«Es difícil que un investigador se estabilice antes de los 35, pero mi caso es extremo»

Adolfo Fernández, en su oficina del CINN./J. M. Pardo
Adolfo Fernández, en su oficina del CINN. / J. M. Pardo

Adolfo Fernández lleva más de veinte años investigando mientras acumula contratos temporales

José Luis González
JOSÉ LUIS GONZÁLEZGijón

Adolfo Fernández (Sotrondio, 1974) acabó la carrera de Químicas en la Universidad de Oviedo en 1997. Han pasado ya 21 años, ha terminado su tesis doctoral, ha hecho estancias en el extranjero, ha acumulado contratos, ha ganado una plaza de investigador en el Consejo Superior de investigaciones Científicas, pero aún sigue trabajando con un contrato temporal.«Aprobé el año pasado, pero aún no han publicado la resolución definitiva», explica.

El suyo es un caso típico de investigador que lo da todo por la ciencia, pero al que la estabilidad laboral no acaba de llegarle. «Mi generación lo ha tenido más complicado.Durante la crisis salieron poquísimas plazas y la competencia era extrema.Es difícil que un investigador se estabilice antes de bien pasada la treintena, pero mi caso es extremo».

Tras salir de la Universidad, Adolfo Fernández entró en el Instituto Nacional delCarbón con dos becas que le permitieron completar su tesis.Cinco años de trabajo con una asignación económica,«creo que eran 100.000 pesetas», pero sin cotización a la Seguridad Social o derecho a paro. «Ahora son contratos, la situación ha cambiado».

De Oviedo pasó a Francia.Dos años en una institución similar al CSIC, el CNRS, con una beca de investigación en condiciones similares a la que disfrutó enEspaña. «Era más dinero, pero también muchos más gastos.Esas estancias te sirven para madurar mucho como investigador.Allí había mucha gente de otros países te das cuenta de que a los españoles nos tiene en mucha consideración».

En 2006 regresó al Incar y un año después se incorporó al CINN, donde trabaja en la actualidad. desde entonces ha pasado por varios programas como el Clarín o el JAE, contratos temporales de carácter competitivo con condiciones de acceso«bastante restrictivas». Tras pasar por la Fundación Itma, volvió al CINN, donde consiguió una plaza como investigador del CSIC tras pasar un duro tribunal. «Hay que defender tus méritos científicos y demostrar que eres capaz de hacer futuras aportaciones», explica. En octubre de 2017 salieron las listas que le adjudicaban la ansiada plaza, pero hasta que no lo publique el BOE no tendrá efecto.«Cuando vas cumpliendo años y sigues con contratos, te afecta. Hay gente a la que he dirigido que se han marchado de España y están en multinacionales o de profesores de universidad».

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