¿Cómo saber cuándo alguien miente?

¿Cómo saber cuándo alguien miente?

El experto en comunicación no verbal Juan Ángel Anta acaba de publicar un libro que ayuda a detectar el engaño a través de las palabras y, sobre todo, de la expresión del rostro y la gestualidad del cuerpo

YOLANDA VEIGA

Una mujer llega a casa y se encuentra la siguiente estampa en la cocina: su marido sujeta al gato del pescuezo con una mano y en la otra lleva un cuchillo. A los pies, un charco rojo. La primera deducción, la que haríamos cualquiera... sería errónea. Porque lo que en realidad ha ocurrido es que al hombre se le volcó un bote de tomate mientras cortaba unas verduras para la cena. Para evitar que el gato pisase el tomate derramado lo sujetó por el cuello con intención de alejarlo de la cocina.

Recurre al ejemplo Juan Ángel Anta, autor de 'Comunicación no verbal y detección de engaño' (Tirant Humanidades), un entretenido y completo volumen con pistas para descubrir al 'mentiroso'. Claves en la expresión, en la gestualidad del cuerpo, en la coherencia entre lo que dicen las palabras y lo que revelan los ojos... para adivinar cuándo nuestro interlocutor está faltando a la verdad. Lejos de ser un pasatiempo, estas cuestiones se antojan fundamentales en investigaciones policiales, por ejemplo, para ir un paso por delante del acusado y detectar cuándo está ofreciendo un testimonio falso. Estas son algunas pautas para que hasta el profano en la materia aprenda a descubir en el otro indicios de engaño.

Las emociones Cómo se manifiestan en el rostro

La forma en que se arruga la frente, se abre la boca, se cierran los ojos... no son casuales ni fácilmente simulables. Anta da algunas pistas (no desvelaremos todas) para saber detectar las emociones simplemente mirando a la cara a la persona que tenemos delante. «Con el rostro expresará esa emoción, tanto si lo quiere como si no».

Alegría: patas de gallo en los ojos, mejillas levantadas, boca abierta mostrando o no los dientes...

Arrogancia: una de las comisuras de los labios tira hacia atrás, ojos que parecen reírse...

Asco: nariz arrugada, cejas levantadas, labio superior levantado...

Desprecio: nariz arrugada en uno de sus lados, mejilla levantada por el mismo lado, boca torcida en diagonal formando una mueca...

Dolor: cejas bajas, ojos cerrados, boca abierta...

Indiferencia: cejas elevadas y arrugas a lo largo de la frente, comisuras de los labios hacia abajo, posibles arrugas en la barbilla...

Ira: cejas bajas y en forma de 'V', pupilas dilatadas, aletas de la nariz muy abiertas...

Sorpresa: arrugas horizontales por la frente, cejas levantadas en forma de arco, boca en forma de 'O'...

Temor: arrugas en el centro de la frente, cejas levantadas y contraídas a la vez, boca entreabierta con los labios tensos o estirados hacia atrás...

Tristeza: arrugas en el centro de la frente en forma de 'V' invertida, comisuras de los labios hacia abajo, boca cerrada en forma de 'U' invertida...

Vergüenza: párpados superiores bajados o semicerrados, ojos mirando hacia abajo, labio inferior que aprieta ligeramente la barbilla provocando arrugas...

Y estas mismas emociones... En el cuerpo

Advierte el autor que la expresión corporal de las emociones «no está probada científicamente» ni tiene la fiabilidad del gesto del rostro, pero la experiencia y el ojo entrenado en la observación le han permitido a Anta establecer algunas pautas que se cumplen con cierta frecuencia.

Alegría: el cuerpo suele estar más distendido y se tiende a abrir las posturas de manos y brazos.

