«Estamos destrozados por el daño ocasionado»

Los servicios de emergencias retiran el vehículo que conducía Rafael Quevedo. /JAVIER ROSENDO
Los servicios de emergencias retiran el vehículo que conducía Rafael Quevedo. / JAVIER ROSENDO

Los hijos del kamikaze que provocó el accidente en el que murió un joven matrimonio cuando viajaba hacia Avilés hicieron público su dolor

E. C. / T. S. J.

Perdieron a su padre en un accidente, pero su dolor se multiplica por el daño causado en el siniestro. Tres vidas rotas, la de su progenitor, Rafael Quevedo, el kamikaze que el viernes entró en dirección contraria en la A-8 en Cantabria, a diez kilómetros de San Vicente de la Barquera, y las de Ana Capellín y David Duque, el matrimonio de veinteañeros que se encontró de frente con su coche cuando viajaba hacia Avilés para disfrutar del cumpleaños de ella.

Antonio José y Víctor, los hijos del conductor que provocó el fatal accidente, se pusieron en contacto con El Diario Montañés para hacer público su pesar por la tragedia y a la vez transmitir sus condolencias a las familias de las otras dos víctimas del suceso.

Sin entrar en más detalles ni hacer otros comentarios sobre lo ocurrido –«gracias, pero no es el momento», contestó Antonio José–, optaron por leer una nota que habían preparado. Afectados por la desgracia, quisieron que los familiares de los chicos que también perdieron su vida supieran que compartían su pena.

«Queremos mostrar nuestro más sentido pésame a las familias afectadas por dicho acontecimiento. Toda la familia Quevedo Argumosa estamos consternados y destrozados frente al daño ocasionado a las familias afectadas. Nos sentimos desbordados por la magnitud de lo ocurrido esa fatídica noche y, si por nuestra familia hubiese sido, esto jamás habría ocurrido», señalaron, para añadir que no encuentran «más palabras para calmar el dolor y sufrimiento que nos causa a todos esta situación».

Esta consternación se extiende por todo su pueblo, Los Corrales de Buelna, a 50 kilómetros de donde se produjo el suceso. Quiso la casualidad que tanto el kamikaze como sus víctimas fueran del mismo municipio de apenas 11.000 habitantes. «Hay tristeza. En todo el pueblo. Eso se siente por la calle, no hace falta hablar con nadie para notarlo», señalaba una vecina al referirse a lo que se está viviendo en esta localidad a raíz del trágico accidente. «Era una pareja más maja, unos críos con tanta vida por delante...», dice a punto de llorar. «¡Qué tragedia!».

Entre quienes los conocían –tanto a unos como a otro– gestos adustos, conversaciones en voz baja y pocas palabras. Muy pocos accedían a identificarse, «porque quien más y quien menos todos sabemos algo de los tres», decía la propietaria de una tienda, «y la desgracia es para todos».

«Mira, a todo el que preguntes sobre la pareja todos te van a decir lo mismo: que los dos son un cielo», señala otra vecina. Y lo dice en presente, como sin querer aceptar lo inevitable. A la puerta de otro establecimiento varias personas hablan en un corrillo sobre el trágico accidente. Como el resto, como todos, sus comentarios sobre el matrimonio son de admiración.

Sobre el tercer implicado, Rafael Quevedo, habla uno de los intervinientes:«No era mal chaval, pero andaba metido en líos...», y concluye: «Todo esto te deja muy mal cuerpo y no te explicas esa terrible casualidad de que tres vecinos de aquí se hayan ido a matar en esas circunstancias tan lejos de Los Corrales».

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