El Comercio

María Souto, Alejandro Perdigones, Borja Lois y Gloria María González, en Derecho, con las imágenes de los decanos detrás.
María Souto, Alejandro Perdigones, Borja Lois y Gloria María González, en Derecho, con las imágenes de los decanos detrás. / PABLO LORENZANA

Derechos a la abogacía

  • 71 alumnos del máster para ser letrado superan la prueba de acceso a la profesión. Es el cuarto mejor resultado de España

Borja Lois acaba de abrir su propio despacho de abogacía en Mieres. Alejandro Perdigones ya trabaja en el de Iván Suárez, en Gijón. Gloria María González se ha incorporado a la sección de Licencias y Actividades Urbanísticas del Ayuntamiento de Castrillón y María Souto está opositando a Gestión Procesal y Administrativa. Éstos son los primeros y decididos pasos de cuatro estudiantes del Máster en Abogacía que imparte la Universidad de Oviedo en colaboración con los colegios del ramo de Oviedo y Gijón. Pertenecen a la última promoción de este postrado, necesario por ley desde 2011 para ejercer la profesión, al igual que ya ocurre en el resto de países de la Unión Europea. Pero el máster (impulsado y coordinado por Leopoldo Tolivar hasta el mes de noviembre, cuando tomó el relevo Miriam Cueto) no es el único requisito para ser abogado. También es necesario superar una prueba de ámbito estatal. Ellos, primeros graduados en Derecho de la Universidad de Oviedo, han sido los primeros en enfrentarse a ella, pues antes los licenciados no precisaban de estos requisitos para ejercer. El examen tuvo lugar el 27 de febrero en distintas sedes del país. Tuvieron que responder a 75 preguntas: 50, de ámbito general, y otras 25 relacionadas con alguna de las cuatro jurisdicciones: Civil-Mercantil, Penal, Contencioso-Administrativo y Social-Laboral, que podían elegir ese mismo día.

Se presentaron 73 alumnos de la institución académica asturiana y superaron la prueba 71, lo que implica una tasa de éxito del 97,26%, el cuarto mejor resultado de España. Solo se han situado por delante de la Universidad de Oviedo la Universitat Pompeu Fabra, la de Santiago de Compostela y la Escuela de Práctica Jurídica de Cantabria. «El resultado dice mucho de nuestra universidad y de los colegios. Es un premio para todos ellos», coinciden, «porque son muchos los profesores y profesionales implicados en la puesta en marcha del máster y en que esta prueba, la primera obligatoria, saliera bien», algo que Gloria conoce de primera mano al haber sido representante del alumnado en la comisión académica. «En el plano personal, la posición nos hace pensar que estamos muy preparados. Y es innegable que nos sentimos muy orgullosos», apuntan los cuatro.

Detrás, hay un año y medio previo de formación. De clases teóricas, pero también de prácticas en despachos de abogados, y un trabajo fin de máster, que les ha ayudado a saber con precisión por qué ámbito sienten mayor predilección. Alejandro –que también ha cursado el Máster Universitario en Contabilidad y es graduado social ejerciente– lo tenía claro. Lo centró en el despido objetivo por causas de empresa, y Borja, en cuyo despacho de prácticas veía muchos casos de extranjería, decidió explorar el proceso abreviado en la vía contencioso-administrativa aplicado a esta materia. También ofrecía la oportunidad de investigar. Gloria analizó el concepto de víctima en el ámbito contencioso-administrativo, «que no está expresamente reconocido».

«Sí hace falta un filtro»

De estos 18 meses, María y sus compañeros valoran especialmente haber tenido la oportunidad de aprender de «letrados, fiscales, jueces, registradores, secretarios judiciales, notarios...», que suponen el 60% del personal involucrado en la formación académica (el 40% restante son profesores universitarios) y les han acercado al mundo laboral que ahora inician. «En la carrera, por ejemplo, no te explican cómo preparar la prueba para el juicio, cómo preguntar a los testigos, a los peritos, cómo referirse al juez...», apunta Alejandro, mientras que Borja destaca «las oportunidades que da el máster de poder hacer prácticas en despachos de abogados». Su balance es más que positivo y están de acuerdo en que «hace falta un filtro para acceder a la abogacía». Aun así, advierten que aún hay cuestiones que mejorar por todas las partes. Creen que «sería bueno hacer simulacros de juicios» y piden al ministerio que adelante antes la fecha de publicación del temario, ya que lo hizo en diciembre cuando el examen era en febrero, y agilice los tiempos para la colegiación, pues no pudieron empezar a ejercer hasta junio.

El haber trabajado en despachos de abogados hace que «la empleabilidad sea alta, pues te abre puertas». No obstante, reconocen que el suyo es «un mundo muy competitivo, bastante cerrado y que se mueve en unos pocos círculos, y si te vas a las grandes ciudades, las condiciones son muy complicadas». Pero, pese a las dificultades, concluye María, han aprendido a ver a los demás como «compañeros de carrera. Es algo en lo que nos han insistido mucho en el máster: que, aunque defendamos intereses contrapuestos, somos compañeros y podemos hablar entre nosotros».