Aceites minerales en la alimentación, ¿un peligro para la salud?

Aceites minerales en la alimentación, ¿un peligro para la salud?

La OCU ha puesto el foco sobre estos ingredientes, que no están prohibidos, al pedir la retirada de varios productos

EFE

No están prohibidos, aunque sí se encuentran en el punto de mira de las autoridades por sus consecuencias negativas para la salud: los aceites minerales protagonizan la última polémica que sacude al sector de la alimentación, a la espera de nuevos estudios sobre sus efectos.

En el disparadero desde hace años, ha sido la organización de consumidores OCU la que ha colocado a estas sustancias en el debate público esta semana al pedir la retirada de tres referencias de la venta en el mercado español: unos cereales de arroz con cacao de El Corte Inglés, unas granolas con avena de Quaker y una pasta para lasaña de la marca Festaiola Agnesi. ¿El motivo? Haber detectado en ellos hidrocarburos aromáticos, un tipo de aceite mineral que puede actuar como "carcinógeno genotóxico", es decir, un agente capaz de producir cáncer a través de una alteración del material genético.

"Que son sustancias contaminantes lo sabemos desde los años 50", explica en declaraciones a Efeagro la catedrática de Nutrición y Bromatología Carmen Vidal, quien, no obstante, aboga por transmitir un mensaje de "tranquilidad" a la población para no crear alarmas innecesarias. Vicepresidenta de la Sociedad Española de Seguridad Alimentaria, insiste en que aunque se trata de un componente nocivo, falta saber con exactitud qué cantidades son necesarias ingerir para dilucidar si existe un riesgo real para la salud.

"Encontrar este componente en un alimento no lo convierte en cancerígeno. Estas sustancias también nos llegan por vía ambiental -por el humo del tabaco o de los coches, pero también de las brasas de una parrilla- y seguramente por ahí estemos expuestos a cantidades mucho más altas que en los alimentos", argumenta.

Precisamente la falta de resultados fidedignos de los estudios existentes llevó a las autoridades europeas a instar a los Estados miembros a "vigilar" en 2017 y 2018 la presencia de "hidrocarburos de aceites minerales" -entre ellos, los aromáticos- en pan, cereales, carne, pescado, helados, pasta, legumbres, embutidos y aceites vegetales, entre otros. "Si se puede evitar su presencia, es mejor evitarlo, pero la clave es la cantidad, y no tiene sentido que demonicemos alimentos mientras seguimos respirando humo de los coches o del tabaco (...) No usamos el mismo rasero", razona Vidal.

Desde la OCU justificaron su petición de retirada por la decisión de las autoridades de Bélgica de prohibir la presencia de estos hidrocarburos aromáticos y de limitar la cantidad de los saturados -una clase de aceite mineral cuyo principal problema es que tienden a acumularse en los tejidos humanos y pueden causar efectos nocivos en el hígado-.

Consultado por Efeagro, un portavoz de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) ha señalado que hace un año ya se publicó una recomendación en la que se reconocía que existe "una posible preocupación sanitaria sobre estos componentes y es necesario recopilar información que permita hacer una evaluación más precisa". "Los alimentos pueden llegar a contener hidrocarburos bien por vía directa a través de los materiales de embalaje, el uso de aditivos y coadyuvantes tecnológicos, lubricantes de la maquinaria empleada en el procesado (...) O bien procedente de la contaminación ambiental", se plantea en dicho documento.

Desde la patronal europea de la industria de la alimentación y las bebidas Food Drink recuerdan que el debate sobre estos aceites minerales "afecta a una gran variedad de alimentos de muchas categorías". Además, han advertido de que estos hidrocarburos "no están regulados en Europa y no existe aún un método de análisis estandarizado, por lo que usando diferentes métodos o equipos los resultados obtenidos varían considerablemente con la misma muestra".

En opinión de la catedrática Carmen Vidal, la clave pasa por no olvidar que "los alimentos ahora son los más seguros de la historia", ya que en el pasado no existían técnicas de análisis tan avanzadas y la comida no se encontraba examinada bajo lupa. "En el ámbito de la alimentación hay una hipersensibilidad social -lamenta- que explica que haya alertas y miedos injustificados".

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