Arrogancia: un gesto típico es agarrarse las manos a la espalda, levantar la cabeza y echar el mentón hacia delante. Eso de pie. Sentado es habitual colocar las manos en la nuca, normalmente con los dedos extrecruzados e incluso poner los pies sobre la mesa (y remite en el libro a una imagen de Aznar y Bush en una reunión con los pies subidos a una mesita).

Desprecio: Anta solo ha identificado un gesto que se repite con cierta frencuencia y consiste en levantar la mano dando un manotazo como si apartáramos algo imaginario de la cara.

Ira: cruzar los brazos o echarse hacia adelante con las manos en forma de jarra, como si te fueras a abalanzar sobre alguien. También es sintomático de enfado señalar con el dedo índice, remangarse enseñando los antebrazos o apretar los puños.

Sorpresa: poner una o las dos manos al lado de las mejillas.

Temor: un cruce de piernas o de tobillos es significativo, también cogernos las manos por delante del cuerpo y tragar saliva, claro.

Comportamiento natural Desconfía de los 'gestos' raros

Para esto se exige un conocimiento previo de la persona. Cuando así ocurre el especialista asegura que fijarnos en los gestos que no sean habituales serán indicios claves de mentira. Y lo ilustra con un par de ejemplos, de personas que participaron en estudios de detección de engaño que Anta ha realizado. «Había un chico que cuando contaba una historia verídica se ayudaba del movimiento de las manos. Sin embargo, cuando le tocó relatar una historia inventada sin darse cuenta dejaba quieta la mano derecha y con la izquierda se rascaba de forma constante y se tocaba la barbilla». Parecido le sucedía a otra de las participantes en el experimento: «Al contar sucesos verdaderos colocaba las manos sobre las rodillas y las movía constantemente, mientras que cuando estaba engañando las dejaba quietas, cruzadas sobre las rodillas».

Donde dije digo... La falsedad en las palabras

Una cosa es tratar de engañar con las palabras. Y otra es conseguirlo. Es más fácil que mentir con los ojos, pero también hay formas de detectar la falsedad a través del testimonio verbal. Por ejemplo con el uso del pronombre 'nosotros'. «Si no se usa cuando dos personas están muy unidas y si por el contrario se emplea para referirse a otra persona con la que no hay mucha relación deben saltar las alertas», advierte el experto en comunicación no verbal. Y es importantísimo lo que él llama el «engranaje textual», esto es, ubicar en el espacio y el tiempo el relato, precisando lugares exactos, horas... «El 75% de los relatos que no tienen un buen engranaje textual son falsos», calcula Anta. Y da otro dato: «En el 82% de las ocasiones que una persona en su historia reproduce conversaciones está diciendo la verdad, y el 68% de las veces que no lo hace estamos ante un relato engañoso». Emplear mucho tiempo en narrar un suceso de poca duración, dedicar mucho rato a detallar las circunstancias previas al suceso, hacer preguntas al entrevistador... son tambien indicios que pueden 'descubrir' a la persona que está tratando de mentir.

Si da muchas explicaciones... Los circunloquios, indicios de engaño

Además del propio relato, el experto en comunicación no verbal advierte de la importancia de fijarnos en cómo se cuentan las cosas: «Será significativo el tono de voz, la velocidad al hablar, si comete deslices, si hace una enardecida perorata para tratar de conectar cosas inconexas, si hace pausas... y si da muchas explicaciones». Demasiadas son síntoma de estar faltando a la verdad. Y Anta ilustra en el libro la explicación con un ejemplo. Remite al caso de una persona que está siendo interrogada acusada de haber cometido un robo y se explicaba así: «No cometí el atraco porque no necesitaba dinero, además ese día estaba con un amigo en su casa viendo la televisión y si hubiera necesitado dinero se lo hubiera pedido a mis padres que otras veces también me lo han dado...». El diagnóstico del experto: «Cuando alguien se explaya demasiado en sus argumentos y ante un suceso se dan diferentes tipos de argumentos para justificar lo mismo el discurso tiende a ser poco veraz».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos