Los Bancos de Alimentos cargan contra la Tomatina

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El Ayuntamiento reitera ante las críticas por desperdicio de comida que las 160 toneladas de tomates que se lanzan no son aptas para el consumo humano

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Crece una nueva polémica con respecto a la Tomatina de Buñol (Valencia) que se ha celebrado con la asistencia de 22.000 personas y bajo unas fuertes medidas de seguridad. El pasado año las voces contrarias a este evento surgían de las redes sociales de Nigeria, ya que consideraban esta fiesta un desperdicio de comida, sobre todo porque en ese país una plaga de polillas produjo escasez de tomate.

En esta ocasión, las críticas provienen de nuestro país y, en concreto, de la Federación de Bancos de Alimentos. Así, su presidente, Nicolás Palacios, ha criticado el «despilfarro» que, a su juicio, supone la fiesta que se ha celebrado este miércoles en la localidad valenciana de Buñol, en la que los participantes han lanzado en una hora 160.000 kilos de tomate.

Según publica ABC, Palacios declaró a Servimedia que su entidad «lucha contra todo tipo de despilfarro de alimentos y consideramos que esta celebración es un poco despilfarro». El responsable de Fesbal señaló que su federación no tiene nada en contra de este tipo de divertimentos, pero vería con agrado que se buscara una alternativa al empleo de tomates para acabar así con este desperdicio alimentario.

Sin embargo, las 160 toneladas de hortalizas que han teñido de rojo Buñol no son aptas para el consumo. Una empresa de Castellón llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento para destinar a la fiesta los excedentes de tomates del tipo pera que no son aptos para el mercado que antes se desperdiciaban. Este año, además, es el primero de los últimos siete en el que no ha aumentado la cifra de tomates que se utilizan en la batalla festiva.

Las organizaciones detractoras de una de las fiestas más internacionales de cuantas se celebran en España recelan de estos argumentos.

Por contra, según José Ramón Mechó, gerente de la cooperativa La Llosa que distibuye la «munición» que se emplea en la fiesta, se trata de tomates pera tradicionales, que se plantan en abril y se empiezan a recolectar en julio y agosto, y que no valen para su venta en el mercado, de modo que «si no se celebrase la Tomatina estos tomates se quedarían en el campo y el agricultor perdería dinero».

«El único secreto que tienen estos tomates es que están muy maduros, que prácticamente chorrean cuando se cogen con la mano», ha agregado Mechó.

Aumento de los controles de seguridad

Más allá de la recurrente controversia sobre el lanzamiento de tomates, la intensa presencia policial, mayor que en anteriores ediciones, y los controles de seguridad, hasta cuatro consecutivos, a los que han sido sometidos los participantes, ha sido la nota dominante en la presente edición de esta fiesta, condicionada inevitablemente por los últimos atentados de Cataluña.

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