Atwood, contra el movimiento #MeToo

Margaret Atwood. /  REUTERS
Margaret Atwood. / REUTERS

Catherine Deneuve se disculpa con las víctimas de abusos sexuales, pero rechaza que «todo el mundo tenga derecho a juzgar y condenar»

ISABEL URRUTIA CABRERA BILBAO.

El movimiento #MeToo (Yo también) se ha encontrado con la resistencia de un sector de mujeres, tanto novelistas como actrices y periodistas, que alertan de los peligros de crear un ambiente de delación más propio de una 'caza de brujas' que de una sociedad moderna capaz de defender a las víctimas de agresiones sexuales mediante un sistema de justicia del siglo XXI. «La idea de que alguien ya es culpable porque se le acusa no es nada nueva. Se ha aplicado durante la Revolución Francesa, las purgas del estalinismo en la URSS, el periodo de la Guardia Roja en China, la dictadura argentina y los primeros días de la Revolución iraní», reflexiona la veterana novelista canadiense Margaret Atwood en un artículo publicado en 'The Globe and Mail'.

Activista por la defensa de la naturaleza, de los derechos humanos, de la libertad expresión, del feminismo y hasta de la identidad canadiense (frente a la estadounidense), es una autora que nunca ha dejado de estar en la pelea. Eterna candidata al Nobel de Literatura, a sus 78 años disfruta de un momento especialmente dulce, con el éxito de las adaptaciones a la pequeña pantalla de sus obras 'Alias Grace' y 'El cuento de la criada'.

En su artículo, titulado irónicamente 'Una mala feminista', recuerda que «las mujeres somos seres humanos, con toda la gama de comportamientos santos y demoníacos que esto conlleva. Las mujeres no son ángeles, no son seres incapaces de hacer maldades. Si lo fueran, no necesitaríamos un sistema legal». A su juicio, la corriente #MeToo es síntoma de «un sistema legal roto, por eso se recurre al linchamiento en las redes sociales».

El fenómeno nació en Estados Unidos hace tres meses, con motivo de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine y ejecutivo Harvey Weinstein. La actriz Alyssa Milano animó a las mujeres a tuitear sus experiencias para demostrar la «naturaleza extendida del comportamiento misógino». Desde entonces, han caído en desgracia Kevin Spacey y Geoffrey Rush, entre otros actores, así como directores musicales de la talla de Charles Dutoit.

La semana pasada, más de cien personalidades francesas, con Catherine Deneuve a la cabeza, firmaron un manifiesto para poner en valor «la libertad de importunar de los hombres», incluso en el sentido físico, porque, en su opinión, es indispensable «para salvaguardar la herencia de la revolución sexual». La polémica estaba servida y les llovieron las críticas. Deneuve no ha dudado en disculparse ante las víctimas de abusos sexuales -«por si se han sentido agredidas por el manifiesto»- pero mantiene su postura en un artículo aparecido en 'Libération': «No me gusta que todo el mundo tenga el derecho a juzgar y condenar». La actriz huye del «efecto rebaño» y recalca la importancia de «la educación como remedio y única solución».

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