«Espero que el 8-M el país se pare, que se colapse si hace falta»

Lara Alcázar. Abajo, durante una de sus acciones./FEMEN / AFP
Lara Alcázar. Abajo, durante una de sus acciones. / FEMEN / AFP

Lara Alcázar, líder de Femen en España: «El PP que diga misa sobre la huelga. ¿Cómo se atreve a dar lecciones un partido que está corrompido de los pies a la cabeza?»

A. VILLACORTAGIJÓN.

Lara Alcázar (El Entrego, 1992) está teniendo una semana de locura. La líder de Femen en España -especialista en protesta feminista directa, fotoperiodista cuando la dejan y radicada en Madrid- cree que estamos en un momento decisivo para las mujeres: «Hace cinco años, decir feminista era decir algo muy negativo y que suponía odiar a los hombres. Ahora, no suena tan mal, tan a gueto, tan oscuro. Pero eso se lo debemos única y exclusivamente a las feministas. Las que nos hemos dejado la piel haciendo esto, consiguiendo derechos, generación tras generación, hemos sido nosotras. Aunque de repente ocurre que los partidos dicen: 'Nosotros somos feministas'. O: 'Nosotros sacamos adelante tal ley'. Claro, porque primero las feministas se echaron a la calle. Porque, si no, vosotros, en vuestra comodidad, ni por asomo lo habríais hecho. Las que nos hemos comido detenciones y represión hemos sido siempre las mismas».

-¿Por qué una huelga el 8-M?

-Como estamos un poco hartas de lo de «muy guapo el Día de la Mujer», este año se ha planteado una huelga general feminista. Ese día no vamos a ir a cuidar, a hacer jornadas dobles de trabajo y hogar, no vamos a ir a trabajar, ni a estudiar, ni a consumir. Queremos demostrar que las mujeres somos una fuerza de trabajo y una potencia importantísima para los países, pero que, sin embargo, se nos trata de una manera desigual. Tenemos brecha salarial, sufrimos discriminación laboral, económica y sexual. Y, sobre todo, en el caso de España, sufrimos un feminicidio. Hay un pacto de Estado que es muy bonito, pero que sigue sin dotación de un solo euro por parte del Gobierno. La violencia de género se está tratando como una broma, no como una emergencia.

-¿Qué espera que ocurra?

-Espero que el país se pare, que se colapse si hace falta. Deseo que todas las mujeres sientan que tienen ese derecho porque se lo han ganado a pulso independientemente de su categoría laboral, del partido al que voten, de cualquier fe que puedan tener. Que se centren en que son mujeres y que su género es lo que les está haciendo ganar menos dinero, ser discriminadas, atacadas, violentadas. Que demuestren que su trabajo vale igual que el de los hombres. Porque ya está bien.

-El PP ha dicho que esta es una huelga machista y que creará un enfrentamiento entre mujeres y hombres.

-(Se indigna) El PP que diga misa. ¿Qué lecciones puede dar una partido que está corrompido de los pies a la cabeza? ¿Cómo se atreven? Y, en cuanto a las mujeres del PP, soy muy sorórica y voy a hacer como que no escuché nada. Espero que la cabeza les dé para pensar que incluso ellas podrían ser víctimas de la brecha salarial. Lo que pasa es que hay un componente de clase muy importante que no les deja abrir la mente. Es el partido más machista que hemos tenido en este país en mucho tiempo. Que no vengan a darnos lecciones.

-¿Usted ha sufrido esa brecha?

-Todas. Cuando vamos a entrevistas de trabajo, cuando estudian nuestros perfiles... Incluso en el tratamiento que nos dan los hombres con los que compartimos espacio laboral.

-Los micromachismos...

-No me gusta ese concepto, porque hay cosas pequeñas que se repiten a nivel cotidiano que te pueden machacar muchísimo más que otras cosas que a priori pueden parecer más grandes. El machismo es machismo siempre. Lo importante es identificarlo y contestarlo.

