El Comercio

«Salvarle la vida a Iván Fandiño era imposible», lamenta el médico

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Iván Fandiño, en el momento de la cogida. / AGENCIAS.

  • El doctor que atendió al diestro de Orduña, que falleció ayer corneado en una plaza de toros de Francia, asegura que las lesiones en hígado, riñón y pulmones eran «irreversibles»

«Daos prisa, llevadme al hospital, me estoy muriendo». Fueron las últimas palabras del matador de toros vizcaíno Iván Fandiño, que falleció ayer por la tarde, a los 36 años, a consecuencia de un paro cardiaco provocado por los graves destrozos que le produjo una cornada de 15 centímetros en la zona costal derecha de un toro de la ganadería de Baltasar Ibán en la plaza de toros de la localidad francesa de Aire Sur l'Adour. «Salvarle la vida fue imposible porque los daños en hígado, riñón y pulmones eran irreversibles», ha asegurado el jefe de servicios y portavoz del hospital 'Layné' de Mont de Marsan, el profesor Poirier, donde fue atendido el diestro.

El trágico fallecimiento del matador de Orduña ha generado una gran consternación en el mundo del toro. Compañeros de ruedo como Enrique Ponce o Alejandro Talavante; políticos, entre ellos el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes; la Casa Real, deportistas como Iker Muniain y un largo etcétera de rostros conocidos han ido expresando sus condolencias en Twitter y han lamentado la pérdida de una «gran figura del toreo».

Al aluvión de condolencias, las de la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, donde estaba confirmado ya para la próxima Semana Grande: «La trágica noticia del fallecimiento de Iván Fandiño en los ruedos, engrandece su figura», la más importante de la historia de la tauromaquia en Euskadi. También ha trasladado su dolor el Ayuntamiento de Orduña, de donde era natural el diestro -vivía desde hace años en un pueblo de Gusdalajara-, y donde será incinerado. Sus restos serán trasladados esta misma tarde al tanatorio de Amurrio (Álava), una vez su familia termine con el papeleo para el traslado del cuerpo. Sus padres llegaron de madrugada a la localidad francesa donde murió y su mujer, con quien tiene una hija que no llega a los 2 años, ha llegado esta mañana.

Tropezó con el capote

La trágica muerte de Fandiño sucedió en el coso de Aire Sur l'Adour. Se lidiaba el tercer astado de la tarde, primero del lote del diestro Juan Del Álamo, de nombre 'Provechito', herrado con el número 53 y cinqueño largo, cuando, tras cambiarse el tercio de varas -el toro tomó dos puyazos-, Iván Fandiño hizo uso de su turno para realizar un quite por delantales. Según palabras del torero retirado André Viard, presente en el callejón de la plaza: «Iván salió airoso del quite y de la cara del toro pero, de pronto, se tropezó, creo que con el capote, y cayó al ruedo. Al instante el toro hizo por él propinándole una cornada en el costado derecho y levantándolo de la arena… Estaba a escasos metros y pude apreciar la cara de dolor del torero. A pesar de que no sangraba abundantemente, me quedé con la sensación de que el percance podía ser serio, grave».

Fandiño fue retirado inmediatamente a la enfermería por los miembros de las distintas cuadrillas. Allí estuvo una hora. Fue entonces cuando se le escuchó decir a su compañero Thomas Dufau: «Daos prisa, llevadme al hospital, me estoy muriendo». El torero fue atendido en primera instancia por los doctores de la plaza. Según palabras de Roberto Martín 'Jarocho', torero de plata que actuaba a las órdenes de Juan Del Álamo, «los médicos no sabían ni qué hacer. Era tal la magnitud de los desgarros internos que, unos a otros se miraban con impotencia... no sabían ni por dónde meterle mano». Martín asegura que el diestro de Orduña mantuvo la consciencia durante un buen rato. «Hablaba. Iván estaba hablando en la camilla, aunque le costaba respirar».

Según fuentes consultadas por EL CORREO, no tardaron los galenos en resolver que era urgente trasladar al torero en ambulancia a un centro hospitalario de Mont de Marsan, capital del distrito, para que intentaran atajar la gravedad de los múltiples destrozos vitales, que afectaban a hígado, riñón y pulmones. Durante el traslado el diestro sufrió dos paros cardiacos y aunque los sanitarios pudieron recuperarlo del primero, no pudieron hacer nada después.

Aunque todavía no se ha emitido ningún parte médico oficial que detalle el alcance de la fatal cornada en declaraciones al diario 'Sud-Oest', el doctor Poirier, que iba con el diestro en la ambulancia en el momento en el que se certificó su fallecimiento, desvela que ni en la enfermería de la plaza ni en el hospital se hubiera podido hacer «nada» para salvarle la vida. «El torero presentaba en el abdomen tres litros y medio de sangre negra, proveniente de las glándulas hepáticas, señal de que el hígado había reventado a causa de la cornada, que también rompió la vena cava, lo que le produjo en severo derrame interno». El médico ha explicado que cuando entró a la enfermería «ya lo hizo prácticamente sin pulso. Era imposible tomarle la tensión arterial de lo débil que la tenía. La muerte era instantánea. Era imposible hacer nada por él».

La sorpresa y desolación por el fatal desenlace golpeó de lleno a sus compañeros de cartel. Así lo relataba el diestro salmantino Juan del Álamo, uno de los indiscutibles triunfadores del último San Isidro. «Iván entró a hacerle un quite a mi toro y, al rematar, se trastabilló con el capote y no lo perdonó. En ningún momento tuvimos la sensación de haber asistido a una tragedia. Iván gritaba, pero nada hacía presagiar este desenlace. Si incluso la corrida continuó hasta que se lidiaron los seis toros», explicaba. «Nos fuimos al hotel con normalidad -prosigue su relato-. Nos habían dicho que Iván había sido trasladado a Mont de Marsan ¡pero nada más!». Fue al salir de la ducha, cuando conoció el fatal desenlace. «Siento un gran vacío. La nada. Imagino que como todos los taurinos y aficionados. Estoy sin palabras. No sé si soy consciente de lo que ha sucedido, de verdad que no lo sé. ¡Qué sé yo lo que siento ahora mismo! ¡Es que es inexplicable!», acertaba a decir con voz quebrada.

Fandiño, considerado como el más destacado diestro de la historia de la tauromaquia vasca, estaba anunciado en los carteles de las próximas Corridas Generales de Abono de la Aste Nagusia de Bilbao -lunes 21 de agosto, toros de Alcurrucén junto a Joselito Adame y Juan del Álamo-. Los aficionados bilbaínos recordarán su último paseíllo en Vista Alegre, el último festejo del pasado abono. Compartió terna con Diego Urdiales y David Mora para estoquear un encierro de Jandilla. Firmó una notable actuación, empastada y de menos a más, frente al enclasado ejemplar que hizo segundo en el orden de lidia. Mientras las mulillas arrastraban al toro, demandó mayoritariamente el público del coso de la calle Martín Agüero el trofeo para el torero, que debió de conformarse con una unánime y cálida vuelta al ruedo.

La muerte de Fandiño es la segunda de un torero español en lo que va de siglo después de la del diestro Víctor Barrio en la plaza de toros de Teruel -el torero segoviano fue mortalmente herido por un toro de la vacada de Los Maños el sábado 9 de julio de 2016-.

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