«Tuvimos que hacer agua con la nieve»

Soldados de la Unidad Militar de Emergencias retiran con palas la nieve a la altura de Villacastín. /E.C.
Soldados de la Unidad Militar de Emergencias retiran con palas la nieve a la altura de Villacastín. / E.C.

«Fue toda una peripecia, no teníamos ni comida ni bebida», explican tras tardar más de doce horas en llegar a Madrid

I. VILLAR / S. G. ANTÓN GIJÓN.

El final de las vacaciones universitarias hizo que cientos de estudiantes asturianos se encontraran el sábado de regreso a Madrid tras pasar las navidades con sus familias. En una jornada con precios prohibitivos en los aviones y plazas agotadas en los trenes, fueron muchos los que optaron por el autobús. Pero, como ocurrió con quienes se desplazaban en su coche particular, no contaban con que el viaje desde Asturias hasta la capital les llevaría más de media jornada ante la acumulación de nieve en la AP-6.

Más de doce horas tardaron en llegar a su destino los pasajeros del Alsa que salió a las dos de la tarde de Oviedo y que quedó atascado en plena autopista a su paso por la localidad segoviana de Villacastín. En él había universitarios, pero también jóvenes que regresaban a su trabajo en la capital tras disfrutar de la jornada de Reyes y familias con niños. «Fue toda una peripecia», explicaba uno de los viajeros que tuvo que hacer noche en el vehículo, que no pudo retomar la marcha hasta el mediodía de ayer. «No teníamos comida ni bebida y para beber tuvimos que hacer agua fundiendo algo de nieve», añade este joven avilesino. Aunque la sensación general fue de cabreo, «porque no se puede entender que en una de las principales carreteras del país pueda pasar esto», explica que tantas horas compartidas con medio centenar de personas en un espacio cerrado «obligaba a ratos a tomarse la situación con humor. Incluso hicimos amigos y todo».

La larga jornada también será inolvidable para cuatro jóvenes que compartían coche tras contactar a través de la aplicación 'BlaBlaCar'. Aunque al inicio del viaje apenas se sabían los nombres de sus compañeros de viaje, una noche entera de conversaciones dio lugar «a que nos conociéramos muchísimo», explica la gijonesa Marta Torres. Para intentar que el tiempo, «que se hacía eterno», pasara más rápido, improvisaron juegos como el del ahorcado, que dibujaron en los cristales empañados del coche. La cena la pusieron los 'tuppers' que Marta llevaba para cuando llegara a Madrid.

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