«Los españoles somos muy criticones, pero no sabemos aceptar las críticas»

Mariano Rivas, en la Escuela Superior de Canto de Madrid. / IÑAKI MARTÍNEZ
Mariano Rivas, en la Escuela Superior de Canto de Madrid. / IÑAKI MARTÍNEZ

El director de orquesta gijonés Mariano Rivas, vuelve a Asturias en mayo para ponerle banda sonora a 'The Circus', de Chaplin

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

España no desafina, pero no suena todo lo bien que debería. Mariano Rivas (Gijón, 1971), director de orquesta curtido en media Europa, en la ópera y la zarzuela, y ahora entregado a la docencia en la Escuela de Canto de Madrid y a la dirección en la Orquesta Sinfónica de España, estará pronto en Gijón uniendo a melómanos y cinéfilos al ritmo de los fotogramas de Chaplin.

-¿A qué le suena la España de hoy?

-Desde un punto de vista cultural y político, un poco decepcionante, corrupta. Por cierto, me pilla preparando un trabajo fin de máster, de creación e investigación musical, para la Universidad Rey Juan Carlos. En mayo entregaré mis cuatro copias a la Universidad. Si quiere le paso las notas y mi certificación académica...

-¿España desafina o qué?

-No, está bastante afinada. Pero lo estaría más si lográramos trabajar más en equipo y hubiese menos envidias y puñaladas por la espalda. Hay muy buen nivel musical, afinamos, pero seguimos teniendo ese complejo de que los buenos son los de fuera. Los americanos y alemanes trabajan más en equipo y así les va, se lo digo yo estuve viviendo en Kiel, a treinta kilómetros de donde está Puigdemont.

-Pues ya que lo cita: ¿Cataluña?

-Hay muchos intereses políticos; se debería solucionar de otra manera.

-¿Cuál?

-No sé. La sensación que tenemos es que así no vamos a ningún sitio.

-¿Con qué música se arregla esto?

-Podría estar bien algo de Falla, Albéniz o Granados.

-¿Y cómo hacemos para que a todo el mundo le suenen Falla y Albéniz?

-Deberíamos introducir la música en las enseñanzas básicas. No somos como Italia o Alemania, que la han vivido en su cultura y en su historia de manera más doméstica. Tenemos demasiados conservatorios y a veces auditorios vacíos. Hacen falta conciertos pedagógicos, ensayos generales abiertos al público, y hay que hacer música y ópera para niños sin perjudicar la esencia. Conocemos más música clásica de la que pensamos, estamos rodeados de ella, nos suena pero no sabemos de dónde viene.

-¿Y de dónde viene la magia de un buen concierto?

-De la experiencia, de años de estudio, del trabajo, de las partituras, de la emoción y la energía.

-¿Para disfrutar hay que saber?

-A veces el conocimiento excesivo de algo te impide disfrutar la obra; a veces una persona que no entiende y va por primera vez es capaz de abstraerse y gozar de esas emociones. También es verdad que el conocimiento ayuda a la comprensión. Nosotros tenemos que trabajar para todos. Pero el público más exigente es la propia orquesta, el coro y los cantantes.

-¿Viena impone más que Madrid?

-Es otro tipo de público, muy entendido, pero el de Madrid, Oviedo, Bilbao, Barcelona también lo es. No tengo el placer de haber dirigido en la Ópera de Viena, pero sí en la Sala Dorada y eso sí que imponía. Ahora que lo pienso... Fue en 1997, con 26 años. No era consciente. Lo disfrutaría más ahora, estaría más tranquilo.

-¿Se sigue poniendo nervioso?

-Claro, pero hasta que saludo al público. En el momento en el que me giro, me pongo delante de la orquesta y bajo la batuta, va todo sobre ruedas. Hasta entonces se mastica la tensión, está ese ruido de fondo, que se oye desde la parte interna.

-¿Muchas toses?

-En España muchísimas.

-¿Tosen menos los austriacos?

-Tosen diferente.

-¿Ha querido soltar la batuta y asesinar a alguien?

-En Alemania, antes de iniciar el tercer acto de 'La Traviata', había mucha tos, era como noviembre o diciembre, tiempo de gripes y catarros, tosían, tosían y esperé y esperé porque no podía empezar, pero al final conseguí ese silencio mágico y la tensión emocional. Yo vi a Daniel Barenboim, en la Ópera de Berlín, girarse hacia una persona y mirarla de manera solemne. Es que si suena un móvil te destroza la atmósfera.

-Ahora hasta una serie, 'Mozart in the Jungle', va de orquestas.

-No tengo tele; no lo sabía. Sí lamento que ahora no hay nada de cultura en televisión, hay pocos conciertos.

-El cine y la música le dan muchas alegrías. En mayo vuelve al Jovellanos con Chaplin.

-Vamos a hacer una película muda con la Orquesta Filarmónica de España, 'The Circus'. Queremos unir de nuevo a melómanos y cinéfilos.

-Se ha pasado la vida de aquí allá.

-Sí, ahora estoy un poco más centrado en Madrid, soy profesor en la Escuela Superior de Canto y director de la Orquesta Filarmónica. Pero en verano me voy a Turquía para dirigir una ópera y tengo otro festival.

-¿Pero cómo se lleva eso de viajar con la música a todas partes?

-La verdad es que lo llevo con un desarraigo importante. Desde que dejé Asturias por los noventa, estudié, viví y trabajé en Viena, Alemania, Francia, Italia, también en Madrid y Barcelona. Sí que echo de menos Asturias, y cuando vuelvo a casa aprovecho para hacer cosas musicales, me siento comprometido con mi ciudad. La ventaja de vivir fuera es que he aprendido los cinco idiomas que hablo.

-¿Qué más aporta la vida fuera?

-Te mantiene en una mentalidad muy ecléctica y abierta, te vuelves tolerante. No solo hay lentejas, hay sushi y pasta, tienes maneras de vivir y de afrontar retos desde diferentes posiciones.

-¿El divismo y los egos siguen vigentes en la ópera o son un mito?

-Sigue habiendo muchos egos. Por otra parte, si no existiesen sería difícil salir al escenario. Hay que combinarlos con ser humilde. Trabajar con cantantes no es fácil. Y luego un problema general de los españoles es que somos muy criticones, pero no sabemos aceptar las críticas. Tenemos sangre caliente para interpretar, pero nos ofendemos en seguida. En la música y en la vida, somos mal tomados.

-¿Apreciamos la zarzuela?

-Los españoles sí sabemos en parte lo que tenemos. En Alemania les encanta, pero no lo conocen tanto, porque no sabemos exportar lo nuestro. Somos muy malos vendedores. Tenemos que exportar el queso, el vino, la zarzuela, la siesta, los naipes, las cañas, todo eso que tenemos de humano y de social. Pero no sabemos trabajar en equipo.

-¿Asturias cómo le suena?

-Podría sonar un poco mejor. Hay que ser optimista. Tenemos teatros, orquestas, conservatorios, nivel. Tenemos que apoyar todo eso. Me haría ilusión que este año de aniversarios en Covadonga se pudiera reestrenar la ópera 'Pelagio'.

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