Los espías asturianos del cosmos

Carlos González, Enrique Diez, Sergio Suarez, Daniel Santos, Francisco Javier de Cos, Fernando Sánchez y María Luisa Sánchez, parte del equipo investigador.
Carlos González, Enrique Diez, Sergio Suarez, Daniel Santos, Francisco Javier de Cos, Fernando Sánchez y María Luisa Sánchez, parte del equipo investigador. / ÁLEX PIÑA

El grupo de Modelización Matemática Aplicada de la Universidad de Oviedo descubre tres planetas y abre el camino a encontrar otro semejante a la Tierra

José Luis González
JOSÉ LUIS GONZÁLEZGijón

El lanzamiento al espacio del telescopio Kepler en 2009 ha permitido localizar más de 2.300 planetas fuera del sistema solar, pero no todos tienen el mismo interés. Los tres que, gracias a este satélite, ha descubierto el grupo de Modelización Matemática Aplicada de la Universidad de Oviedo que lidera Francisco Javier de Cos han hecho que el mundo de la astrofísica fije su mirada en un punto del espacio situado a 2526 billones de kilómetros de la Tierra (267 años luz) con la esperanza de profundizar en un avance «muy relevante» en este campo. «Entre estos tres planetas rocosos hay uno que, en un principio, creímos que estaba dentro de la zona de habitabilidad de la estrella. Aunque finalmente la evolución de la investigación demostró que el planeta estaba demasiado cerca de ella y, por tanto fuera, de la zona habitable. La estadística nos demuestra que en este tipo de sistemas hay un 25% de posibilidades de encontrar más planetas y es posible que alguno esté dentro de la codiciada zona donde la vida es posible», explica el catedrático Francisco Javier de Cos.

El proceso para llegar a descubrir un planeta semejante a la Tierra como el que ha logrado localizar este equipo no es sencillo. El Kepler apuntó durante 80 días a la estrella LP415-17, alrededor de la que orbitan los tres planetas descubiertos por el grupo asturiano. Analizando los datos recogidos por el satélite se dieron cuenta de que había variaciones en la cantidad de luz emitida por la estrella, lo que les permitió inferir que hasta tres planetas estaban orbitando alrededor de ella. «Cada vez que un planeta pasa por delante de la estrella hay una pequeña disminución en la cantidad de luz que recibe el telescopio. Cuando analizamos la curva de luz, supimos que había más de un planeta. Ese es el punto de partida de la investigación», señala Francisco Javier de Cos.

Con la evidencia en la mano, tocaba seguir investigando, descubriendo más características de la estrella y, después, de los planetas. «Se trata de caracterizar la estrella. Cuando sabes su tamaño, temperatura y qué variaciones induce el movimiento de los planetas en su velocidad radial, puedes saber el tamaño y la masa de estos».

«Todos los que se dedican a esto han puesto los ojos allí, pero nosotros levantamos la liebre»

El problema entonces era fiarse de los datos del Kepler, una máquina envejecida que ya ha perdido parte de su funcionalidad. «Le pedimos al Instituto de Astrofísica de Canarias que caracterizase la estrella y con sus imágenes de alta resolución pudimos describir los planetas con más precisión. No me hubiera atrevido a publicar el estudio sin su caracterización».

La colaboración de esta institución que dirige Rafael Rebolo fue fundamental para precisar el descubrimiento, pero también supuso una pequeña decepción. «La estrella es más caliente de lo que pensábamos en un principio y por tanto la temperatura media en la superficie de los planetas también. La temperatura exterior del más similar a la Tierra es de 110 grados», señala el líder de un descubrimiento en el que también han participado la Universidad de La Laguna, la de Ginebra y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Si los datos que ofrece el Kepler están abiertos a toda la comunidad científica, ¿por qué este grupo se ha adelantado en su descubrimiento? La respuesta está en las matemáticas. Este grupo utiliza modelos que les permiten hacer una criba previa, quedándose con un grupo de estrellas con potencial de tener a su alrededor planetas potencialmente interesantes.

El descubrimiento de este grupo, que tiene su sede en la Escuela de Minas de Oviedo, ha supuesto todo un hito en la investigación del espacio que ha hecho que «todos los que se dedican a esto pongan allí sus ojos. Nosotros levantamos la liebre, ahora se trata de observar la estrella más tiempo».

Lejos de estar terminado, su trabajo no ha hecho más que empezar. Tras diez años investigando el espacio y tres en el campo de los planetas, este grupo tiene por delante el reto de descubrir un planeta similar a la Tierra que pueda albergar vida, el objetivo de científicos en todo el mundo. «Ojalá en un futuro podamos descubrir más»,señala Francisco Javier de Cos.

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