«Hay que hacer entender que la investigación no es un gasto, es una inversión»

. Fernando Rubiera, en el Instituto Nacional del Carbón junto a parte de los trabajadores del centro./Pablo Lorenzana
. Fernando Rubiera, en el Instituto Nacional del Carbón junto a parte de los trabajadores del centro. / Pablo Lorenzana

Los investigadores asturianos reclaman mejoras en la financiación y un calendario de proyectos estable

José Luis González
JOSÉ LUIS GONZÁLEZGijón

«La crisis trajo una reducción de las inversiones, pero no es nada nuevo: cuando en este país hay crisis, se reduce la inversión en investigación. Hay menos proyectos, menos dinero para contratar personal...» María Fernández, directora del Instituto de Productos Lácteos de Asturias, uno de los tres centros del CSIC en la región, pone voz a un problema recurrente en Asturias y en España: en tiempos de vacas flacas, la investigación sale mal parada.

Los datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística reflejan que en el año 2009 el gasto ejecutado en Investigación y Desarrollo en la región fue de 370 millones de euros. Desde entonces, no ha hecho más que descender, con un pequeño repunte en 2016 (último año publicado en la serie del INE), cuando se produjo un gasto de 161 millones. «En los años 90 pasó algo similar en cuanto a convocatoria de plazas y proyectos.En cuanto llega la crisis, lo primero que se recorta es la investigación», lamenta Fernando Rubiera, director del Instituto Nacional del Carbón, otro de los centros del CSIC en Asturias.

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La comunidad científica de la región reclama una mejora en la financiación, aunque esperan que esta pase por un pacto de estado que garantice no solo el dinero sino también la planificación a varios años vista. «Hace falta un pacto por la ciencia que, independientemente del partido que gobierne o el presupuesto que haya, garantice un plan cuatrienal», reclama Fernando Rubiera.

No se trata solo de dinero. Los investigadores se quejan de la falta de planificación en las convocatorias de los proyectos de investigación, o los contratos predoctorales, una circunstancia que les provoca numerosos problemas. «Reclamamos una regularidad en las convocatorias, que se sepa cuándo salen los proyectos, los contratos predoctorales. Se dilatan tanto en el tiempo que, a veces, una convocatoria se come a otra», explica José Ramón Obeso, vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo, la institución que aglutina el 80% de la actividad investigadora que se desarrolla en Asturias.

 Ramón Torrecillas, junto a su equipo en las instalaciones del Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología.
Ramón Torrecillas, junto a su equipo en las instalaciones del Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología. / J. M. Pardo

El primer problema que provocan estos retrasos es la planificación. Los proyectos que salen a concurso deberían estar adjudicados, al menos de forma provisional, antes del mes de enero. Con ellos no solo se consiguen fondos para investigar, sino también para contratar.«La adjudicación provisional de este año salió en abril o mayo, cuando deberían haber salido antes de enero para poder empezar a trabajar.Se adjudican con carácter retroactivo, pero tengo a una persona que el 30 de junio se va al paro», explica FernandoRubiera sobre un problema que no se da con las convocatorias europeas. «Publican con antelación, sabes las fechas para presentar los proyectos meses antes y se cumplen los calendarios. Aquí hay que esperar a que unos partidos se pongan de acuerdo con otros». Con estos retrasos, los grupos investigadores que dependen de uno de esos proyectos ven cómo, en ocasiones, «su investigación queda suspendida. Nosotros tenemos una finaciación más diversificada y nos afecta, pero menos», sostiene Fernando Rubiera.

No es fácil dedicarse a la investigación en Asturias. Las dificultades para contratar, para ofrecer estabilidad, provocan la fuga de personal con mucha formación y en la edad de máximo rendimiento profesional.«Hay muchísimo talento por ahí. La mayor parte se ha ido al extranjero, están trabajando, ganando dinero, más del que se gana aquí, y no pueden reincorporarse al tejido investigador asturiano», señala José RamónObeso. Una opinión que comparte Fernando Rubiera. «Ya no es aquello de 'que investiguen ellos', es que investigamos nosotros para ellos».

A la fuga de lo jóvenes se suma el envejecimiento de las plantillas. «Hubo una 'etapa del desierto' en las convocatorias que ahora se empieza a superar. La edad media de los investigadores del Incar es de 53 años.Pero es que en un año se jubilan cinco personas y en tres, nueve», señala Fernando Rubiera.

El director del Centro de Investigación de Nanomateriales y Nanotecnología, Ramón Torrecillas, cree que en la región hay un déficit de «atractivo para atraer talento, tanto en nuestro sector productivo actual como en nuestras instituciones dedicadas a la tarea investigadora». El director de este centro del CSIC cree que es necesario potenciar el número de investigadores competitivos que tengan capacidad para «generar recursos» y reclama a la administración «facilitar» las posibilidades de conseguirlo.

 María Fernández, en uno de los laboratorio del Instituto de Productos Lácteos de Asturias.
María Fernández, en uno de los laboratorio del Instituto de Productos Lácteos de Asturias. / J. Simal

Más financiación y mayores facilidades en la administración para ejecutarla. Pero, ¿en qué invertirla? José Ramón Obeso lo tiene claro.«En recursos humanos, es la mejor inversión que se puede hacer. Hay gente formada, con estancias, en su pico de productividad, y a esa gente hay que contratarla. También hay un déficit de técnicos. No se puede usar el talento posdoctoral en tareas mecánicas de laboratorio».

Lo que todos defienden es que la investigación es la herramienta que permitirá al país dar un salto cualitativo y por eso reclaman un cambio de visión en la sociedad y en el Gobierno. «Hay que hacer entender a los ciudadanos y a los políticos que la investigación es una inversión, no un gasto», señala el vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo.

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