El Comercio

Un gen nos avisa de que tenemos que quitarnos la ropa

Un grupo de hombres, sin camiseta, en la Playa de San Lorenzo de Gijón.
Un grupo de hombres, sin camiseta, en la Playa de San Lorenzo de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA.
  • Los trucos del organismo humano para mantenerse a salvo si la temperatura exterior sube

No es casual que nos sintamos incómodos con la subida de las temperaturas. Según nlos expertos, el cuerpo humano funciona de una manera óptima cuando la temperatura exterior oscila entre los 18 y los 24 grados centígrados. Si el mercurio se eleva, el organismo se defiende a través de la transpiración, sudando, aunque la respiración y el incremento del ritmo cardiaco también le ayudan a liberar calor.

Si la temperatura se eleva considerablemente, la batalla para enfriarse puede dejar efectos secundarios más o menos graves, desde espasmos musculares, agotamiento a golpe de calor, la peor situación que causa el calor extremo. Cuando la temperatura interna del cuerpo humano asciende de los 36-37 grados a 40, se considera que se sufre agotamiento por calor. Con un grado más, el cuerpo comience a dejar de funcionar y empiecen a fallar los órganos.

A grandes rasgos, las altas temperaturas provocan este efecto en el organismo. Pero curiosamente no todas las personas reaccionan de la misma manera. Por eso, en una sala con la misma temperatura, es fácil encontrar a una persona abanicándose mientras otra se mantiene cómoda con una chaqueta.

La razón por la que algunos soportan mejor que otros el calor está escrita en los genes. Y uno de ellos tiene un papel clave. Es el gen TRPM2 que pone en marcha la señal de calor, necesaria para advertirnos de que debemos refugiarnos en un lugar con una temperatura más fresca o quitarnos algo de ropa.

En un experimento con roedores, publicado en la revista 'Nature', se vio cómo al eliminar este gen, los ratones eran incapaces de distinguir entre temperaturas frías y calientes. Este gen también es el encargado de desencadenar en la piel la sensación dolorosa del calor, como cuando nos salpica aceite hirviendo. Sin embargo, durante el ensayo en el laboratorio, la capacidad para detectar el dolor en la piel no desapareció en los ratones sin ese gen regulador.

Este gen funciona controlando la sensación consciente para detectar el calor, aunque aún no se sabe si también juega algún rol para controlar la temperatura corporal, regulando el sudor y la constricción de los vasos sanguíneos en la piel.

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