«España es adicta a lo público»

Michael Lee Wolfe, en Oviedo. / PABLO LORENZANA
Michael Lee Wolfe, en Oviedo. / PABLO LORENZANA

Michael Lee Wolfe (músico): «Mis hijos han salido muy responsables porque piensan que soy un crápula»

AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

«Nací en 1962, en Pittsburgh, Pensilvania, dos meses antes de la crisis de los misiles de Cuba. Así que casi se acaba todo antes de que me quitasen la teta de la boca». Quien se presenta con una graciosa mezcla de acento yanki y asturiano es Michael Lee Wolfe, que aterrizó en Asturias con su guitarra a punto de cumplir los 22 tras licenciarse en Ciencias Políticas y Literatura Inglesa en la Universidad de Michigan y aquí se quedó por el amor a una mujer y al folk asturiano, que ha fusionado con las raíces musicales de su América natal. Treinta años después, suyas son composiciones de grupos como Asturiana Mining Company, Ástura, Xaréu o Ubiña y suyo sigue siendo el amor de Raquel Mónica y sus dos hijos.

-¿Cómo fue la llegada a España?

-Empecé buscándome la vida tocando en el parque del Retiro. Después fui a visitar un amigo que estaba en León y que conocí a unos asturianos que me invitaron a pasar el fin de año aquí. Llegué el Día de los Inocentes. No tenía ni idea de español y hay quien dice que no aprendí nada desde entonces (Ríe).

-¿Quién lo recibió en Oviedo?

-La misma gente que me invitó. Iban vestidos de payasos porque estaban haciendo teatro en la calle. Y lo que tardé en llegar caminando desde la estación Renfe hasta La Jirafa, donde tenían montado el chiringuito, fue lo que tardé en enamorarme de mi mujer. En cuanto la vi, se me encendieron todas las alarmas. Uf.

-Treinta años después, siguen juntos. ¿Algún secreto confesable?

-Bueno, esta mañana nos despertamos juntos. Por la tarde nunca se sabe (Risas). No, en serio: el secreto de estar juntos es querer estar juntos. La vida siempre es complicada, pero los conceptos no. Si quieres estar con alguien, todos los malos momentos solo son momentos.

-¿Sus hijos han seguido sus pasos?

-Más o menos. El guaje, que es el pequeño, hace algún bolo. Está en cuarto de Medicina y lo aprueba todo. El tío es un crack. Entró en 'La Voz', pero ya tenía billetes para ir a Estados Unidos a ver los abuelos, así que no pudo ser. Y la mayor tiene un máster en desarrollo y sostenibilidad y ya trabajó por todo el planeta. Habla idiomas y tiene mucha marcha. Ella baila. Como su padre es guitarrista, un desastre y un bala perdida, los chicos debieron pensar: «Nosotros tenemos que espabilar» (Risas). Piensan que soy un crápula, cosa que no es verdad.

-¿Cómo ve a Estados Unidos?

-Como lo ve todo el mundo. Esperemos que la comedia no se convierta en tragedia. Trump es un tío que no pinta nada en ese puesto.

-¿Y a Asturias?

-Asturias define lo que es España. Y lo que veo es que nunca se trata de hacer el país más competitivo para los jóvenes. Es adicta a lo público. Cuando oigo a los políticos hablar, me parece que están tirando del pastel hacia ellos, en vez de pensar en cómo hacer más pastel. Nadie habla de que no nacen niños y de que, cuando crecen, no se quieren quedar aquí porque, aunque la educación es buena, no se convierte en avances económicos. Tenemos la vista corta, no larga. Lo que le da vida a EE UU es que es muy competitivo. Cuando estás en la universidad, viene gente continuamente a hacer entrevistas a los estudiantes como si fuesen ojeadores de la NBA.

-¿Qué hace un judío en Semana Santa?

-Soy judío 'reformao', que es como una excusa hasta para ser ateo (Ríe).

-Tienen fama de tener buen ojo para los negocios.

-Sí, pero es un tópico. Yo conozco a muchos, empezando por el que tienes delante, que no mueven mucha pasta (Ríe).

-Dicen que la crisis se ha cebado con los músicos.

-Yo lo veo de otra manera. Creo que la crisis ha sido buena para la calidad de la música en España.

-Explíquese.

-Porque antes, cualquiera que fuese un músico mediocre y tuviese un primo en el ayuntamiento, sacaba un contrato de 200.000 pesetas porque había muchas entidades con un presupuesto que tenían que gastar. Y, cuando eso desapareció, los que quedaron fueron los profesionales, los mejores. Ahora ya no ves cosas flojas porque no hay dinero para todos. Es una cuestión darwiniana.

-¿Qué pasa con los conciertos en los bares?

-Que, si legalizas los bolos en los bares, ¿qué pasa con la SGAE, qué pasa con el dinero, es legal o no? Porque, en realidad, los conciertos en los bares son casi siempre ilegales o extralegales si queremos ser generosos. Hay alguno que tiene licencia, pero, aún así, en Asturias no dan factura casi en ningún sitio. Es un tema harto complejo y los políticos tienen otras cosas mejores que hacer que arreglar la vida de los músicos, aunque les gustaría decir: «Vale, toca». En otros países como en Francia hay mil regímenes especiales para artistas. Si los bares estuviesen profesionalizados, podrían atraer a más gente y cobrar en la puerta. Porque en todos ellos el presupuesto es más o menos el mismo y que salgan más de 300 euros de la caja es difícil.

-¿Cuántas guitarras tiene?

-Más o menos veinte.

-¿Y les pone nombre?

-Guitarra uno, guitarra dos (Ríe)...

-Se ha metido hasta con la tonada junto a Anabel Santiago.

-Es que es un sonido que, bien preparado, es internacional.

-¿Oficialidad sí o no?

-Políticamente, es interesante. Viendo a los gallegos y a los catalanes... Lo que pasa es que no sé por qué pero Asturias siempre ha sufrido una crisis de identidad.

-¿Cerveza o sidra?

-Jueves cerveza, viernes sidra y el sábado lo dejamos para la improvisación (Risas).

-¿Practica eso de sexo, drogas y rock and roll?

-Con los años que tengo, cada semana un amigo pasa por quirófano. Que si el corazón, que si tumores, el azúcar, el colesterol... Paul Simon tiene una canción que dice: «¿Cuántas noches crees que puedes hacer esto? ¿A quién estás engañando?». En el fondo, soy un pureta (Ríe).

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