-¿Usted lo hace siempre?

-Siempre que no esté en una situación que pueda poner en riesgo mi integridad. Por ejemplo, yendo sola por una calle de noche. En ese caso, intento llegar a casa sana y salva y creo que esto no le suena a chino a ninguna mujer. ¿Pero que estoy en una terraza y viene un señor y me falta o me lanza un piropo o se sobrepasa conmigo? Lo pongo en el sitio sí o sí. Lo importante es dejarle claro que no tiene derecho a interpelarte de esa manera agresiva que invade tu intimidad, tu espacio y tu seguridad.

-¿Qué le parece el #MeToo?

-Un movimiento muy importante y muy necesario. Ha explotado algo entre mujeres que tienen una proyección pública muy fuerte y eso ha hecho que otras mujeres que son fontaneras, panaderas o cajeras hablen de cosas que les han pasado a ellas. Que piensen: «Pues igual esto que me pasó no es para hacerme sentir vergüenza a mí, sino al que me lo hizo». Que la vergüenza cambie de bando es de derecho y es de justicia social.

-¿Y el manifiesto que suscribió Catherine Deneuve?

-Corrió como la pólvora y desapareció. Fue anecdótico. Lo que no puede ser es que la voz de cuarenta señoras cuente más que la de millones.

-En Oviedo la polémica estuvo servida con la estatua Woody Allen. ¿Qué hacer?

-Arrancarla de cuajo.

-¿Y la presunción de inocencia?

-No debe haber presunción de inocencia en casos de violación. La sospecha es lícita siempre. Porque, en el caso de Woody Allen, no es solo una mujer la que lo acusa. Y, además, una de ellas es su hija, que ha estado mucho tiempo desgañitándose para que la escuchen. Esperemos que se haga justicia. Tener la figura de un violador en medio de una ciudad es de vergüenza. Puede ser un buen director, pero, por encima de una carrera, hay una persona. Y, cuando una persona atenta contra la vida de otras personas, la estatua debe ir fuera.

-Hay feministas que no están de acuerdo con sus acciones de protesta, generalmente en toples.

-Cuando se dicen cosas de este tipo, igual lo dicen dos y es como si lo hubiesen dicho doscientas. Para la sociedad del patriarcado es muy fácil dar pábulo a cosas que dividan a las mujeres. Claro que yo conozco feministas que dicen: «El mensaje me gusta, pero el medio me crea conflicto». Bueno, pues no lo hagas. Cada grupo tiene sus estrategias. El día que la nuestra deje de ser efectiva porque la sociedad ya haya asumido que el cuerpo de la mujer puede ser político y no tiene que ser sexualizado cada vez que aparece desnudo, entonces cambiaremos el 'modus operandi'.

-¿La líder de Femen en España tenía que ser de la Cuenca minera?

-(Ríe) Yo creo que tiene algo que ver. No podemos olvidar que Asturias dio la última revolución de este Estado, la del 34, así que debemos tener un gen revolucionario. Los asturianos somos protestones e inconformistas y eso es bueno. Cuando algo nos molesta, lo decimos. Pero me da un poco de pena mirar hacia Asturias y ver lo apagada que está. Me gustaría que el sitio donde nací y de donde es mi familia prosperase, que hubiese calidad de vida, trabajo pa todos y pa todes, que el patrimonio artístico y cultural se cuidara y se ensalzara. Que el asturiano se viese como una lengua y no como un dialecto, que no piensen que es algo de paletos. Hay un movimiento absurdo contra la oficialidad que no puedo comprender. Si seguimos perdiendo nuestras señas de identidad, no vamos a saber quienes somos ni vamos a prosperar. Tenemos comunidades alrededor que tiene su lengua oficializada: Galicia, Euskadi... ¿Por qué vamos a ser nosotros menos que los demás?

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