La ciencia ya sabe cuántos secretos nos llevamos a la tumba

Un estudio de la universidad de Columbia (EE UU) ha publicado un estudio sobre las cosas que nunca contamos a los demás sobre nuestra vida personal y profesional

JON URIARTE

La mitad que pecados. Al menos, según la lista oficial de Moisés. Solo cinco. Aunque algunos, si no todos, esconden pecados. En este mundo donde todo lleva etiqueta, fecha y numeración, los secretos no son excepción. Cinco. Ése es el número de asuntos ocultos que nos llevamos a la tumba. Al menos así lo asegura la ciencia. Pero antes de centrarnos en esos compañeros de viaje que nunca nos abandonarán, quedémonos con otras cifras. Hay 13.000 tipos de secretos. Parecen muchos leídos así. Pero no. Echemos cuentas.

De pareja, de trabajo, sexuales, emocionales, económicos, alegales, delictivos...se me ocurren muchos. O no. Según los expertos, se generan cuatro o cinco secretos por semana. Y ahora no me digan que las matemáticas no casan con el dato, porque me niego a darle a la calculadora el fin de semana. Además, si lo pensamos bien, la vida diaria nos obliga a guardar más de uno por jornada. Sea propio o ajeno. No es percepción. Así lo asegura también quien ha estudiado el asunto y que no es otra que la Universidad de Columbia, en EE UU. Nos referimos a unos señores y señoras con muchos títulos que trabajan allí, no al edificio que, de momento, no dice nada.

El caso es que esta prestigiosa gente de birrete y diploma recopiló diez estudios sobre el asunto y cruzaron los datos. Así llegaron a elaborar una lista con los secretos más habituales en el ser humano. Hecho ésto, resumieron los secretos en un total de 38 tipos o temas.Se los contaron a 2000 voluntarios y les dieron cinco opciones:

1-Nunca habían vivido la experiencia.

2-La habían vivido pero no la habían mantenido en silencio.

3-La mantuvieron en secreto durante un tiempo pero luego la revelaron.

4-La mantuvieron en secreto solo para algunas personas.

5-La guardaron en secreto para todos y lo siguen haciendo.

El resultado fue que, de media, cada persona estaba ocultando 13 de estos 38 secretos. Pero si nos ponemos exquisitos, aseguraban que solo cinco de ellos se los iban a llevar a la tumba. Curioso. Porque resulta inevitable pensar qué vivencias, circunstancias o pensamientos guardamos cada cual. Usted por ejemplo, ¿qué secretos guarda? Piense en los suyos. Y no diga que no los tiene. Eso es imposible. A veces no hace falta que sea algo que ha sucedido. Puede ser, como decimos, un pensamiento. O un deseo fugaz y, para usted, vergonzante.

Inclinación sexual

De hecho el estudio añade que la mayoría de los secretos tienen que ver con aspectos relacionados con la sexualidad, con el dinero y con el trabajo. Y más o menos por ese orden. Lo que incluye la verdadera inclinación sexual, que parece algo sorprendente a estas alturas, las corruptelas, lo que nos extraña menos, y las envidias o celos profesionales, que también parece algo más previsible.

Obviamente hubo gente que participó en el estudio y que conocía asuntos delictivos propios o de otras personas que jamás revelarían. Pero los científicos descubrieron que había quien guardaba informaciones aparentemente inócuas. Vamos que no peligraba su forma de vida ni se iba parar el mundo por contarlas. Y este detalle, así es un servidor, me parece el más curioso.

Reconozco que guardo secretos. La razón de la mayoría de ellos es que tienen que ver con alguien más. Son cosas o confidencias compartidas. Por tanto no son hechos individuales ni uno es el dueño de ellos. Si nos ponemos puristas, no son ni secretos. Puesto que al menos hay otra persona que los conoce. Puede ser una intimidad que nos reveló en un momento de debilidad. O algo de los dos.

Secretos de pareja

Más de una vez he discutido sobre esa «obligación» de contar a tu pareja actual quién fue la persona con quien compartiste la famosa «primera vez». Como si no desvelarlo fuera sinónimo de falta de confianza. Error. Ésa es una información que tiene dos firmas. Y ninguna de las dos tiene derecho a desvelarlo por su cuenta. Además, una pareja que no se esconde mútuamente algún secreto es más falsa que los refrescos que no engordan. Porque hay algunos cuya ocultación permiten la paz en el dúo. O no generar peligrosas dudas futuras. Además de algo que resulta vital. El derecho a guardar tus propias intimidades.

Tras pensarlo, 13 secretos me parecen pocos. Guardo en el ámbito profesional y en el personal muchos más. Y tras hablarlo con gente del entorno veo que tampoco es raro. Incluso lo aplaudimos. Dicen que la amistad se mide en la cantidad de secretos que puedes guardar. Y es cierto. De hecho, algunos odiamos a esa gente que se las da de sincera. Como si soltarle lo que piensas a alguien a la cara y sin anestesia, aunque no nos lo pidan o pueda hacerle daño, fuera una virtud.

De hecho, estoy seguro que, de los trece secretos que todos guardamos, muchos de ellos tienen su razón de ser en la intención de evitar el dolor de alguna tercera persona. Y de lo que estoy aún más seguro es que uno de esos secretos es lo que pensamos, pero no decimos, sobre el imbécil que se cree más sincero que nadie. Y ése es uno de los cinco secretos que nos deberíamos llevar a la tumba.

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