El Comercio

La lucha contra el paso del tiempo, un reto global

La lucha contra  el paso del tiempo,  un reto global
  • Carlos López-Otín ha desmontado algunos mitos y ha concluido que la reducción de la ingesta calórica puede resultar beneficiosa

«No podemos aspirar a la inmortalidad, sino a la posibilidad de que la vida sea un poco mejor para todos». La frase es de Carlos López-Otín, que ha dedicado buena parte de su carrera a desentrañar las claves del envejecimiento. Una aventura en la que están embarcados investigadores de todo el planeta que han ido avanzando en diferentes rutas que recientemente confluyeron en el mismo punto a través del artículo 'The Hallmarks of Aging', publicado en la revista 'Cell'.

«Había llegado el momento de presentar de manera organizada y comprensible las claves moleculares de un proceso todavía muy incomprendido, pese a los miles de artículos publicados cada año sobre él», abundó entonces Otín, que acaba de desmarcarse ahora con un ambicioso proyecto con tres pilares que ya ha pasado durísimas cribas.

Un empeño con el que este hombre que se levanta siempre antes de las seis de la mañana y que no se pierde una sola sesión académica (él calcula que ha impartido clases a unos 10.000 asturianos) lidia sin descanso, puesto que solo entendiendo y combatiendo el envejecimiento se podrá luchar contra el cáncer y con otras patologías de gran incidencia en el mundo desarrollado como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y las neurodegenerativas como el Alzheimer. Y es así porque el envejecimiento resulta del daño en el ADN a lo largo de la vida.

Desde este punto de partida, López-Otín ha definido los nueve indicadores moleculares del envejecimiento y además los ha ordenado en tres tipos: primarios (es decir, la causa desencadenante), los que conforman la respuesta del organismo a esas causas y los fallos funcionales resultantes.

También ha explicitado en sus trabajos las cuatro causas primarias del envejecimiento. A saber: inestabilidad genómica (defectos que se acumulan en los genes con el paso del tiempo), acortamiento de los telómeros (capuchones que protegen los extremos de los cromosomas), las alteraciones epigenéticas (de la exposición al ambiente que nos rodea) y la pérdida de proteostasis (la no eliminación de proteínas defectuosas).

Y, de paso, ha roto con algunos mitos. Por ejemplo, no hay ninguna evidencia genética de que aumentar las defensas de antioxidantes retrase el envejecimiento. También ha advertido de que los radicales libres pueden ser dañinos en grandes cantidades, si bien su presencia desencadena una respuesta protectora. Y, aunque no hay confirmación en humanos, sí se advierte que la frugalidad en la alimentación pone en marcha estrategias protectoras, pero, en exceso y con el tiempo, también puede resultar contraproducente.

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