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Carlos López-Otín: «Esto representa que para Asturias no está todo perdido. Vamos a salir adelante»

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Carlos López-Otín y Santiago García Granda tras anunciar la financiación. / Álex Piña

  • Un innovador proyecto para frenar los efectos del envejecimiento obtiene 2,5 millones de financiación europea | El trabajo del investigador de la Universidad de Oviedo sitúa a Asturias «en la élite de la ciencia»

Carlos López-Otín (Sabiñánigo, Huesca, 1958), el investigador más laureado de la Universidad de Oviedo, su número uno, recién nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Chile, acaba de hacer historia al convertirse en el primer científico que consigue para la institución académica asturiana un 'ERC Advanced Grant', el más prestigioso programa europeo de apoyo a la investigación de vanguardia. Y eso, gracias a un proyecto para frenar los efectos del paso del tiempo a través del estudio de los mecanismos moleculares del envejecimiento, el santo grial en el que lleva décadas trabajando. En lograr una «longevidad saludable». Porque «no se trata solo de vivir más, sino también de vivir mejor».

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Así que el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular venció ayer el «pudor» que experimenta invariablemente ante los focos y se declaró «muy contento, muy feliz y muy agradecido» por la concesión de «este reconocimiento internacional del máximo nivel» que sitúa a Asturias «en la élite de la ciencia» después de que el proyecto presentado ante el Consejo Europeo de Investigación (European Research Council, ERC) resultase seleccionado entre las más de 2.400 propuestas procedentes de todo el planeta que optaban a una de estas ayudas, destinadas a investigadores seniors de reconocido prestigio mundial con el requisito de que desarrollen su trabajo en Europa.

«Se cumplen treinta años desde que vine a Asturias, treinta años trabajando todos los días de mi vida, y me parece muy simbólico que obtengamos este reconocimiento», empezó el bioquímico, que admitió que estamos ante «uno de los momentos más importantes» de su trayectoria científica, porque, además del «prestigio» que supone, la financiación que recibirá la Universidad de Oviedo para el desarrollo del proyecto ascenderá a 2,5 millones de euros.

«Este tipo de proyectos llama la atención porque es mucho dinero. Normalmente, a los grandes centros les parece bien, les parece lo adecuado, pero a nosotros, acostumbrados a la austeridad, nos parecen muchísimos recursos. Y de esos recursos un 21% va directamente a la Universidad, que puede gestionarlos e impulsar de manera transversal otros proyectos de investigación», explicó López-Otín, quien reconoció que nunca en su vida «había tenido dos millones y medio de euros juntos».

Y si importante es para la institución académica, «porque resulta casi imposible que las universidades españolas reciban estas ayudas», no menos relevante es para Asturias, dijo, «porque representa el mensaje de que no está todo perdido. De que todavía unos cuantos estamos convencidos de que vamos a salir adelante en un periodo de grandes dificultades».

Dificultades que, en el caso de López-Otín, se convierten en oportunidades. «Nunca había optado a esta convocatoria. Es verdad que muchas veces me habían insistido, pero no es fácil. Hay que dedicar una atención enorme y exclusiva durante mucho tiempo. Así que solo cuando la situación era muy débil para el sostenimiento de nuestro laboratorio no nos quedó otro remedio», desveló el científico, quien, desde el momento en el que tomó la decisión, se aisló «durante semanas enteras, sin salir nunca. Simplemente, dedicado a escribir». Y el resultado es que «cada línea de este proyecto está pensada mil veces para que represente un avance que suene a futurista pero que, al mismo tiempo, sea factible, porque el nivel de escrutinio y de evaluación de estos trabajos es demoledor».

Un proyecto «confidencial» que ha denominado 'Deconstructing Ageing: from molecular mechanisms to intervention strategies' ('Desentrañando el envejecimiento: de los mecanismos moleculares a las estrategias de intervención') y que, según reveló, parte de la hipótesis de que el envejecimiento deriva de una combinación de deficiencias celulares intrínsecas y extrínsecas que conducen a la pérdida de la armonía molecular necesaria en los procesos biológicos.

«Se trata de un proyecto muy innovador, muy arriesgado, que parte de la experiencia acumulada en el estudio durante muchos años de las conexiones entre el cáncer y el envejecimiento y que explora de una manera amplia, integradora, un problema universal, porque todos los humanos envejecemos y esto en Europa es un problema capital», defendió López-Otín, quien recordó que «hoy, por primera vez en la historia del conocimiento y de la ciencia, hay aproximaciones sólidas hacia estos conceptos». Aunque, «al mismo tiempo, muchos se aprovechan y tratan de decir lo que no es, de exagerar, de alimentar incluso falsas esperanzas».

Y, consciente de que es preciso integrar múltiples enfoques para comprender los mecanismos subyacentes a este fenómeno, el investigador ha planteado una propuesta multidisciplinar organizada en torno a tres objetivos.

El primero de ellos guarda relación con que «el envejecimiento tiene varias dimensiones y una es la que afecta a las células, que se dañan con el paso del tiempo, van acumulando daños. Se llaman defectos intrínsecos y estos serán los primeros que se estudiarán: qué daños hay, cuáles son las alteraciones en el genoma, en el epigenoma, en el metagenoma».

En segundo lugar, se estudiarán «los mecanismos sistémicos o extrínsecos. Esto significa que no solo importa que las células se dañen. También importa mucho la comunicación: los daños de unas células hacen que se traslade información incorrecta de una a otra y, así, se producen defectos en la comunicación celular. Eso provoca que, por ejemplo, no me envejezca una mano sí y otra no, sino que se produzca una sincronía. Y, si encontramos cuáles son las claves que subyacen, podremos encontrar formas de intervenir sobre ella. Porque es más fácil intervenir sobre un proceso sistémico, general, que sobre todas y cada una de las células que están afectadas en un tejido concreto al que a lo mejor es difícil acceder».

Finalmente, la última etapa pasa por buscar fórmulas de intervención terapéutica y utilizar modelos de envejecimiento prematuro. «Tanto en humanos, en pacientes que acuden a nuestro laboratorio en busca de las causas de sus enfermedades, como en modelos vivos de distintos tipos (ratones y otros) que tienen la peculiaridad de que envejecen muy rápido y así los experimentos se pueden hacer en un tiempo razonable. Porque un problema muy lógico es que los investigadores vamos envejeciendo al mismo tiempo que el objeto de investigación y, cuando llegamos al final, ya estamos a punto de jubilarnos si no es que ya nos ha jubilado el sistema», bromeó.

Carlos López-Otín contará en su arsenal con «las tecnologías más avanzadas de secuenciación genómica, epigenómica y metagenómica, comparando organismos de vida corta con organismos longevos». Y, en paralelo, utilizará técnicas de última generación «como la reprogramación celular o la edición genómica, que permitirán explorar las posibilidades de revertir los daños moleculares causados por el paso del tiempo».

Una «aventura» apasionante en la que, «a partir de ahora, lo que importará serán los resultados», consciente como es de que, fuera del laboratorio, «pacientes concretos esperan a tener respuestas concretas».

Una «invitación a seguir trabajando día y noche durante los próximos seis o siete años» en una lucha sin cuartel. «Porque muchas de las enfermedades que hoy nos abruman siguen siendo el resultado de los daños que acumulamos en las células con el paso del tiempo. Y, si logramos entender los mecanismos e intervenir sobre ellos, estaremos no extendiendo la longevidad de una manera banal, sino consiguiendo una salud mejor, que es el objetivo de las sociedades actuales».

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