«Asturias es la Andalucía del norte»

Emilio con su guitarra, ahora, y en la película. / PALOMA UCHA
Emilio con su guitarra, ahora, y en la película. / PALOMA UCHA

Emilio de Benito, el guitarrista que interpretó a Albéniz en 'Vicky Cristina Barcelona', se va de Asturias 22 años después de su llegada

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Su vida da para una película. O dos. Con su puntito de drama, su poquito de comedia, su dosis de superación personal, con escenarios vitales dispares y, eso sí, con una banda sonora muy flamenca. Pero es que además Emilio de Benito (Madrid, 1965, criado en Navalcarnero) es un hombre de película, un guitarrista de los que pone la carne de gallina y un tipo simpático que, después de 22 años viviendo en Asturias, vuelve a su casa después de Navidad. La vida, que como dejó dicho Woody Allen en una de sus películas, «tiene vida propia», tiene la culpa.

-¿Usted quién es?

-Yo no soy nadie.

-¡Es el guitarrista de Woody Allen!

-Aquello fue circunstancial. Me sirvió mucho. A partir de la película 'Vicky Cristina Barcelona' me salieron clientes importantes.

-¿Cómo fue aquello?

-Yo hice un casting, me preguntaron si sabía leer música, mentí y dije que sí, me puse a buscar por internet y preparé 'Granada' viendo a Andrés Segovia. La cosa estaba entre ser figurante y actor secundario con interpretación, dependía de si gustaba o no. La líe y les gustó. Grabamos en Avilés y aquello fue una comedia. Tuve que pedir que cortaran porque se me hundía la silla mientras estaba tocando. Luego ya arranqué y todos se quedaron pasmados. Tenía que grabar 45 segundos y grabaron cuatro minutos y medio. Toqué para el Bardem [Javier] y la Rebecca [Hall] . Y al final se quedaron con la interpretación y salí en créditos.

-Y le vino más trabajo.

-Sí, me salió trabajo en Lloret de Mar, hasta me pusieron un ático mirando al mar para mí y mi familia. Y al año siguiente volé como 50 veces: toqué para el director de El Corte Inglés de Barcelona, para Víctor Valdés... La película todavía sigue coleando, pero para mí fue un curro más. Yo flipé mucho más con el logro de tocar en directo en una película. O con trabajar con Norma Aleandro, que hizo una gira por España en la que pedía guitarristas. En Gijón, Avilés y Pamplona actúe con ella y al año siguiente le daban un premio en Almagro y me llamaron a mí porque ella quería que fuera yo quien tocara. Eso es nivelón.

-¿Qué hace un guitarrista flamenco en Gijón?

-Vine aquí deshecho. Con 25 años me metí en la heroína a degüello, así que vine escapando sin saber de qué. A punto estaba de marcharme, estaba pifiadísimo, y según me iba a dar el billete el del Alsa, dije 'no'; y dormí en el albergue de San Lázaro de Oviedo. Me puse a tocar la guitarra, vino una monja a hablar conmigo, y ella me dijo que podía entrar en el Proyecto Hombre. No lo creía. Pasé el mono a pelo, porque no tenía tarjeta sanitaria, y luego entré en Gijón.

-¿Muy duro?

-Bueno. Yo tenía claro que tenía que dejarlo. Me acordé de un amigo que me dijo: «La heroína si no la dejas con 30 años no la dejas». Y hasta hoy, aunque no acabé el programa de Proyecto Hombre porque tuve que ingresar en Villabona.

-¿Cuánto estuvo en la cárcel?

-Año y pico. Me quité todo lo que tenía pendiente. Tenía mala suerte, porque me cogían siempre, tenía muchas causas, pero muy pequeñas.

-¿Por qué no volvió al Proyecto Hombre?

-Lo dejé porque eran casi cuatro años y tenía claro que a la droga no iba a volver. Y a las pruebas me remito.

-¿Y después de renacer, decidió que este era su lugar en el mundo?

-Sí, me había salvado la vida, luego me enamoré, tuve a mi hijo. Y 22 años.

-¿Y por qué se va?

-Ya hace cuatro años que estoy separado. No veo salida: no hay trabajo. Se ha juntado todo. Luego tenía muchos amigos, pero amigos del arte, no de verdad. Y cada vez tengo más nostalgia. Me quiero instalar en Parla, allí tengo a Pepe Núñez, un referente en la guitarra. A ver si me van viendo y poco a poco puedo trabajar en acompañamiento, que es lo que me gusta.

-¿Cómo empezó con la guitarra?

-A los 20 años. Yo era taleguero, de los Chichos y demás. Llegó a vivir a mi pueblo una familia que eran primos de los Carmona, los de Ketama. Yo vi tocar a Juan y en ese momento dije 'no sé lo que me va a costar, pero yo tengo que tocar'. Entonces Juan tenía 17 años; ahora es Juan D'Angelica, estuvo de guardés en casa de Paco [de Lucía] y fue su compadre.

-¿Cuánto pagó por su primera guitarra?

-Cinco mil pesetas.

-¿Y cuántas tiene ahora?

-Dos y una Alhambra, que fue la herencia de mi compadre, un amigo que se murió hace ocho años. Esa se viene para la caja conmigo.

-¿Cuántas ha tenido?

-Mogollón. He tenido muchas y regalado muchas también. Por ejemplo, mi colega Juan, el que me puso la piñata, tenía ganas de una guitarra y se la regalé.

-¿Qué tiene la guitarra?

-No sé. Pero cuando se me rompió la pareja, si no es por la guitarra, la perra y el móvil yo me muero.

-¿Y la eléctrica, qué?

-Ni es lo mío ni lo quiero.

-¿Asturias es guitarrera?

-Hay mucha afición a la guitarra en Asturias. El Presi, en uno de sus discos, tiene una guitarra flamenca que le acompaña por bulerías; Camarón le cantaba a la mina; Carmen Linares, a la recogida de la manzana... La tonada y la seguiriya son muy parecidas. Para mí Asturias es la Andalucía del norte.

-¿Cuál es su mito?

-Paco. Paco es Dios, ha llegado a todos los músicos del mundo. Luego, Vicente Amigo es el poeta de la guitarra; Manolo Sanlúcar, el sabio; Gerardo Núñez, el alma y la técnica; Tomatito, el inquieto.

-¿Y usted?

-¡Yo no tengo na! Quizá el poder de transmisión. Si alguien me dice «eres un virtuoso», yo digo «un virtuoso del sentimiento».

-¿Un sueño?

-A mí me gustaría ir viviendo de esto, que me llamen unos y otros, e ir comiendo.

-¿Y salir fuera de España?

-Sí, me apetece. Igual me voy al sur de Francia en verano. Yo nunca he salido de España.

-¿Qué le gusta de Asturias?

-Todo. Hasta el orbayo... Echaré de menos muchas cosas.

-¿Su hijo no toca la guitarra?

-Un poquito. Es un máquina. Pero no quiero que sea artista. ¿Pa qué? ¿Pa pasar fatigas?

-Y alegrías...

-También. Pero son efímeras. Que a la gente le llegue lo que haces es emocionante. Recuerdo una vez que tuvimos una ovación de diez minutos en un bar de El Natahoyo.

-Tiene usted vida para escribir un libro.

-Ya lo he escrito: 'La historia de un hombre debajo de una guitarrilla'. Hay que corregirlo, y ¿qué sé yo? Si me lo editan, bien, y si no preparé unas copias para venderlas yo en los conciertos.

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