba de colocar al propio López-Otín a la vanguardia de la ciencia y que, ideado para frenar el envejecimiento, ha conseguido 2,5 millones de financiación europea.

El Biobanco de Asturias, que aúna en una sola estructura tres depósitos (uno de tumores, otro de cerebros y el tercero de ADN, plasma y células) es, junto con el animalario, una pieza angular para laboratorios como el que lidera Otín, perteneciente al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo y al Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA). Un equipo integrado por una treintena de miembros que incluyen colaboradores e investigadores post-doctorales y con una línea de trabajo centrada en la Genómica del Cáncer y otra, en el Envejecimiento. Y de esa importancia capital hablan los datos del biobanco referidos al pasado año, cuando más de 800 asturianos donaron varias muestras de tumores a esta entidad. Donaciones que proceden tanto de pacientes vivos como de familiares de personas ya fallecidas y de las que 1.500 fueron a parar ese 2016 a manos de investigadores (11.786 desde 2003).

«Hay familias que nos emocionan porque acuden directamente al banco, como la de una anciana gijonesa que falleció a los cien años con sus facultades cognitivas en perfecto estado, conscientes de la importancia del estudio de su cerebro», cuenta la directora científica de un almacén que custodia alrededor de 25.000 muestras en los sótanos del HUCA, conservadas en congeladores que las mantienen a entre menos 80 y menos 150 grados. Y tan importante como la cantidad es la calidad. Y, por eso, no aceptan tejidos en los que haya pasado más de media hora entre su extracción y su congelación.

Un estricto protocolo garantiza incluso que «los pacientes puedan saber en qué investigaciones se utilizan sus tejidos» y conservarlos para ayudar en su diagnóstico presente o futuro. Pero lo que no está garantizado, revela Astudillo, es la continuidad de este organismo fundamental para la ciencia. Y eso porque «el Biobanco de Asturias es una excepción en el conjunto de las comunidades, ya que es el único que no está insertado orgánicamente en el sistema sanitario» y, por eso, no cuenta con un solo euro de financiación del Principado para pagar las nóminas de sus tres empleados, mientras que en el caso de otros como la propia Astudillo trabajan por amor al arte. «Todo procede del Instituto de Salud Carlos III. Una subvención que se concede cada cuatro años y en la que ya han anunciado recortes del 30%».

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