Carlos Allende, el astrofísico asturiano que prueba que la Vía Láctea es casi tres veces más grande de lo que se creía hasta ahora

Este gráfico muestra los nuevos cálculos del tamaño de la Vía Láctea con sus porcentajes de acierto. /
Este gráfico muestra los nuevos cálculos del tamaño de la Vía Láctea con sus porcentajes de acierto.

«Antes se creía que el diámetro de la galaxia era de 80.000 años luz. Ahora sabemos que es de más de 200.000», explica el gijonés

JOSÉ L. GONZÁLEZ

Carlos Allende es de Gijón, «de Pumarín para ser exactos», vive y trabaja en Canarias y, junto a otros científicos, ha sido capaz de describir los nuevos límites de la galaxia. El estudio que firma junto a compañeros del Instituto de Astrofísica de Canarias y del National Astronomical Observatories de Pekín prueba que los confines de la Vía Láctea están mucho más lejos de lo que en un principio se pensaba. «Antes se creía que el diámetro de la galaxia era de 80.000 años luz. Ahora sabemos que es de más de 200.000», explica el científico asturiano.

La materia se organiza en el universo en galaxias, dejando entre ellas espacios de vacío. A su vez, las estrellas se van agrupando en la Vía Láctea creando un disco que, en noches claras, se puede observar con una simple mirada al cielo. «La mayor parte de las estrellas de la Vía Láctea se encuentran en ese disco y es posible calcular la distancia hasta el mismo. Eso nos daba una idea de hasta dónde llegaba, de los límites de la galaxia».

Más allá se creía que había un vacío, pero dos proyectos de cartografía del espacio, el Apogee y el Lamost, han permitido llegar a nuevas conclusiones. Estos telescopios tienen como misión captar datos de diferentes estrellas a través de análisis espectrales. Es decir, captan datos de la luz que emiten las estrellas que permite a los astrónomos describir su composición, tamaño y movimiento en el espacio. «Estos telescopios han sido modificados incluyendo fibra óptica en el foco. Con ese elemento pueden captar luz de muchas estrellas a la vez situadas en diferentes ángulos. El primero hace estudios de 300 en 300 estrellas y el segundo de 4.000 en 4.000», explica el científico asturiano.

Esa enorme cantidad de datos, que las instituciones responsables de los telescopios hacen públicos para el uso de la comunidad científica, es la que permite a los astrónomos definir la composición de las estrellas y deducir después si están o no en el disco de la Vía Láctea. «Hay diferencias químicas entre las que están en el disco y las que no. Cuanto más te alejas del centro de la galaxia, menos elementos pesados te encuentras. Como estos telescopios llevan años trabajando, contamos con cientos de miles de datos que nos permitieron realizar el estudio», afirma Carlos Allende.

Una vuelta de tuerca

El descubrimiento del equipo en el que se integra el científico asturiano permite tener un conocimiento más preciso de la Vía Láctea, el espacio en el que se desarrollan los experimentos más fiables que realizan los científicos. «Esto es dar una vuelta de tuerca más a nuestro conocimiento del espacio. Otras galaxias están demasiado lejos y no podemos distinguir las estrellas que las componen».

El descubrimiento supone para Carlos Allende una doble satisfacción. A la alegría de probar que la Vía Láctea es mucho más grande de lo que se creía se suma el hecho de que haya colaborado en el desarrollo de una de las herramientas que han permitido llegar a esta conclusión, el Apogee. «Estamos muy contentos», remarca.

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